Cuando la pizza se enfría, la grasa del queso se solidifica, la humedad migra hacia la masa y el almidón del pan retrograda: el resultado es una base gomosa y un queso apelmazado. Es decir, un auténtico drama culinario.
Si además se recalienta mal —sobre todo en microondas sin ningún truco, como es lo habitual— la masa se vuelve chicle y los bordes pierden el crujiente.
A esto se suma un factor de seguridad alimentaria: la pizza entra en la llamada "zona de peligro" entre 5 ºC y 60 ºC, donde las bacterias se multiplican con facilidad.
Dejarla toda la noche a temperatura ambiente no solo estropea la textura; también aumenta el riesgo de gastroenteritis, motivo por el que varios expertos recomiendan no tenerla más de dos horas fuera antes de llevarla a la nevera.
Cómo conservarla para recalentarla mejor
La calidad del recalentado empieza cuando decides cómo guardar el último trozo. Idealmente, la pizza no debería permanecer más de dos horas a temperatura ambiente antes de pasar al frigorífico, como comentábamos.
Lo mejor es guardarla en recipientes herméticos o envuelta en papel de hornear y luego film, en porciones individuales, para que se enfríe rápido y de forma homogénea.
Una pizza en un tupper.
Evitar apilar trozos muy calientes en cajas cerradas, porque se condensan vapores que reblandecen la masa y favorecen el crecimiento microbiano.
Consumirla en un plazo de uno a cuatro días, dependiendo del relleno y del nivel de riesgo (ingredientes cárnicos, marisco, etc.).
Si no vas a comer la pizza en los próximos días, puedes congelarla en porciones, idealmente el mismo día o dentro de las 24 horas desde su elaboración; la congelación no mata las bacterias, pero detiene su crecimiento.
El truco de una chef italiana para recalentar la pizza
No todos los métodos son iguales. Muchas veces la gente prioriza la rapidez en detrimento de la calidad y opta por el microondas, pero lo mejor es evitarlo si queremos que la pizza recupere de verdad su textura inicial.
Roberta Cipri, chef italiana que se ha hecho famosa en redes por compartir recetas de su país, tiene un truco "superfácil" e infalible.
Consiste en recalentar la pizza en la sartén para que quede "crujiente por abajo, caliente y suave por arriba y como recién hecha", según asegura. "Sólo necesitas una sartén, una tapa y unas gotas de agua; el calor por debajo junto al vapor por arriba hacen magia", insiste.
Pero, ¿cómo se hace exactamente? Muy simple: pon una sartén a fuego medio y cuando esté bien caliente, coloca encima la porción de pizza.
Déjala así durante 1 minuto y entonces tapa la sartén y agrega una cucharada de agua en un lado de la pizza, cerca del borde de la sartén, para que el vapor del agua derrita el queso. Deja que se cocine con la tapa durante 5 minutos, ¡y listo!
Receta de pizza cuatro quesos
Seguro que tanto hablar de pizza te ha abierto el apetito, así que dejamos por aquí una receta de Roberta para hacer una cuatro quesos. Ella utiliza una masa casera, pero si no eres tan experto o experta como ella, puedes optar por comprar una ya hecha. Todos los detalles, a continuación.
Ingredientes
- Masa fresca de pizza fina, 1
- Salsa de tomate, al gusto
- Mozzarella, al gusto
- Gorgonzola, al gusto
- Stracciatella, al gusto
- Parmigiano Reggiano rallado, al gusto
Paso 1
Extiende el tomate, la mozzarella y la gorgonzola encima de la masa y métela en el horno unos 5 minutos o hasta que el queso esté derretido y la masa esté crujiente.
Paso 2
Pasado ese tiempo, sácala del horno y termínala añadiendo por encima la straciatella con ayuda de una cuchara y espolvoreando el Parmigiano Reggiano rallado. Y listo.
Y si quieres maridar tu pizza con alguna bebida, prueba con líquidos con buena acidez y frescura para cortar la grasa y limpiar el paladar, como un Chardonnay joven o un Godello o Garnacha Blanca, un rosado seco y fresco, o un tinto joven, afrutado y de tanino suave, como un Pinot Noir ligero.
