El precio de los grandes restaurantes lleva años en el punto de mira. Cada nueva subida reabre el debate sobre hasta dónde puede llegar la alta cocina y quién puede permitírsela. En este contexto, la última decisión de Dabiz Muñoz ha vuelto a encender la conversación.
El chef madrileño ha situado el precio máximo de su experiencia en DiverXO en 900 euros por comensal. Una cifra que duplica el coste anterior y que lo coloca entre los restaurantes más caros del mundo. La justificación, según él mismo, está en la naturaleza de lo que ofrece.
"No es solo una cena", ha explicado en varias ocasiones. "Es un viaje del paladar". Un recorrido sensorial que mezcla culturas, técnicas y sabores, con especial protagonismo de Asia y, en esta nueva etapa, de Tailandia.
La subida coincide con la presentación de su nuevo menú líquido, Metamorfosis, en Madrid Fusión 2026. Una propuesta que se suma al menú sólido tradicional y que eleva la experiencia a otro nivel, tanto creativo como económico.
Desde fuera, muchos ven solo una cifra. Desde dentro, el chef defiende un proyecto que lleva años construyéndose y que, según asegura, responde a una investigación constante y a un trabajo casi obsesivo.
De menú accesible a experiencia de lujo
El recorrido de Dabiz Muñoz ayuda a entender el contexto de esta subida. Cuando fue reconocido como cocinero revelación en 2007, su menú costaba apenas 45 euros. Era un joven chef con ambición, talento y pocas ataduras.
Con la llegada de la primera estrella Michelin, el precio subió a 75 euros. La segunda lo llevó hasta los 90. Y la tercera consolidó un salto definitivo hacia la alta gastronomía de élite, con menús que superaban los 150 euros.
Antes de la pandemia, DiverXO ya rondaba los 250 euros por persona. Tras la crisis sanitaria, el precio escaló hasta los 365 y, más tarde, hasta los 450 euros. Una evolución progresiva que ahora culmina en los 900.
Lejos de ser un salto repentino, se trata de un proceso de casi dos décadas. Un crecimiento paralelo al reconocimiento internacional del chef y a la complejidad de sus propuestas.
Muñoz nunca ha ocultado su objetivo. Quiere situar a DiverXO entre los mejores restaurantes del mundo, sin concesiones. Eso implica asumir costes elevados, riesgos creativos y una presión constante.
En este modelo, el precio no es solo un reflejo del producto. También lo es del tiempo, del equipo, de la investigación y del nivel de exigencia que se impone a sí mismo.
El menú Metamorfosis y la "cocina líquida"
El gran detonante de esta nueva etapa es el menú Metamorfosis. Una propuesta que no funciona como un simple maridaje, sino como una "cocina líquida" con identidad propia.
Muñoz lo define como una colección de "bebidas masticables". Elaboraciones sin alcohol ni azúcar, pensadas para dialogar con los platos sólidos y aportar nuevas capas de sabor.
Entre sus creaciones hay fermentados, caldos concentrados, emulsiones, kombuchas y destilados sin alcohol. Líquidos que se trabajan como si fueran platos, con la misma complejidad técnica.
Algunas de las propuestas más llamativas incluyen un "vino" elaborado a partir de proteínas animales, un champán de mantequilla o una kombucha con setas, especias y chiles.
Todo ello se sirve en una secuencia pensada al milímetro. Cada bebida tiene un papel narrativo dentro del menú. No acompaña. Forma parte de la historia.
Este enfoque ha requerido más de cuatro años de investigación. Viajes, pruebas, errores y ajustes constantes. Un trabajo que, según el chef, justifica parte del incremento del precio.
El menú completo incluye ahora dos experiencias paralelas: la sólida y la líquida. Juntas conforman una propuesta única en el panorama gastronómico español.
Quien no quiera la experiencia completa puede optar por versiones intermedias, con precios en torno a los 700 euros. Aun así, la cifra sigue siendo muy elevada para la mayoría.
¿Alta cocina o producto de lujo?
La subida a 900 euros ha generado reacciones encontradas. Para algunos, es una evolución lógica en un restaurante con tres estrellas Michelin y reconocimiento global. Para otros, supone cruzar una línea.
Las redes sociales no han tardado en comparar el precio con viajes, vacaciones o experiencias internacionales. "Por ese dinero puedes ir a Tailandia", repetían muchos usuarios.
Muñoz no rehúye ese paralelismo. Al contrario. Lo utiliza como argumento. "Aquí te llevamos sin coger un avión", ha llegado a decir. Un viaje sensorial sin moverte de la mesa.
El debate no es nuevo. La alta cocina lleva años acercándose al concepto de lujo. Reservas limitadas, listas de espera, experiencias personalizadas y precios elevados forman parte del modelo.
En este contexto, DiverXO compite con restaurantes de Japón, Dinamarca o Estados Unidos, donde los menús superan con facilidad los 500 o 600 euros.
La diferencia es que en España estas cifras siguen generando mayor impacto mediático. Existe una tradición gastronómica más ligada al bar, al menú del día y a la accesibilidad.
Por eso, cada subida reabre la discusión sobre elitismo, sostenibilidad y desconexión con el público general.
Muñoz insiste en que no busca excluir a nadie. Simplemente desarrolla un proyecto extremo, pensado para un perfil concreto de cliente.
"No es para todos", reconoce. "Ni pretende serlo".
Una apuesta personal y un riesgo calculado
Más allá del debate social, el nuevo precio refleja también una apuesta personal. Dabiz Muñoz ha construido su carrera desde la autoexigencia máxima. Jornadas maratonianas, obsesión por el detalle y una presión constante.
Él mismo ha contado que trabaja más de diez horas al día de forma habitual. Supervisa cada servicio, cada plato y cada cambio en el menú. No delega la creatividad.
DiverXO no funciona como una franquicia ni como un restaurante replicable. Es un laboratorio permanente. Cada temporada se reinventa. Cada año incorpora nuevos conceptos.
Ese modelo implica costes elevados. Investigación, formación, salarios especializados, ingredientes premium y tecnología culinaria avanzada.
También implica un riesgo empresarial importante. Un error creativo o una mala temporada pueden tener consecuencias económicas serias.
La subida a 900 euros busca, en parte, blindar el proyecto. Garantizar estabilidad financiera y margen para seguir innovando sin depender de volúmenes altos de clientes.
En paralelo, Muñoz mantiene otros formatos más accesibles, como StreetXO, donde los precios son mucho más moderados. Dos mundos distintos bajo una misma marca.
De este modo, combina el escaparate creativo extremo con propuestas populares que conectan con un público más amplio.
Para el chef, ambos modelos son compatibles. Uno alimenta al otro.
En el fondo, la decisión refleja una forma muy concreta de entender la gastronomía: como arte, como espectáculo y como experiencia total.
No se trata solo de comer. Se trata de vivir algo irrepetible.
¿Vale realmente 900 euros?
La pregunta sigue abierta. No tiene una respuesta universal. Depende del perfil del comensal, de sus expectativas y de su relación con la cocina.
Para algunos, será una experiencia única en la vida. Para otros, un exceso injustificable.
Lo que sí está claro es que Dabiz Muñoz ha vuelto a marcar agenda. Ha colocado a DiverXO en el centro del debate gastronómico y ha reforzado su imagen como chef radical y sin concesiones.
Su "viaje del paladar a Tailandia" es, en realidad, una metáfora de su carrera. Un trayecto constante hacia territorios nuevos, aunque el billete sea cada vez más caro.
Y mientras exista público dispuesto a pagarlo, seguirá explorando.
