Ana (nombre ficticio) es profesora en un instituto de Madrid y recibió el pasado lunes por la mañana la vacuna frente a la Covid-19. Con 43 años y ninguna patología de base, a Ana le tocó la de AstraZeneca y está muy contenta de haberla recibido. 

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Por eso, le cuesta contar públicamente a EL ESPAÑOL -y prefiere que no se sepa su nombre- que la primera dosis del fármaco le causó una reacción adversa que no esperaba y que le hizo faltar al trabajo al día siguiente de vacunarse, jornada en la que se quedó en casa, con malestar, fiebre de 38 Cº y dolor muscular, algo parecido a las gripes que se padecían antes de la pandemia. 

Todo quedó olvidado dos días después del pinchazo. Ana volvió a sus clases, con una ligera molestia en el lugar del pinchazo y una gran alegría de saberse parcialmente inmunizada de una enfermedad que ha matado oficialmente a 70.000 personas en España. 

El caso de Ana no es único. Son muchos los testimonios que se pueden ver en Twitter y otras redes sociales sobre los efectos adversos de la vacuna y, curiosamente, de la que más se habla es de la AstraZeneca, la vacuna de los profes, los policías y la gente joven. 

Pero, ¿quiere esto decir que esta vacuna produce más efectos adversos que las otras dos aprobadas en España? Todo apunta a que la respuesta es no

En esta ocasión, los datos oficiales no ayudan. A pesar de que la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) publica regularmente informes de fármacovigilancia sobre las vacunas frente a la Covid-19, el último data del 9 de febrero y no incluye todavía datos sobre la vacuna de AstraZeneca, para lo que habrá que esperar al tercero. 

El vicepresidente de la Asociación Española de Vacunología, Fernando Moraga-Llop, cree que hay tres factores detrás de este runrún que asocia la vacuna de la compañía anglosueca con peores efectos secundarios. 

Pero, antes, una aclaración: "En términos generales, tiene los mismos efectos secundarios que las otras dos vacunas ya aprobadas, y son muy parecidos a los que producen vacunas ya empleadas como la de la gripe". Y pasa a describirlos: de forma habitual, molestias locales en el punto de inyección, con una ligera inflamación en esa zona del brazo y, cada vez con menos frecuencia, dolor de cabeza, dolores musculares, sensación de fiebre o fiebre, dolor articular y naúseas. 

Lo primero que contribuye, según Moraga-Llop, a que se hable más de esto asociado a la vacuna de AstraZeneca es que ésta se administra a gente más joven, en concreto a personas menores de 55 años. "Las vacunas son más reactógenas en la edad pediátrica y en los adultos jóvenes que en los mayores", comenta. 

La razón es que en personas de más de 65 años se produce un fenómeno conocido como inmunosenescencia, un envejecimiento del sistema inmunitario que les hace reaccionar menos a organismos ajenos que es, al fin y al cabo, lo que es una vacuna. 

El segundo factor, que Moraga-Llop es cuidadoso a la hora de cuantificar -insiste en que no puede hacerse- es que "puede" que se esté vacunando a personas que ya hayan pasado la Covid-19 de forma asintomática o leve. "Se sabe que en estos perfiles se dan más efectos secundarios, es una de las razones por las que se recomienda esperar seis meses a vacunarse a quienes ya hayan enfermado". 

Pero claro, hay gente asintomática que puede no haberse dado cuenta de que se infectó o incluso que no se hayan enterado de la medida establecida por Sanidad que, al fin y al cabo, es sólo una recomendación. 

El tercer factor es eso que cuesta reconocer pero que es indudable: la vacuna de AstraZeneca tiene peor reputación que las otras dos ya aprobadas en España. "Es una pena, pero ha entrado con mal pie", comenta Moraga-Llop, que cree que el Ministerio de Sanidad "no ha dado un mensaje claro", sobre todo en lo que se refiere a la autorización de la vacuna sólo a personas menores de 56 años. 

"En la ficha técnica de la vacuna no hay ninguna limitación y ni la Unión Europea, ni la OMS ni Reino Unido la han puesto. Además, en España se ha bajado del límite de 65 años fijado en otros países a 55, lo que implica también problemas logísticos, como no vacunar a los profesores que más en riesgo están, los que superan esa edad y todavía no están jubilados". 

"Este mensaje de la edad se ha interpretado como un problema de seguridad", explica Moraga-Llop, que apunta además que ya hay un preprint -un estudio todavía no revisado por pares- que demuestra que la vacuna tiene una alta efectividad en personas mayores de 70 años

Tampoco ha ayudado a la percepción que se tiene sobre los efectos secundarios de la vacuna el aviso de Sanidad de que se puede tomar un paracetamol antes de la inmunización, algo que se ha interpretado como una recomendación. 

El vicepresidente de la Asociación Española de Vacunología cree que esto se debe a que justo en esa vacuna -y no en el resto- se ha comprobado que tomar este medicamento no da problemas. Se hizo en un estudio publicado en The Lancet mucho antes de su aprobación. Quizás si en las otras dos se hubiera analizado este parámetro, la recomendación sería extensible, pero no es algo que se pueda saber sin ensayos de por medio. 

En definitiva, la vacuna de los jóvenes es segura, provoca los mismos efectos adversos que el resto y, sobre todo, protege frente a la Covid-19. El resto debería ser ruido

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