Con la llegada de las primeras vacunas, ha llegado también la esperanza de superar la terrible pandemia que nos está afectando. No obstante, todavía existen muchas dudas sobre qué ocurrirá en el futuro. Por ejemplo, en el caso de las personas que han sufrido y sobrevivido a la Covid-19. Es cierto que quienes se han recuperado vuelven a disfrutar de una salud normal, pero algunos pueden tener síntomas o secuelas bastante tiempo después.

Este fenómeno se conoce como el síndrome de la Covid-19 persistente y puede afectar, incluso, a personas que no han sido hospitalizadas o que la han sufrido de forma leve. Sin embargo, todavía es pronto para conocerlo bien ya que los estudios publicados hasta ahora solo han podido observar la evolución del estado de salud durante unos pocos meses.

Uno de estos estudios fue publicado en Jama por los médicos del Policlínico Agostino Gemelli (Roma) Angelo Carfì, Roberto Bernabei y Francesco Landi. Este se centra en el seguimiento de una serie de pacientes que fueron hospitalizados. "Los 143 pacientes (edad media 56 años) habían sido dados de alta del hospital tras una estancia media de 13,5 días (durante los cuales el 5% de ellos había estado intubado). Dos meses después del inicio de los síntomas, solo el 12,6% ya no presentaba ningún síntoma. El 32% tenía uno o dos síntomas y el 55% tenía más de tres síntomas", señala el estudio. Unos resultados acordes al hallado por otro estudio del Departamento de Medicina Radcliffe de la Universidad de Oxford. La fatiga fue la más común de las secuelas halladas. Sin embargo, existen otras probables secuelas menos frecuentes, como las que exponemos a continuación.

Disnea y fibrosis pulmonar

La disnea es un término médico que se refiere a la dificultad para respirar, lo que suele provocar una sensación realmente incómoda. Al parecer, existen varias explicaciones para que esta quede como secuela de la Covid-19. Una de ellas es que la enfermedad los haya dañado durante la fase aguda y el organismo haya sido incapaz de reparar el daño, quizás por un resurgimiento del virus o el efecto de alguna otra enfermedad que el paciente no sabe que tiene y que dificulta la reparación.

En esta línea, algunas autopsias encontraron daños en la arquitectura de los pulmones, con tejido sano reemplazado por tejido cicatricial. Este proceso de sustitución puede generar fibrosis pulmonar. El problema de la fibrosis es que tiende a reemplazar la sustancia que hace que el pulmón sea esponjoso y elástico, la elastina, que es el componente principal de la matriz pulmonar. Esto puede implicar una pérdida de la elasticidad necesaria para que el pulmón pueda realizar correctamente su función respiratoria y su capacidad para oxigenar la sangre

Otra posible explicación es que el virus podría estar dañando los pulmones, aun después de haber pasado la enfermedad. En esta línea, un estudio publicado EBioMedicine confirma que un grupo de investigadores de la Universidad de Trieste y el ICGEB (Centro Internacional de Ingeniería Genética y Biotecnología) de Trieste, que realizaron autopsias a 41 personas, encontraron signos de persistencia del virus varios meses después.

Articulaciones inflamadas

Otra posible secuela es un persistente dolor articular. Al respecto, existen algunas hipótesis para explicarlo, pero no hay todavía ninguna certeza. "El dolor en las articulaciones es de naturaleza inflamatoria: puede ser que el virus se haya ido a esconder dentro, y luego se apague y se reactive. O puede ser que en las articulaciones haya un proceso de reparación del daño causado por el virus: incluso estos procesos, de hecho, pueden liberar sustancias inflamatorias. Por tanto, el síntoma puede ser una larga cola de reparación del tejido", explica Carfi.

Sequedad al despertar

Existen casos en los que los pacientes post-Covid-19 han padecido el conocido como síndrome seco o síndrome de Sjögren, una enfermedad inflamatoria autoinmune que daña progresivamente las glándulas lagrimales y salivales. El síntoma es que al despertar se siente una sequedad excesiva de boca y ojos. La explicación es que el sistema inmunológico ataca al cuerpo porque confunde las células normales del cuerpo con amenazas extrañas como bacterias y virus.

Cuando se produce un daño extenso en el cuerpo, como en el caso de Covid-19, se liberan proteínas particulares en la sangre y las células del sistema inmunológico confunden estas proteínas con invasores, lo que desencadena esta desagradable reacción inmunológica.

Daños cerebrales

En algunos casos, el virus también ha llegado al cerebro. De hecho, se ha constatado la existencia de cambios en el tálamo y en las fibras que conectan el tálamo con la corteza cerebral. Aunque todavía no se ha podido establecer de forma inequívoca la relación, es probable que esto explique la sensación de "neblina mental" reportada por muchos pacientes meses después de haber dejado el hospital.

La depresión puede aparecer como consecuencia del aislamiento y el temor del enfermo. Pixabay

Depresión

La depresión también puede ser un legado de Covid a medio y largo plazo. En el estudio desarrollado en Oxford se estableció que "alrededor de un tercio de los pacientes que examinamos tenían formas más o menos leves de depresión", explica Raman. La explicación a este fenómeno se relaciona con el hecho de estos pacientes han tenido que soportar un largo aislamiento, con pocas relaciones con sus semejantes, limitadas al personal sanitario. Además, el miedo, el temor y la frustración pueden agravar el bienestar emocional de estas personas.

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