Sufrir un derrame cerebral a los 22 años es algo fuera de lo común, como lo es ser seleccionado para representar a España en los Juegos Olímpicos de Tokio -que se celebrarán si todo va bien en 2021-.

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Ambas circunstancias confluyen en el joven Juan Matute Guimón, que cinco meses después de su accidente neurológico, posa con sus padres en una sala de la Fundación Jiménez Díaz, un hospital público de Madrid al que le debe su total recuperación.

Tan recuperado está Juan que vuelve a soñar con levantar una medalla en Tokio, una medalla que bien podría dedicar a sus padres pero, también, a lo que denomina "su otra familia": la Unidad de Neurorradiología Intervencionista de la Fundación Jiménez Díaz.

Juan sufrió un derrame cerebral grave al bajarse de su caballo tras entrenar. Tras el accidente, pasó cuatro días en una situación muy delicada en otro gran hospital de Madrid, donde intentaron sin éxito aplicar un tratamiento endovascular la malformación arteriovenosa que tenía sin saberlo y que le había causado el accidente.

Sus padres, desesperados, buscaron segundas opiniones en el extranjero y barajaron trasladarlo fuera de España pero, al mismo tiempo, se informaron sobre la Unidad de Neurorradiología Intervencionista de la Fundación Jiménez Díaz. Al final tomaron la decisión de trasladar a Juan a este centro, donde le controlaron y empezaron a tratar.

El joven pasó allí 25 días en coma y 40 en la UCI, pero su particular odisea tuvo un final feliz: el 3 de julio recibió el alta, a finales de ese mes empezaba de nuevo a entrenar. Y a mediados de octubre, volvió a la competición.

"Me encuentro fenomenal y me siento feliz", dice, rotundo, agradeciendo a la Fundación Jiménez Díaz, a quien ya considera "su familia", y al jefe de su Unidad de Neurorradiología Intervencionista, Claudio Rodríguez Fernández, como principal representante de todo el equipo que le ha atendido, estar hoy aquí y, sobre todo, estar como está: totalmente recuperado.

Amplia experiencia 

"Nuestra unidad está especializada en este tipo de patología; en pocos centros europeos, o incluso a nivel mundial, se están utilizando técnicas de acceso transvenoso-transnidal de forma rutinaria para tratar las malformaciones arteriovenosas con la amplia experiencia que tenemos nosotros", asegura el especialista, recordando el paso de Juan por el hospital.

La situación neurológica del jinete era muy delicada debido a la rotura de una malformación arteriovenosa compleja situada en la profundidad del cerebro, que asociaba un gran aneurisma venoso; todo ello en el contexto de un gran volumen de sangre a nivel intracraneal, fundamentalmente en el sistema ventricular. "Eso implica una situación bastante critica, que se unía a la incertidumbre del estado neurológico real, ya que se requería un coma inducido para mantener las constantes vitales y la presión cerebral lo más baja posible", apunta Rodríguez.

"Sabíamos que técnicamente podíamos afrontar el motivo de la hemorragia porque es una patología que tratamos habitualmente; lo hicimos con un abordaje combinado transvenoso", continúa, resumiendo el planteamiento inicial del abordaje terapéutico: "resolver el problema causal, la malformación, para evitar el resangrado y después mantener el cerebro protegido de las altas presiones hasta que se fuera resolviendo la hemorragia".

Así se hizo, y con el mejor de los resultados, logrando que, tras una estancia prolongada en la UCI, con coma inducido y situación neurocrítica muy compleja, Juan fuera poco a poco recuperándose, ayudado por su juventud y fortaleza, así como por todos los profesionales del centro implicados: intensivistas, neurocirujanos, enfermería, rehabilitadores…

Profesionales y dotación tecnológica 

Un éxito que se debe al equipo de profesionales altamente especializados y experimentados de la Unidad de Neurorradiología Intervencionista de la Fundación Jiménez Díaz y a su dotación tecnológica de última generación, que incluye dos quirófanos híbridos, una resonancia magnética intraoperatoria de alto campo y una sala de angiografía, entre otros. 

Las cifras hablan por sí solas a la hora de avalar esta unidad: más de 30 años de experiencia y una actividad superior a la de cualquier otro hospital español, y de muchos europeos. Actualmente, la unidad trata más de 200 aneurismas cerebrales, en torno a un centenar de malformaciones arteriovenosas, más de 50 fístulas arteriovenosas al año, además de patologías como el ictus, patología raquimedular, entre otras muchas. Y, lo que es más importante, con una tasa de curación en torno al 95 por ciento.

En cuanto a Juan, gracias a su total recuperación en el hospital, y a su espíritu de superación, como dice su madre, María Guimón, "conseguirá lo que se proponga y llegará a donde quiera". Y es que, el jinete asegura encontrarse "al cien por cien a nivel físico, cada día mejor", por lo que mantiene sus planes profesionales de futuro y sigue teniendo claro su próximo gran objetivo: "Yo apunto a Tokio".

"Este ha sido un reto que me ha puesto la vida, pero también una experiencia única que, sin duda, me ha hecho mucho más fuerte", incide Juan. "Para mí, la Fundación Jiménez Díaz es mi casa y, sin duda, será a donde venga cuando tenga que ir a un hospital; será mi elección siempre".

Una percepción con la que coinciden sus progenitores, que agradecen haber estado informados constantemente de la evolución de su hijo. "Fue llegar a la Fundación y recibir inmediatamente una sensación de cariño, apoyo y comprensión, y también información directa, puntual y frecuente del estado de Juan, sobre todo siendo tan grave y en constante cambio", recuerda María.

Así parecía querer dejarlo claro también el jinete con sus primeras palabras tras salir de la sedación profunda: "Todos me apoyan, son mis amigos", dijo sobre el personal que le cuidaba. Y así lo sigue demostrando cada vez que viene al hospital, a ver a su "otra familia".