En el festival de ruido que acompaña a esta pandemia, es inevitable señalar el estruendo de Madrid. Cada medida, cada dato, cada declaración son objeto de tal análisis partidista que es muy complicado tomar distancia, taparse los oídos e intentar ver qué está pasando exactamente. Más que nada porque lo que está pasando es raro, pero cuando algo raro pasa durante seis semanas seguidas, ya empieza a convertirse en relativamente normal.

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Las primeras cuatro semanas de bajada de casos de Madrid coincidieron con las del resto del país, y con el comienzo de las tímidas medidas de restricción impuestas por la Comunidad y el Ministerio. Las dos siguientes, no. Son anomalías en medio de lo más duro de la segunda ola europea y la tercera española.

En condiciones normales, las cifras de Madrid serían horribles. La incidencia acumulada en 14 días sigue superando los 400 casos por 100.000 habitantes y lo peor es que lleva en esas cifras más de dos meses. Solo en septiembre y lo que va de octubre, han dado positivo en la comunidad 153.250 personas, prácticamente el mismo número que durante el resto de la pandemia desde finales de febrero (160.691).

El número de ingresos diarios baja, pero sigue en torno a los 250 incluyendo planta y UCI. Por último, los hospitales se van vaciando, de acuerdo, pero siguen siendo casi 3.000 los ingresados por clínica Covid, de los que casi 500 están en camas UCI.

Evolución de casos hospitalizados y ocupación de UCIs en Madrid.

Todo esto sería un escenario de honda preocupación, y sin embargo se ha convertido en motivo de orgullo. La razón está en la comparación con el resto de España y con el Madrid del mes pasado. Mientras los casos se van multiplicando en un 30% semanal y los hospitalizados en un 25% a nivel nacional, Madrid consigue bajar ambos indicadores.

El número de casos depende de la voluntad de detección pero el de hospitalizados no depende de la voluntad de nada. Es una bajada objetiva en medio de un terremoto. Solo Canarias puede presumir de algo parecido y además con una incidencia por debajo de los 80 casos cada 100.000 habitantes, un auténtico lujo ahora mismo en Europa.

La otra comparación, decía, es con el Madrid del pasado. Todas las cifras mejoran en estos 30 días de octubre con respecto a los 30 de septiembre. Para empezar, los casos detectados han bajado de 102.784 a 50.196. La segunda cifra, la de octubre, está sin consolidar, pero los atrasos son mucho menores desde la implantación masiva de los tests de antígenos, así que soñar con un total de 60.000-65.000 casos consolidados no sería una locura y supondría una bajada del 35-40%.

Los ingresos hospitalarios bajan también: de 9.967 a 8.022, con un día aún pendiente de entrar en el acumulado. No es una bajada tan pronunciada pero está en torno al 17%, que no está nada mal. Por último, los ingresos en UCI bajan un 11-12% y pasan de 911 en septiembre a 806 en octubre. Todo esto, hay que insistir en ello, en medio de una crisis común que hace que algunas regiones dupliquen y tripliquen sus casos y sus hospitalizados en apenas dos semanas.

Lo que no consigue bajar Madrid, como no consigue bajar nadie en España, es el número de fallecidos. En septiembre, se añadieron 988 al total y en octubre vamos ya por 1.060. Este viernes se volvieron a superar los 40. Da igual que todo lo demás baje, este parámetro permanece al alza, lo cual en principio es un contrasentido… salvo que no se estén contando bien los contagiados. La fatalidad por caso está en el 2,11% pero hay que esperar a tener la cifra total de positivos para poder hacer un cálculo exacto.

Si, como decía antes, acaba en torno a los 60.000, hablaríamos de un 1,7-1,8%. El problema es que en septiembre se quedó en el 0,9%, es decir, prácticamente ha doblado en un solo mes y como no nos creemos las historias de "el virus ha mutado repentinamente y solo en Madrid", la razón más probable es que nos hayamos dejado en el camino la mitad de los casos que habíamos detectado en septiembre, poco más o menos, lo cual, de confirmarse, sería una peligrosísima noticia.

Fallecidos por CC.AA. Homosensatus

Es curioso lo poco que se está hablando en esta segunda ola del número de fallecidos cuando fue el tema estrella de la primera. Sanidad ha notificado en esta última semana 1.126 defunciones y en lo que va de octubre se han añadido al acumulado 3.905 a falta de los datos de hoy y mañana. En otras palabras, cerraremos octubre con unos 4.250-4.300 muertos notificados, aunque no necesariamente fechados en el mes en curso.

Ese cálculo va con mucho retraso y en ese sentido los datos de Sanidad no son fiables mientras que ninguna comunidad se atreve a fechar a sus propios muertos. Simplemente notifica los que les van llegando sin ponerles día. Eso les permite ir más rápido, pero obviamente se pierde información por el camino.

Si atendemos al análisis que hace desde hace meses el usuario de Twitter, @homosensatus, nos encontramos con que la cifra semanal de fallecidos según los informes de las comunidades autónomas lleva subiendo sin parar desde el 19 de julio. Son más de tres meses sin conseguir frenar la sangría en ningún momento.

Ni en las malas ni en las algo mejores. Bajando casos o subiendo. Las defunciones aumentan y aumentan y no sería raro que llegáramos a las 200-250 de media en noviembre, lo que supondría entre 6.000 y 7.500 muertos. Si tenemos en cuenta que cada catorce días se notifican 228.000 casos, la cifra nos cuadra e incluso se nos queda corta.

El problema es que no vemos salida a este túnel, no hay luz que nos marque el camino. Cuando nos metimos en el confinamiento de marzo, bastaba con ver lo que sucedía en Italia para suponer que tarde o temprano la pesadilla acabaría y de golpe. Este escenario es inédito. Estamos bailando sin martillo, que diría Tomás Pueyo, y no sabemos cuánto tiempo nos vamos a mantener en estas medias ni hasta dónde podemos subir.

¿Cuántas muertes podemos aceptar cada mes? Parece que las 6.000-7.000 las compramos porque aquí nadie quiere cerrar, el riesgo es demasiado grande. En ese caso, serán 20.000-25.000 en tres meses de invierno y unas 50.000 en el total de la segunda ola, más de las que hubo en la primera.

Solo una enfermedad se habrá llevado en un año a casi 100.000 españoles, más todos los que caigan por el caos derivado y la falta de atención a sus patologías. Solo el hecho de que se esté poniendo todo esto en una balanza, nos hace pensar que el miedo al daño económico roza el pánico.