La Comunidad de Madrid repartirá a partir del lunes 11 de mayo el primer cargamento de los 14 millones de mascarillas que ha adquirido para proteger a los ciudadanos del Sars CoV-2 durante la fase de desescalada. Esto, que podría ser una buena noticia, no lo es tanto al leer el tipo de protección que ha comprado: las mascarillas FFP2, que forman parte de los equipos de protección individual (EPI), y que no son las recomendadas ni por el Ministerio de Sanidad ni por otros organismos para la población general. 

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No es que se trate de productos defectuosos o malos para la salud, sino de una medida excesiva para el control de la transmisión comunitaria del virus. Un método que, además, ha estado echándose en falta en todo el país durante la parte más grave de la pandemia.

Por ejemplo, el propio Consejo General de Colegios Farmacéuticos, hablaba así de este tipo de productos en un informe técnico publicado el 16 de abril: "Estas mascarillas filtrantes FFP2 [...] deben reservarse para profesionales sanitarios que atiendan a personas infectadas por SARS-CoV-2, y en especial, las FFP3 para aquellas situaciones en las que se generen aerosoles que favorezcan el contagio, como en caso de intubación traqueal, lavado broncoalveolar, o ventilación manual".

El sindicato de enfermería se ha quejado en Twitter de la medida anunciada por la Consejería de Sanidad. "Las farmacias distribuirán 14 millones de mascarillas FFP2 mientras que las enfermeras tendremos que seguir pidiéndolas a las supervisoras para que nos den, al menos, una por turno", publicaban

Mucho más clara es la guía del Ministerio de Sanidad ¿Qué debes tener en cuenta al comprar una mascarilla? en la que se especifica que estas mascarillas son para uso preferente por profesionales. El problema es que este producto, más sofisticado que las mascarillas higiénicas y las quirúrgicas, protege sólo a quien lo lleva puesto, siempre que se cambie cada 8 horas. 

Dependiendo de si tiene o no válvula -algo que no ha especificado la nota de la Comunidad de Madrid- las mascarilla no evita que si la persona que la lleva sufre la infección -bien de forma asintomática o sin haberse dado cuenta de que la padece- pueda transmitirla. 

"Los Equipos de Protección Individual (EPI), de venta en farmacias y establecimientos especializados, se recomiendan a profesionales en contacto con el virus y a determinados grupos vulnerables, siempre por prescripción médica. Sirven para crear una barrera entre un riesgo potencial y el usuario, filtrando el aire inhalado y evitando la entrada de partículas contaminantes en el organismo", afirmaba el último documento de Sanidad.

Según una fuente del sector consultada por este diario, no debería regalarse ni una de estas mascarillas "si hace falta aunque sea sólo una a personal sanitario o fuerzas de seguridad".  La razón: lo normal, si se mantienen la distancia de seguridad y las medidas higiénicas, es que alguien no esté en contacto con un infectado con riesgo de contagiarse de la infección. 

Es una situación que sí se puede dar si se acude a un hospital, bien buscando consejo médico o acompañando a alguien: ahí sí tendría más sentido llevar las mascarillas FFP2. 

El plan de desescalada del Gobierno insta a cada comunidad autónoma a "preparar un plan de reacción rápida que aborde cómo se afrontaría el incremento de necesidades de camas de agudos y UCIs, de recursos humanos especializados, de equipos y materiales necesarios (EPIs, pruebas diagnósticas, medicamentos, etc.) en el caso de un hipotético rebrote intenso".

Así, estos 14 millones de mascarillas que repartiría el Gobierno de Ayuso tendrían que ser adicionales a las ya existentes y a una amplia partida reservada a la posibilidad de un rebrote. 

Pero, además, el Gobierno de la Comunidad de Madrid ha asignado por el momento una mascarilla a cada usuario del Sistema Madrileño de Salud, ¿qué pasará el martes y el miércoles? Con cinco millones de madrileños, esos 14 millones de EPIs sólo servirían para proteger tres días y no parece que los contagios se vayan a reducir a 0 en ese tiempo. 

El médico de familia en un centro de salud de Madrid Javier Padilla -autor también del libro ¿A quién vamos a dejar morir? (Capitán Swing, 2019) comenta a EL ESPAÑOL: "Si aseguramos que sanitarios y personas de riesgo no van a ver mermado su acceso por esta medida, me parece bien".

"Ahora bien, creo que sería mejor asegurar un buen suministro de mascarillas quirúrgicas para que la gente no tuviera que reutilizarlas y fomentar (incluso obligar en algunos lugares) su uso; si se elige la vía de la FFP2, habrá que dar instrucciones de cómo y cuánto tiempo usarlas, porque aunque todos las estemos reutilizando, las especificaciones técnicas no suelen ser de reutilización (salvo excepciones)", concluye. 

Las mascarillas higiénicas y quirúrgicas -sobre todo las primeras- son las recomendadas por Sanidad para utilizar el transporte público. 

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