Un niño muere cada dos minutos en el mundo. La culpa es de los parásitos del género Plasmodium responsables de la malaria. De tamaño microscópico, se transmiten a través de la picadura de mosquitos, típicamente en zonas tropicales y subtropicales. De ahí que una de las estrategias a adoptar frente a la malaria sea el uso de insecticidas contra los portadores de la enfermedad. 

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En la Universidad de Nueva York, los grupos de trabajo que lideran los profesores de química Bart Kahr y Michael Ward se acaban de topar con un compuesto que, aunque olvidado porque sus orígenes datan de la Alemania nazi, presenta un prometedor potencial. Se llama 'Difluro difenil tricloretano' o DFDT, aunque después de que Kahr, Ward y compañía lo redescubrieran, se le ha puesto el mote de "el primo nazi del DDT". 

Estos científicos se dieron cuenta de su existencia recientemente al investigar sobre alternativas pasadas al DDT, el 'Dicloro difenil triclortenato', un compuesto en cuya síntesis trabajó el Premio Nobel de Medicina Paul Müller en los años 30. "El DDT era un compuesto muy eficaz, especialmente matando a los mosquitos que pueden transportar enfermedades infecciosas, como los que transportan la malaria", cuenta Ward a EL ESPAÑOL.

De hecho, el ejército de Estados Unidos y sus tropas aliadas lo utilizaron en la Segunda Guerra Mundial, conscientes, según recuerda Kahr, de que "los mosquitos son los soldados más eficaces si están de tu lado en el conflicto". Los aliados no querían tener que enfrentarse también a enfermedades infecciosas durante la guerra: a los soldados se les rociaba con polvos hechos a base de este compuesto en el frente para luchar así contra esos 'enemigos naturales' del ser humano. 

La Alemania nazi hizo lo mismo, pero en lugar de pagar al laboratorio que tenía la patente y que cobraba por el uso del DDT, la industria química del III Reich desarrolló su propio remedio contra insectos y demás amenazas 'naturales'. Era el DFDT. "Alemania lo usó en el norte de África, por ejemplo, pero también en zonas tropicales y contra el tifus, una enfermedad bacteriana que transmiten los piojos", recuerda Kahr.

El DFDT, según lo describe Ward, es "más activo que el DDT". De ahí que los alemanes defendieran que era "más eficaz", coincidiendo así con el propio Paul Müller. "Él también dijo que era más eficaz", comenta junto a Kahr en su despacho este profesor de química de la Universidad de Nueva York. "Nosotros hemos probado que es capaz de adoptar diferentes formas y también hemos probado que es menos tóxico", abunda Ward.

Alude a las diferentes presentaciones que pueden adoptar los cristales microscópicos del DFDT. Esos cristales son los que, en contacto con las patas de insectos o parásitos como los piojos, son absorbidos por los organismos que pican a los humanos. Al llegar esos cristales al sistema nervioso central del mosquito o piojo, actúan como una toxina de consecuencias fatales. 

El DDT actúa bajo el mismo principio. Se acabó imponiendo como insecticida universal porque, entre otras cosas, su "primo nazi" cayó en el olvido una vez que el III Reich perdió la guerra. Dejó de producirse cuando Alemania ya no podía permitírselo. Muerto el Führer, pese a que mucha ciencia de la Alemania nazi acabaría después en manos de los aliados, el DFDT fue ignorado por razones que Kahr y Ward aún no logran entender. 

En teoría, el DFDT era más eficaz. Podría haber sido más lógico emplearlo. Pero no fue así. "En 1945 había catorce empresas productoras de compuestos químicos que hacían tanto DDT como podían. No tenían límites. Tenían ya hecha la infraestructura y el compuesto a producir. ¿Para qué cambiar a otra cosa?", plantea Kahr. 

Mosquitos resistentes al DDT

"Todavía estamos tratando de comprender el proceso que se saldó con el olvido del DFDT. Pero parece que el Ejército estadounidense y los aliados llegaron a la conclusión de que los datos que tenían los alemanes sobre el DFDT no eran lo suficientemente sólidos para demostrar que era más eficaz", señala Ward. "También puede ser que hubiera prejuicios para aceptar este avance alemán", añade.

Sea como fuere, el DDT resultó elegido como "el insecticida" del XX. "Se utilizó en todo el mundo, hasta 2 millones de toneladas en la agricultura, que es como si cubrimos con 30 centímetros de insecticida toda la isla de Manhattan. En los años 60, se usó cuando tuvimos una época aquí que se llamó la Revolución Verde", comenta Ward. 

"Aquella revolución verde no es como la de hoy. Entonces se hacía referencia al uso de insecticida, herbicidas y agentes químicos con los que se podía incrementar la productividad de los campos", prosigue el profesor. Sin embargo, el DDT caería en desgracia. Frente al uso excesivo que se hizo otrora del insecticida, "los mosquitos se hicieron resistentes", recuerda Ward. "Por eso dejó de utilizarse". 

Los efectos perniciosos del DDT para el medioambiente también acabarían dándose a conocer. Por eso, desde hace ya lustros, a ese compuesto químico le precede una mala reputación. Ahora podría heredarla ahora el DFDT, un insecticida que ha estado tan lastrado por su pasado que casi cae en el olvido.

"Este compuesto pareció desaparecer, hasta el punto que casi nadie ha oído hablar de él. Hay gente que trabaja sobre la malaria y nunca ha oído hablar de este compuesto. De alguna forma, lo hemos redescubierto", sostiene Ward. Él y Kahr defienden su potencial sobre todo a la hora de proteger espacios cerrados, pero aún falta realizar mucha investigación antes de poder plantearlo como una verdadera solución frente los mosquitos u otros vectores de enfermedades infecciosas.

"No se ha experimentado mucho con él. No se ha extendido por todas partes en el medioambiente y no sabemos cuáles son las consecuencias de usarlo a ese nivel. Pero sabemos que no es tan persistente en el medioambiente", plantea Kahr. "Hay estudios que señalan que, con el paso del tiempo, el DDT permanece en el suelo hasta un 90%. Pero el DFDT permanece sólo en un 10%. Podría ser mejor para el medioambiente si permanece en el suelo, algo que tampoco no sabemos", reconoce.

De lo que parece no caber duda, al menos en el despacho de los profesores, es que la lucha contra los mosquitos y las enfermedades que pueden transmitir, ya sea la malaria, el virus del Zika o el del Dengue, entre otros, es una batalla en la que los humanos tienen que rearmarse. El calentamiento global del planeta favorece a los insectos, y estos actúan como propagadores de enfermedades.

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