Itzamara se sometió a una cesárea en la Clínica La Merced, en la localidad colombiana de Barranquilla. El evento no tendría nada de especial si no fuera porque Itzamara era en ese momento -la fecha exacta no se ha difundido- un bebé de 24 horas de vida. El feto que le extrajeron mediante la cesárea tenía el tamaño de un limón, apenas 10 centímetros y se podría considerar su hermano/a gemelo, ya que se gestó al mismo tiempo que ella. 

A diferencia de la niña, no obstante, el feto no era viable. Aunque presentaba las cuatro extremidades y tenía una cabeza mínima, carecía de corazón y cerebro. Era una muestra de un extrañísimo fenómeno médico denominado fetus in fetus, del que existen muy pocos casos en la literatura científica, la mayoría detectados ya cuando el hermano dominante es un niño o un adolescente

Pero esto no fue lo que ocurrió en la localidad colombiana, donde una mujer llamada Mónica Vega acudió a La Merced en busca de un especialista en embarazos de alto riesgo, después de que en una ecografía especial -a los siete meses del embarazo de su tercer hijo, la primera niña- le vieran "una mancha blanca" situada dentro del bebé que esperaban. 

Su médico fue el ginecólogo Miguel Parra que, tal y como explican en el programa Los replicantes de Radio Caracol, que ha difundido en exclusiva la historia, llevaba una vida profesional tranquila hasta que empezaron a llegarle casos de mujeres que habían dado a luz niños con la cabeza extremadamente grande: víctimas de la epidemia de Zika que asoló el continente latinoamericano. 

Parra estudió las pruebas radiológicas de Mónica y les tranquilizó, explicándoles que la niña no tenía un tumor sino un hermanito dentro, un feto que se había formado al mismo tiempo que ella pero que había crecido a muchísima menor velocidad. 

También les aclaró que el feto no era viable, al carecer de cerebro y corazón, pero que sí presentaba extremidades y se alimentaba de su hermana a través de un cordón umbilical. Por esta razón, era inviable dejarlo ahí cuando la niña naciera. 

El feto extraído del bebé. CaracolTV

La decisión terapéutica estaba clara: Itzamara tenía que someterse a una cesárea nada más nacer. Su madre también tendría que pasar por el mismo procedimiento, ya que el médico no quería arriesgarse a que la niña sufriera ni un mínimo daño en el abdomen (que tendrían que abrirle) en un parto natural. También se optó por adelantar el nacimiento, el segundo bebé seguía creciendo y, aunque era pequeño, cuanto antes saliera del cuerpo de su hermana sería mejor. 

Tal y como estaba previsto, la niña nació por cesárea en la clínica y, tan sólo 24 horas después, se le trasladó a otro quirófano, donde tres anestesistas trabajaron en la sedación del bebé. La cadena de televisión colombiana grabó todo el proceso, en el que se ve perfectamente cómo se lleva a cabo la cesárea y como el segundo feto está, en efecto, unido a su hermana. "Tiene extremidades superiores, inferiores, cordón umbilical y genitales ambiguos", explican los cirujanos a cámara. 

Ahora Itzmara ya descansa en casa, donde todo apunta a que no le faltarán atenciones. Por ser la primera niña y por haber superado con éxito un extrañísimo fenómeno médico. "De este caso se va a hablar en todo el mundo", afirma Parra a las cámaras. No sería extraño que en unos meses alguna revista científica recogiera el milagro de Barranquilla.