Tener acumulados recibos antiguos en la cartera -aunque sean de tinta térmica, muy utilizados en España- no aumenta el riesgo del cáncer. Comerse una tonelada de ellos, probablemente sí. La psicosis estallaba este martes cuando la Universidad de Granada difundía una nota de prensa con el siguiente titular: "Los tickets de la compra en los que se borra la tinta contienen sustancias que provocan cáncer e infertilidad, según un estudio"

Noticias relacionadas

La economía en los titulares llevaba a muchos medios a simplificar y, al final, la mayoría optaba por un conciso "los tiques usados provocan cáncer". Una afirmación que ni es real, ni es nueva. De hecho, el titular del propio estudio distaba mucho del que se difundió. "Determinación de las concentraciones de bisfenol A y bisfenol S y evaluación de actividad antiandrogénica y estrogénica en recibos de papel térmico de Brasil, Francia y España", lleva en el encabezado el trabajo publicado en la revista Environmental Research, una publicación que no es de las principales en su área, pero si es respetada entre los académicos.

El estudio evaluaba la presencia de dos sustancias, el BPA y el BPS, en los tiques con papel térmico -los que se van borrando con el paso del tiempo- en 112 recibos procedentes de Brasil, España y Francia. Según el catedrático de Medicina de la Universidad de Granada y uno de los autores del estudio, Nicolás Olea, se puede reconocer este tipo de papel porque, "si se acerca a una fuente de calor, por ejemplo, una cerilla, se ennegrece de forma instantánea". 

Un compuesto polémico

Según el estudio, más del 90% de los tiques usados en España -de entre los analizados en una muestra pequeña- tienen presencia de BPA. Este compuesto es polémico porque está presente en diversos objetos de uso cotidiano (tapers, conservas), de los que los recibos son sólo una muestra. Su seguridad ha sido cuestionada y, cada ciertos años, las autoridades sanitarias europeas la reevalúan. 

Como recuerda en Twitter el tecnólogo de alimentos Miguel Ángel Lurueña, uno de los argumentos más utilizados por los detractores del BPA es que su uso se prohibió en 2011 en los biberones. La razón, como señala el experto, es que los lactantes son especialmente sensibles a este material, porque "se alimentan todo el día a base de biberón" y su peso corporal es muy reducido, lo que les hace tener más riesgo, porque éste depende de la dosis según el peso corporal. 

Pero la situación cambia al hablar de adultos. En elúltimo informe de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), publicado en 2015, las autoridades sanitarias concluían que la exposición al BPA es segura a los niveles actuales, incluidos los presentes en los tiques usados. Eso sí, como apunta Lurueña, en el informe se señalaban además algunas incertidumbres con respecto a los posibles efectos sobre el aparato reproductor y el sistema inmunitario, así que la EFSA tiene previsto reevaluar su seguridad. 

Pero el estudio de la Universidad de Granada tiene un problema adicional. El trabajo no evalúa el nivel real de exposición de la población ni los efectos que este compuesto tiene sobre ella. Es algo, recuerda el especialista, que sí han hecho otros trabajosque indican que la absorción a través de la piel es irrelevante

En la cobertura en los medios de comunicación del estudio de la UGR se apunta a que es la primera vez que se observa la presencia de este compuesto en los tiques usados, algo que desmiente una simple búsqueda al respecto. Asimismo, las declaraciones de su autor principal en la nota de prensa son alarmistas, porque parecen desatender a la propia evidencia científica ya publicada que se ha utilizado en Europa. "Es un ejemplo más de que algo está fallando en los sistemas de vigilancia de la toxicidad de los compuestos químicos de nuestro medio. Parecería que las medidas reguladoras se establecen a posteriori, cuando la exposición humana ya es evidente. De hecho, la protección de cientos de miles de personas jóvenes trabajando como cajeros y cajeras en los supermercados y comercios no se está llevando a cabo con la rigurosidad que sería conveniente", advierte Nicolás Olea.

El investigador va más allá y recomienda a la población "proceder con cautela". "Por ejemplo, no debemos mezclar los tiques con la comida en la cocina al desempaquetar la compra, el pescado o la carne. Tampoco debemos jugar con ellos, ni arrugarlos para tirarlos, escribir notas o guardarlos en el coche, el monedero o el bolso", indica Olea. "Debemos, en definitiva, manipular lo mínimo posible este tipo de tiques".

Mientras que se toman medidas ante lo que puede ser un importante problema de salud pública, "debemos rechazar los recibos de papel térmico y exigir que la sustitución del BPA en el papel térmico prometida en España para el 2020 no se haga sustituyéndolo por papel térmico con BPS", asegura el investigador, que contradice las recomendaciones europeas al respecto