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    1- Cada vez nos masturbamos más.

    La masturbación ya no es un hábito sustitutivo del sexo: de mano de la proliferación de la pornografía online y losjuguetes sexuales, se ha convertido en forma de gratificación inmediata y fácil. El 53% de los hombres y el 26% de las mujeres en EEUU confiesa masturbarse al menos una vez a la semana. En Japón ha proliferado el concepto de sexo 'mendokusai': demasiado cansado en comparación con la masturbación.

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    2- Perdemos la virginidad cada vez más tarde.

    En Holanda, la edad a la que se pierde la virginidad pasó de los 17.1 años en 2012 a los 18.6 en 2017. Pero no hablamos solo de sexo penetrativo: muestras de afecto físico como los besos y las caricias también están en recesión. El auge de la pornografía está relacionado, al proporcionar gratificación aséptica al que los adolescentes acceden desde muy jóvenes, pero al mismo tiempo les arrebata habilidades sociales involucradas en la sexualidad. Los japoneses hablan de una generación de 'chicos herbívoros' ('soushoku danshi'), sin interés en relacionarse con chicas.

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    3- La pornografía está normalizada en las relaciones

    La idea de que recurrir al entretenimiento para adultos pese a mantener una relación estable es disfuncional ha desaparecido. Hoy se asume que hay determinadas fantasías que solo la pornografía puede satisfacer y que quedan fuera de la relación de pareja. Un ejemplo es el auge del 'hentai', la animación erótica japonesa. "Mis gustos para el porno y mis gustos para una relación son bastante diferentes"- explica un treintañero entrevistado. "Soy consciente de que es ficción". En la imagen, estudiantes chinos practicando 'Cosplay', disfrazarse de personajes de animación.

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    4- El sexo casual implica menos sexo.

    En EEUU lo definen como 'hookup culture', o 'cultura del rollo de una noche', y es la forma de relación predominante entre los universitarios del país: encuentros ocasionales con alguien que se conoce en una fiesta y con quien se queda a través de las redes. Las estadísticas demuestran sin embargo que las parejas monógamas tienen más sexo: los 'baby-boomers', la generación de posguerra, perdían la virginidad más pronto y sufrían más embarazos adolescentes en directa relación con la tradición de los largos noviazgos.

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    5- Los 'padres helicóptero' interfieren.

    Por un lado, los jóvenes tardan cada vez más en marcharse de casa en todo el mundo occidental por factores socioeconómico, lo que dificulta la intimidad en la relación de pareja. Por otra parte, los padres están cada vez más presentes en las vidas de sus hijos hasta una edad cada vez más tardía: "Nos presionan inmensamente", valora un veinteañero entrevistado. La tutela parental ha contribuido con efectos beneficiosos, como que los embarazos adolescentes caigan a mínimos históricos, pero impide a los jóvenes experimentar como hacían antaño.

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    6- Las parejas 'Tinder' son extremadamente difíciles de encajar.

    Para los jóvenes adultos que ya han abandonado la universidad, encontrar espacios para conocer gente afín se vuelve complicado. Las aplicaciones de contacto ofrecen la posibilidad de conectar en función de los intereses de cada cual, pero según explica un entrevistado, Tinder es enormemente ineficaz: logró mantener una conversación por cada 300 'swipes'. "Es como aullar en el vacío para un hombre, y como buscar un diamante entre el cieno de 'fotopollas' para una mujer".

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    7- La concienciación feminista: nadie quiere ser un acosador.

    El movimiento #MeToo ha tenido una influencia globalmente positiva a la hora de redefinir los roles de género entre hombre y mujer, y qué es aceptable y qué no. Pero según revela el artículo, cada vez más personas se sienten cohibidas a la hora de realizar avances románticos en persona por miedo a las malas interpretaciones, y prefieren dejarlo en mano de las apps de contacto. Cuando la autora contó a las entrevistadas que conoció a su marido en un ascensor, ellas lo consideraron "romántico". Pero a continuación calificaron de "incómodo" el que un extraño entablase conversación en la misma situación. En la imagen: 'Cazerolada feminista' en Sol. 

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    8- La omnipresencia de las distracciones digitales.

    Hay un motivo muy sencillo por el que las generaciones anteriores hacían más el amor: no había tantas alternativas disponibles para divertirse y disfrutar. Ahora, las distracciones son ubicuas y piden constantemente tiempo que invertir en ellas: redes sociales en las que participar, series y contenidos que seguir, correos que contestar... Las horas para dormir y la calidad del sueño se han resentido para conciliar trabajo y aficiones, y el 'tiempo de calidad' -un eufemismo elegante para hablar del sexo en pareja- se ha resentido. En la imagen, 'Black Mirror'.

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