"Ponerse a régimen", "empezar la dieta", "estar a plan", "cuidarse" o "estar con la operación bikini" son algunos de los sinónimos de todo patrón alimenticio que reside en cambiar momentáneamente los hábitos nutricionales con el objetivo de conseguir -en un plazo más o menos corto- perder peso.

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Un propósito que, dados los niveles de obesidad en España -17% según la última Encuesta Nacional de Salud, a lo que hay que sumar otro 37% de sobrepeso- podría parecer una buena idea. Sin embargo, la ciencia no lo tiene tan claro y, de hecho, son muchos los nutricionistas que abogan por no ponerse a régimen o, en definitiva, no hacer ninguna modificación alimentaria que se prevea temporal. 

En España, dietistas como Julio Basulto o Juan Revenga son los grandes abanderados de esta tesis. El primero escribió el libro/declaración de intenciones No más dieta (Debolsillo, 2010) y ambos han firmados numerosos artículos de divulgación en este sentido. Pero su opinión ni es exclusiva ni se basa en preferencias personales. 

La ciencia lleva años encargándose de demostrar que la solución a la pérdida de peso no pasa por restringir las comidas que gustan o someterse a una tortura en forma de entrenamiento intensivo, que acabará abandonándose más pronto que tarde. 

En su artículo publicado en Eroski Consumer con el título Hacer dieta puede engordar, Basulto recopilaba algunos de los estudios científicos más concluyentes sobre este asunto. 

Uno especialmente llamativo se publicó en el Journal of the Academic Nutrition and Diabetes. Se trata de un editorial que pretende responder a una pregunta controvertida: ¿Incrementa hacer dieta el riesgo de obesidad y de sufrir trastornos alimenticios? La respuesta es afirmativa para ambas preguntas. 

Otro de los estudios citados, en esta ocasión publicado en el Intenational Journal of Obesity analiza también el llamado efecto rebote, esa tendencia tan conocida por la mayoría de las personas que se someten a regímenes exitosos, que ven como poco tiempo de finalizar la dieta vuelve el peso perdido y lo hace con refuerzos. 

En el artículo se hace referencia a la gran pérdida de masa muscular asociada a las dietas muy bajas en calorías, que se traducen en una consecuencia indeseada: que el cuerpo acabe gastando menos calorías por lo que es más difícil mantener la pérdida de peso o seguir adelgazando. 

Si a todo esto le sumamos que los diversos estudios que se han publicado comparando distintas dietas han concluido que ninguna es mejor que el resto, parece que el consejo de muchos dietistas es más que razonable: más vale embarcarse en un cambio total y constante de hábitos, aunque no sea tan radical, que en el último régimen milagro.