El picor es una de las sensaciones más desagradables que puede llegar a experimentar una persona. Es cierto que en la mayoría de casos no va unido a ningún trastorno grave y que, por lo general, suele desaparecer en poco tiempo. Sin embargo, en muchas ocasiones llega a ser tan persistente que se vuelve incapacitante para quien lo padece y, según algunos expertos, puede incluso conducir al suicidio.

Por eso, es muy importante para los científicos poder conocerlo a fondo, con el fin de saber cuál es el tratamiento adecuado para cada picor y, sobre todo, para tener las herramientas necesarias para desarrollar uno para las variantes crónicas que aún no han podido ser tratadas.

Puede deberse a muchas causas

El picor, también conocido como prurito, es una sensación muy frecuente que despierta en quién lo padece la necesidad de rascarse la zona afectada con el fin de aliviarlo. Puede darse de forma localizada, en una zona muy concreta, o extenderse por todo el cuerpo. En cuanto a su origen, puede deberse a muchas razones.

Eccema

Una de las erupciones cutáneas más comunes es el eccema. De hecho, según el Colegio Americano de Alergología, Asma e Inmunología, afecta a uno de cada cinco niños y disminuye con la edad hasta afectar sólo a uno de cada 50 adultos.

Por lo general se da por fugas en la barrera cutánea, que llevan a que la piel se seque, haciéndose más propensa a la inflamación, la irritación y la contracción de infecciones cutáneas. Suele mejorar con la hidratación y puede llegar a desaparecer con el tiempo, por lo que no es una de las peores causas de picor.

Alergias

Muchas alergias pueden producir también erupciones cutáneas después de que la piel entre en contacto con el alérgeno en cuestión.

Lógicamente, en estos casos la solución más sencilla consiste en evitar estos alérgenos, pero si ya es demasiado tarde suelen tratarse bien con antihistamínicos.

Urticaria

La urticaria es otra de las causas más comunes de picor. Se manifiesta a través de pequeñas protuberancias, conocidas como ronchas, que se extienden por toda la piel o se concentran en una zona concreta.

Las hay de origen alérgico, pero en muchas ocasiones pueden presentarse sin causa aparente, dando lugar a lo que se conoce como urticaria idiopática. En estos casos pueden hacerse crónicas, aunque no suelen llegar a volverse incapacitantes. También pueden aparecer por otras causas, como un exceso de sudoración y cambios bruscos de temperatura.

Embarazo

El picor también puede darse durante el embarazo, normalmente por dos causas distintas. Por un lado, puede ocurrir con motivo de los cambios hormonales que experimentan las gestantes, mientras que, por otro, también puede resultar de la distensión excesiva de la piel. En este último caso, como es lógico, la picazón se concentra en el vientre y los senos, ya que son las zonas que más se estiran.

Enfermedades

El picor suele ser también síntoma de algunas enfermedades. Por ejemplo, los pacientes con diabetes pueden tener episodios de prurito en los pies, las piernas y los tobillos, normalmente coincidiendo con un aumento repentino de los niveles de azúcar. A veces el picor puede llegar a ser muy intenso, pero desaparece después de que el azúcar vuelva a sus niveles normales.

También es común en pacientes afectados por enfermedad renal crónica. Se trata de una afección grave, que se da cuando los riñones no pueden filtrar toxinas; dando lugar a un gran número de síntomas entre los que se encuentra la picazón, normalmente durante la noche y en la espalda, los brazos y el abdomen.

Por último, enfermedades como la varicela causan un picor que casi todos hemos conocido a lo largo de nuestra existencia. Pero lo peor del virus de la varicela es que no se limita a aparecer una vez en la vida de una persona, ya que después se queda latente en el organismo y puede hacer un nuevo acto de presencia tras una bajada de defensas. En este caso la enfermedad resultante será el herpes zóster, también conocido como culebrilla, consistente en la aparición de una serie de ampollas muy dolorosas, normalmente concentrada en una zona concreta del cuerpo, como el tórax, la cara o la zona lumbar.

Picaduras de insectos

Si hay una causa de picor que todo el mundo ha experimentado alguna vez en su vida es sin duda la de las picaduras de insectos, especialmente las de mosquito. Por lo general son las hembras las responsables de las picaduras pero, al contrario de lo que cabría esperar, las molestias no las causa el aguijonazo en sí, sino la saliva del insecto.

Y es que, cuando pican, segregan pequeñas dosis de esta saliva, que contienen sustancias anticoagulantes, que facilitan la succión de la sangre. Esto da lugar a una reacción alérgica que termina provocando la aparición de la roncha y el picor. Como ocurre con cualquier otro alérgeno, no todo el mundo es igual de sensible, por lo que la picadura de un mismo mosquito podría causar en distintas personas efectos muy diferentes.

La solución: matar al mensajero

En 2013 un equipo de investigadores del Instituto Nacional de Investigación Dental y Craneofacial de Bethesda, en Maryland, descubrió una molécula que parecía estar implicada en la transmisión de la señal de picor, desde las células sensitivas de la piel hasta las neuronas de la médula espinal y, de ahí, al cerebro.

Se trata del polipéptido natriurético B, un neurotransmisor que también está implicado en el funcionamiento de órganos tan importantes como el corazón o los riñones. Llegaron a esta conclusión después de modificar genéticamente a un grupo de ratones, para que no pudieran producir esta molécula.

Si se exponían a sustancias que normalmente ocasionan picor no sentían ningún tipo de molestia, mientras que, si se les inyectaba la molécula, comenzaban a rascarse. Además, comprobaron también que la vía por la que la señal se envía al cerebro es totalmente independiente de la de otras sensaciones, como la temperatura o el dolor.

Sería muy posible que la causa biológica del dolor en humanos fuese la misma, pero diseñar un tratamiento basado en la inhibición de este neurotransmisor sería una opción complicada, por las otras muchas funciones de las que se encarga.

Por eso, estudios posteriores han tratado de dar soluciones más específicas para el picor. Un buen ejemplo es un trabajo publicado en 2016 en la revista Science Signaling. En él, investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington analizaron el papel de tres canales diferentes a través de los que se envía la señal de picor.

Las dos sustancias inductoras de picor más estudiadas por los científicos son la histamina y la cloroquina. La primera es un compuesto involucrado en las respuestas locales del sistema inmune y suele estar asociada a la mayoría de síntomas de las alergias. La segunda es un fármaco usado en el tratamiento de la malaria que genera picor como efecto secundario.

Antes de este estudio se sabía que ambas generaban la transmisión de la señal del picor a través de dos tipos de canales, conocidos como TRPV1 y TRPA1, pero estos investigadores estadounidenses hallaron un nuevo canal, TRPV4, que actúa junto a los otros, generando una respuesta más compleja. Este descubrimiento deja mucho más claras las bases del picor y abre la ventana a futuros tratamientos para el prurito crónico, aunque por el momento no se ha llegado a finalizar ninguno.

Picor como indicador de estrés

El picor no tiene por qué ir siempre asociado a enfermedades, picaduras o alergias. De hecho, puede aparecer en otros contextos muy curiosos, como las situaciones estresantes. Así lo demostró en 2008 un equipo de investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Berlín, tras comprobar que el estrés aumentaba la cantidad de glóbulos blancos en la piel, empeorando los síntomas de los pacientes con enfermedades cutáneas.

Sí que es cierto que no le ocurriría a otras personas, pero aquellas propensas a enfermedades de la piel sí que podrían notar cómo el picor aumenta a medida que se estresan.

El picor como ventaja evolutiva

Aunque pueda parecer un fastidio, el picor también tiene una cara muy positiva para los seres humanos, ya que sirve como mecanismo de alerta frente a una agresión, normalmente de la piel.

Según algunos investigadores, una muestra de ello podría ser el hecho de que sea una sensación contagiosa. No hay más que ver cómo todos tendemos a rascarnos cuando alguien habla de piojos. La causa podría ser la detención de una posible infestación de parásitos dentro de una población y, las culpables, las neuronas espejo, implicadas también en el contagio del bostezo.

Rascar alivia el picor, pero no por mucho tiempo

La primera reacción de cualquier animal que sienta picor es la de rascarse la zona afectada. No sólo lo hacemos los humanos, sino todos los animales cuyo sistema nervioso le permita experimentar esta sensación.

¿Pero por qué lo hacemos? La respuesta la dio en 2009 un equipo internacional de científicos, cuyos resultados fueron publicados en Nature. Según estos investigadores, el rascado bloquea el envío de la señal de picor hasta la médula espinal gracias a la producción del dolor, que funcionaría como estímulo contrario.

Sin embargo, esto ocurre sólo a corto plazo, ya que el dolor también genera la liberación de serotonina, que actuaría como analgésico, pero, como efecto secundario, volvería a producir picor. Por lo tanto, cuando las madres nos dicen que no nos rasquemos o nos picará más, saben muy bien lo que dicen. Tendremos que hacerles caso.