Ilustración sobre los dolores menstruales.

Ilustración sobre los dolores menstruales. GTres

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Sí, puedes quedar embarazada con la regla y otras creencias desmontadas

Algunas investigaciones apuntan que hay menos de un 1% de posibilidades, pero el riesgo existe. Esto es lo que dicen los estudios sobre éste y otros mitos.

Que hubiese mujeres que antaño creyeran que se quedarían calvas si se bañaban durante la menstruación o que cortarían la leche si ordeñaban una vaca nos mueve ahora a risa. Sin embargo, ese período mensual femenino persiste en ser prolífico a la hora de generar mitos incluso en tiempos contemporáneos.

Las antiguas creencias populares han sido sustituidas por otras probablemente más sofisticadas, pero no necesariamente más ciertas. Estos son algunos mitos modernos sobre la menstruación y lo que la ciencia tiene que decir sobre ellos.

¿Puedo quedarme embarazada teniendo la regla?

Basta una simple búsqueda en Internet para encontrar cientos de webs con la misma advertencia: mantener relaciones sexuales durante la menstruación no es una garantía absoluta de evitar un embarazo. Es poco frecuente, pero es posible. La teoría está clara: en casos raros, el esperma introducido en el útero durante el sexo - sobre todo si accede a las trompas de Falopio - puede permanecer vivo hasta que llegue la siguiente ovulación en mujeres que tienen ciclos especialmente cortos y/o reglas largas. En casos todavía más excepcionales, la siguiente ovulación podría producirse incluso antes de que termine el sangrado.

Pero, ¿cuáles son las posibilidades reales? ¿Dónde están los datos? En general, ninguna web proporciona cifras concretas de riesgo ni refiere a estudios científicos que lo hayan valorado. Y en el fondo, ¿qué es un mito sino una idea que se extiende y se repite sin que nadie conozca su realidad efectiva?

Aquí están los datos, gracias a un grupo de epidemiólogos del Instituto Nacional de Ciencias Ambientales de la Salud de EEUU, que ha dedicado décadas a estudiar estadísticamente la probabilidad de concepción en los diferentes días del ciclo. La conclusión de estos investigadores es que la inmensa mayoría de los embarazos se produce al mantener relaciones en una ventana de seis días que acaba precisamente el día de la ovulación, no después.

En un caso teórico ideal, un ciclo de 28 días, esta ventana entraría entre los días 8 y 15 desde el comienzo de la menstruación. Pero recopilando miles de casos reales de mujeres, los investigadores concluyen que 2 de cada 100 entran en su ventana fértil a partir del cuarto día desde el comienzo de la menstruación, 17 el séptimo día y 54 en los días 12 y 13.

En los dos primeros días de la menstruación, la posibilidad de un embarazo es menor de 1 entre 100. Como comparación, y según datos del Centro para el Control de Enfermedades de EEUU, las posibilidades de embarazo utilizando un condón masculino son de 18 entre 100, 12 usando un diafragma, y 22 con el clásico y nada recomendable método de la marcha atrás.

¿Me concentro peor cuando tengo la regla?

La menstruación es dolorosa para una proporción de mujeres que puede llegar hasta el 90%, por lo que muchas no se encuentran en sus momentos óptimos de forma durante esos días. Sin embargo, y más allá de lo insidioso de las molestias, algunas dicen encontrarse también mentalmente menos ágiles durante esa fase del ciclo. La posibilidad de que la regla afecte al cerebro de alguna manera tiene, de hecho, un fundamento biológico.

Y es que los niveles de las hormonas sexuales, como los estrógenos, fluctúan a lo largo del ciclo, y está demostrado que estas sustancias tienen receptores cerebrales que a su vez interaccionan con otros procesos moleculares. Así, parece claro que la menstruación ejerce efectos concretos sobre el cerebro. Pero no resulta evidente cuáles son esos efectos, y si son los mismos para todas las mujeres.

Un reciente estudio europeo dirigido por investigadores del Hospital Universitario de Zúrich (Suiza) ha analizado el desempeño en tareas cognitivas y memorísticas de 68 mujeres a lo largo de dos ciclos menstruales. Y los resultados son negativos. "No hay una asociación consistente entre los niveles hormonales de las mujeres, en particular estrógeno y progesterona, y la atención, la memoria de trabajo y el sesgo cognitivo", escriben los autores.

Pero el último estudio no es ni mucho menos la última palabra. Investigaciones anteriores sí han encontrado relación, pero en sentidos contradictorios: algunos concluyen que el alto nivel de estrógenos mejora la cognición, mientras que otros sugieren que la empeora. Para la psicóloga de la Universidad de Sunderland (Reino Unido) Sophie Hodgetts, que ha conducido diversos experimentos en este terreno, la respuesta es que, básicamente, depende. Influye el tipo de tarea que se encomiende a las participantes y cada mujer en particular.

Hodgetts apunta que los estrógenos modifican la función de algunos neurotransmisores. Pero los niveles de éstos son diferentes en cada persona, y por lo tanto la relación entre cognición y niveles hormonales es compleja. "Es posible que algunas personas sean más sensibles a los efectos del estrógeno que otras", concluye.

¿Se ha sincronizado mi periodo con el de mis compañeras?

Este es posiblemente el favorito entre los mitos modernos. Probablemente, porque muchas mujeres afirman que les ocurre. Pero también puede contribuir a ello su antigüedad: en algunas culturas indígenas existe la idea de que las mujeres sincronizan sus ciclos en armonía con ritmos naturales como los lunares. Pero en tiempos modernos entró en la cultura popular por la puerta grande de la ciencia, la revista Nature.

En 1971, la psicóloga de la Universidad de Harvard Martha McClintock documentó los ciclos menstruales en un grupo de 135 mujeres de una facultad en EEUU. Los resultados parecían mostrar que las amigas o compañeras de piso mostraban una mayor sincronía que los pares de mujeres elegidos al azar. El estudio de McClintock tuvo una enorme repercusión, no sólo en la comunidad científica, sino también en los medios y en la calle.

Sin embargo, años después el estudio de McClintock empezó a cuestionarse por fallos en su metodología, como la generosa definición de lo que es sincronía. Otras investigaciones trataban de replicar los resultados sin conseguirlo, y comenzaron a aparecer conclusiones contradictorias. Más de cuatro décadas después del estudio de McClintock, la postura más aceptada entre los expertos es que lo observado por la psicóloga se explica por simple azar según los modelos matemáticos, que la sincronización probablemente no existe, y que el estudio en su día se sobredimensionó por dos motivos.

Por una parte, en los años 70 el feminismo se encontraba en pleno auge. La sincronización defendida por McClintock se interpretó como una estrategia evolutiva de las mujeres para cooperar entre ellas defendiéndose contra la dominación del hombre, una idea tan atractiva que se aceptó sin más. En aquella época también creció el interés por la búsqueda de las feromonas humanas. Sin embargo, décadas de investigaciones no han logrado confirmar la existencia de ninguna feromona humana, y hoy continúa siendo materia de debate.

¿Alivia el yoga los trastornos menstruales?

Probablemente una de las ideas hoy más extendidas es que la práctica del yoga es beneficiosa para los trastornos menstruales como el dolor (dismenorrea), los ciclos irregulares o el síndrome premenstrual. La experiencia de cada mujer puede ser diferente. Pero si se trata de defender una proclama como válida con carácter general, más allá del azar, el caso individual o el efecto placebo, los datos tienen que superar la rigurosa evaluación de la ciencia.

Y al menos por el momento, no parece que la ciencia sea capaz de respaldar tales proclamas. Recientemente se ha publicado un metaestudio, o estudio de estudios, que recoge 18 investigaciones previas sobre los efectos del yoga en los trastornos menstruales. La conclusión, según Jennifer Oates, profesora de la Facultad de Enfermería y Obstetricia Florence Nightingale del King’s College de Londres, es que no hay conclusión satisfactoria.

Algunos estudios sugieren posibles beneficios, recoge, pero "la heterogeneidad e intensidad de las intervenciones y de las medidas de los resultados implican que la generalización y la aplicabilidad de los resultados en escenarios prácticos son limitadas". La autora determina que no hay una "metasíntesis significativa". O en palabras más sencillas, que realmente no se han demostrado beneficios convincentes, en parte por la mala calidad de los estudios.

Por si alguien se lo pregunta, no es lógico sospechar que el estudio pueda estar afectado por ningún sesgo o prejuicio contrario al yoga. Si acaso, sería más bien lo contrario. El trabajo se ha publicado en la revista The Journal of Alternative and Complementary Medicine, una publicación que cubre estudios sobre pseudociencias como homeopatía, Ayurveda, "medicina de energía" o también yoga. El mensaje final no puede ser otro: con los datos actuales en la mano, ni siquiera la comunidad de las llamadas medicinas alternativas puede justificar que el yoga sea beneficioso para la menstruación.

¿Si me baño en el mar con la regla, atraeré a los tiburones?

Probablemente muy pocas mujeres se habrán planteado jamás la idea de que su sangre menstrual pueda atraer a escualos. Claro que probablemente tampoco muchas de ellas sabrán que el Mediterráneo es la cuarta región del mundo con más ataques registrados de tiburón blanco, ni que uno de los ejemplares más grandes de la historia, casi rivalizando con el de la película de Spielberg de 1975, se capturó cerca de Mallorca.

Si a ello añadimos que el fino olfato de los tiburones puede detectar una gota de sangre, no a kilómetros de distancia como sugiere una exageración popular, pero sí a varios cientos de metros, tal vez alguna lectora pueda empezar a considerar ahora un riesgo en el que jamás había caído. Así que conviene aclarar: ¿aumenta la menstruación el riesgo de un ataque de tiburón?

La respuesta la tiene el ictiólogo de la Universidad de Florida (EEUU) George H. Burgess, director del Archivo Internacional de Ataques de Tiburones (en inglés, ISAF) y uno de los mayores expertos mundiales en incidentes entre humanos y escualos. Como norma general, Burgess recomienda "no entrar en el agua con una herida sangrante, y entrar con precaución si se está menstruando".

El experto apunta que "casi seguro un tiburón puede detectar la sangre menstrual", pero también que no hay datos científicos concretos ni se ha detectado ningún patrón de ataques a mujeres durante la menstruación. ¿Qué hacer entonces si la regla te sorprende en plenas vacaciones playeras? "No te preocupes por ello", concluye Burgess.