El ministro de Sanidad, Alfonso Alonso, se colgó el pasado 22 de febrero una de las pocas medallas que ha podido colgarse el Gobierno del PP en funciones, la del éxito en la aplicación del Plan Estratégico para el Abordaje de la Hepatitis C, que entró en vigor el 1 de abril de 2015 tras las furibundas críticas de pacientes que no podían acceder a los tratamientos innovadores que han revolucionado el curso de la enfermedad.

Antes de que hubiera pasado un año, explicó el mandatario en rueda de prensa, había accedido a los fármacos el 80% de los afectados que se quería tratar, más de 40.000 pacientes de los 52.000 previstos.

Aunque la hepatitis ha vuelto a protagonizar titulares estos días, no tan agradables para el Gobierno -el ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristobal Montoro, achacó la destacada desviación del déficit español de 2015 a los 1.090 millones destinados a la adquisición de nuevos medicamentos de hepatitis C y la Fiscalía acusó al Gobierno de la Xunta de Galicia de homicidio por retrasar la aplicación de fármacos a afectados- tanto médicos como pacientes coinciden en que situación actual es un reverso de la de hace un año. 

Sin embargo, existen puntos que aún es necesario solucionar, algunos provocados por el propio éxito del plan y otros generales relativos a la dolencia. EL ESPAÑOL ha hablado con cuatro destacados hepatólogos españoles -Ramón Planas, del Hospital Universitario Germans Trias i Pujol; José Manuel Pascasio, del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla; Javier García-Samaniego, del Hospital Universitario La Paz y Marina Berenguer, del Hospital de La Fe- sobre estos retos pendientes en el congreso anual de la Asociación Europea para el Estudio del Hígado (EASL), que se celebró este mes en Barcelona.

Equidad

¿Es el acceso al tratamiento igual para todos en un país donde no existe una, sino 17 sanidades? Según los expertos, la respuesta es afirmativa en términos generales. Todos los pacientes a partir de un grado de fibrosis 2 (F2) acceden a los fármacos innovadores. No así los afectados menos graves por la enfermedad, cuyo tratamiento no estaba previsto en el Plan, ya que se trata de una dolencia que avanza muy lentamente.

Los médicos consultados creen que en 2017 la situación cambiará y cualquier persona que de positivo para la hepatitis C podrá recibir los medicamentos. La razón: más del 90% de las personas que se tratan ven como el virus desaparece de su organismo, por lo que cada vez hay menos enfermos.

El escenario soñado es la eliminación de la enfermedad. "No creo que logremos la erradicación total, porque no hay vacuna, pero sí controlarla perfectamente en 2020 o 2025", apunta Planas. Berenguer, por su parte, subraya que es "muy optimista". "Nos vamos a quedar sin trabajo", bromea García-Samaniego. 

Sobrecarga de trabajo

La aplicación del Plan ha sido un éxito, sí, pero a costa de los esfuerzos de los profesionales sanitarios. En ese sentido, destacan, la desigualdad es evidente. Mientras que en algunas comunidades autónomas, como Madrid, se ha reforzado el número de médicos dedicados al manejo de esta enfermedad, en la mayoría no se ha hecho nada. En otras, como en Valencia, se ha optado por una vía intermedia: dotar de más dinero a los hospitales para que los profesionales pudieran ver a más pacientes.

Aunque Pascasio reconoce que esta carga "ha empezado a bajar" este año, porque "ya se ha curado a los pacientes más graves", apunta a que la sobrecarga continúa en su centro, donde las únicas medidas extraordinarias que acompañaron a la entrada en vigor del Plan fue el trabajo multiplicado de los hepatólogos andaluces.

Pero ¿por qué la llegada de nuevas terapias vino acompañada de una multiplicación de pacientes? La explicación reside en el propio éxito del tratamiento y, sobre todo, en el fracaso de la anterior opción terapéutica disponible. "Yo había mandado a muchos pacientes a casa y les había dicho que volvieran en 5 o 10 años, cuando tuviéramos algo nuevo", reconoce Berenguer, que subraya que la difusión mediática tanto de los avances médicos como de las protestas de los pacientes por no poder acceder a ellos provocó un "efecto llamada".

Planas considera que, además, los médicos de atención primaria "se ha concienciado" más sobre el problema. "Hace dos años no nos hubieran mandado a determinados pacientes si tenían poca elevación de transaminasas o tenía más de 68 años", resalta. 

Falta de datos

En el Plan se decía que se calcula que en España había antes del inicio del mismo 472.000 adultos con hepatitis C crónica, pero la realidad es que se desconocen las cifras reales. "Estos datos se obtienen haciendo medias ponderadas de estudios realizados en población general, pero son de 2002; han pasado 14 años, a muchos de ellos los habremos curado, a partir de 2015 y otros, desgraciadamente, habrán fallecido", resume Planas, que calcula que la prevalencia real de la enfermedad es de "alrededor de 250.000".

Una de las personas que puede ayudar a responder a esta pregunta es Berenguer, que lidera un estudio de detección de hepatitis C oculta en población general. A esta hepatóloga le sorprendió un trabajo presentado en un reciente congreso. En él, se buscó el virus en pacientes que se sometían a una colonoscopia, personas que, teóricamente, tendrían que tener una prevalencia más alta de la dolencia, al pertenecer al grupo de los babyboomers, la generación que creció cuando aún no había controles en las transfusiones sanguíneas y la adquisición del virus era mucho más fácil. Sin embargo, los resultados de dicho estudio demostraron una presencia mucho menor de lo que se esperaba, lo que contradice todas las creencias hasta la fecha.

La realidad es que no se sabe cuántos afectados por hepatitis C hay, lo que tiene implicaciones tanto económicas como sociales. El problema reside en las personas que adquirieron el virus hace años, ya que los focos de transmisión actual están muy localizados y se centran en prisiones, usuarios de drogas por vía parenteral y hombres que practican sexo con hombres sin precauciones, especialmente si están coinfectados con el VIH. 

Precio y elección de fármacos

Los medicamentos innovadores para la hepatitis C saltaron a los medios de comunicación por dos motivos: el primero, su incuestionable eficacia, que revolucionaba las opciones de curación existentes hasta la fecha; el segundo, su precio, que retrasó su aplicación y colocó en el disparadero a los laboratorios fabricantes, especialmente a Gilead, el autor del primero de ellos -Sovaldi-.

En menos de dos años, el coste de estos fármacos se ha reducido a más de la mitad, desde los aproximadamente 50.000 euros de inicio a los "entre 13.000 y 14.000" de la actualidad. "Yo creo que el precio se bajó precisamente por la polémica", destaca Berenguer. "El tratamiento sigue siendo caro, aunque España tiene de los precios más bajos de Europa", subraya por su parte García-Samaniego.

Los hepatólogos destacan que sí hay ciertas diferencias de precio entre las opciones terapéuticas disponibles en la actualidad: varias combinaciones de fármacos, que puedes administrarse desde en un comprimido diario durante sólo dos meses -para los casos más leves- hasta en combinación con uno de los medicamentos antiguos -la ribavirina- durante seis meses.

"El precio no es el factor más importante, pero influye", reconocen los médicos, que señalan que, en esto, también hay desigualdades entre las comunidades autónomas e incluso distintos hospitales. Algunos de los fabricantes, como Abbvie y Gilead, explican, tienen incluso acuerdos de precio variable según el volumen de fármacos que vendan.

El futuro

Aunque la principal prioridad cuando se estableció el Plan era tratar cuanto antes a los afectados más graves por la enfermedad, los médicos destacan que un paciente curado no siempre lo está del todo, sobre todo si estaban peor en el momento de recibir el tratamiento.

"El que tiene una enfermedad muy avanzada no se puede ir del sistema sanitario", reconoce Berenguer que, no obstante, señala que ella ha dado "muchas altas" desde que se puso en marcha el Plan. El riesgo de cáncer de hígado disminuye mucho cuando se erradica el virus, pero no desaparece del todo; queda un riesgo bajo residual que obliga a hacer ecografías cada seis meses a los afectados, con el objetivo de detectar precozmente un tumor hepático si éste se produjera. 

Sin embargo, existe otro aspecto menos conocido que atañe a los afectados por hepatitis C y tiene mucho que ver con su futuro. "El problema es que la gente piensa que todo lo que le pasa a su hígado está relacionado con el virus C, pero eso no es todo", resumen Berenguer ante el gesto de asentimiento del resto de los médicos.

La grasa y el alcohol son factores muy dañinos para este órgano que, aunque se ha librado del virus, sigue siendo susceptible. "Los pacientes se relajan, engordan y vuelven a beber", destacan y apuntan a la necesidad de difundir este mensaje: "Esto sí que es prevención; prevención secundaria", concluyen. 

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