La guerra contra la sífilis ha sido de las más largas de la historia. Desde que se detectaron los primeros casos, a la vuelta de la conquista de América, hasta que se empezó a fabricar la penicilina de forma industrial, pasaron casi cinco siglos. Sin embargo, una vez que se logró vencer, la enfermedad dista de haber desaparecido. 

Como recuerda el portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC) Fernando Vázquez, los casos han aumentado hasta ocho por 100.000 habitantes, sobre todo en el colectivo de hombres que practican sexo con hombres. Se ha empezado a registrar incluso sífilis congénita, en recién nacidos.

Las razones detrás de este aumento no están claras: Vázquez lo achaca a la pérdida del miedo y al desconocimiento. Aunque el preservativo no es tan eficaz en la prevención del organismo que causa la sífilis como en la del VIH, la gente "lo utiliza poco y mal". 

Para acabar con esta situación, nada mejor que echar la vista atrás. Como recordó este miércoles el catedrático de Historia de la Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid, Javier Puerto, en una conferencia organizada por la Fundación Ciencias de la Salud, la historia de la sífilis es la del triunfo de la razón. Quizás también sea lo que puede contribuir a su desaparición. 

NO HAY CONTAGIO

A pesar de la "leyenda negra" que ha atribuido el origen de la sífilis a Europa, las últimas investigaciones parecen establecer que la enfermedad vino de América y, en concreto, de algún tripulante de los primeros viajes de Cristobal Colon. Hay quien dice incluso que el propio descubridor padeció la patología. 

Poco importaba esto en el Renacimiento. Sólo se veía que había una dolencia que causaba pústulas purulentas y que aún no tenía ni nombre. Como indica Puerto, no se creía en el contagio. "Pensaban que se debía a la putrefacción de un humor [cada uno de los líquidos de un organismo vivo]". 

Sin embargo, algo sospechaban. Luis Lobera de Ávila, el autor delLibro de las cuatro enfermedades cortesanas explica claramente el origen de la sífilis en 1544: se ha de haber tenido conversación o comiendo del mismo plato o durmiendo o sudando junto a determinadas mujeres u hombres. 

PRIMEROS REMEDIOS

En esta misma obra se recogen los primeros remedios que se establecen para la sífilis. En un destacado primer lugar, cómo no, la voluntad de Dios, lo que hace que haya oraciones específicas frente a este mal. En segundo, la influencia astral, ya que se cree que puede haber una serie de fenómenos que pudran el aire.

Lo más curioso viene en el apartado de terapéutica. Como recuerda Puerto, ningún médico que saliera corriendo en una epidemia era considerado un cobarde. La consigna: "Huir rápido, lejos y volver tarde".

Aún así, se probaron algunas alternativas a la escapada. En concreto las purgas y las sangrías, muy utilizadas en aquella época. "Como la sífilis se consideraba una enfermedad nueva se pensó que no se debía de purgar y sangrar tanto; les torturaron un pelín menos", relata el catedrático.

También los saudemios (hacer sudar a los pacientes) eran considerados una alternativa, pero la más original de aquellos tiempos fue la que estableció la lógica de la época. Como la enfermedad era americana, se dedujo, ahí debía de estar la cura, por lo que se empezó a tratar con guayaco y zarzaparrilla.

HISTORIA DE UN NOMBRE

Mientras todo esto sucedía, la sífilis no tenía nombre. Era la peste, distinta a la bubónica, pero una más dentro del término. Esto cambió en 1530, cuando se publicó en Venecia el poema Syphilis sive morbus Gallicus (Sífilis o el mal de los galos). En él se contaba la historia de un personaje de La metamorfosis de Ovidio llamado Syphillus, que retó a Apolo y consiguió su castigo en forma de enfermedad.

Su autor, Girolamo Fracastoro, fue además el primero en establecer que era posible el contagio individual de la patología. 

Más o menos por la misma época vino otro avance, también de otro médico clásico, Paracelso. Desafió a los galenos de la época, que decían que todos los minerales eran veneno, y estableció que podían utilizarse para tratar enfermedades, "siempre que se dulcificaran por medio de la alquimia antes de aplicarlos". De ahí vino el uso del mercurio, ineficaz pero al menos un nuevo intento de pararla. 

Data también de entonces un cotilleo real. Como difundió en su día el médico y humanista Gregorio Marañón, los alquimistas de la la corte de El Escorial de Felipe II trabajaban curiosamente mucho con mercurio y el guayaco también estaba entre sus materiales. ¿Sería el rey una de las muchas víctimas de la enfermedad?

LA REVOLUCIÓN

El primer gran avance hacia la curación de la enfermedad vino del nacimiento de la microbiología, la especialidad que inauguraron Luis Pasteur y Robert Koch y que permitió "empezar a cazar las bacterias y los virus, conocer cómo se produce la dolencia y también cómo prevenirla y atacar a sus vectores". 

Aunque Alfred Fournier hizo la primera descripción metódica de la patología en el siglo XIX, hubo que esperar a 1905 para descubrir su origen. Ese año, Fritz Schaudinn y Erich Hoffmann identifican aTreponema pallidum, el agente causante de la sífilis. El fin de la enfermedad se vislumbraba. 

Pronto empezaron los intentos de acabar con el microorganismo. Uno de los pioneros en su caza es Paul Ehrlich, que inventó el concepto de bala mágica. "Lo sacó de la ópera El cazador furtivo, según la cual había una bala que podía matar al parásito sin dañar al huésped", comenta Puerto. 

El científico polaco empezó a probar candidatos a bala mágica: primero el salvarsan 606 y después el neosalvarsan. Aunque mostraban "un cierto éxito", la enfermedad seguía siendo grave. 

Y LLEGÓ LA PENICILINA

Pero lo que realmente acabó con el panorama de la sífilis fue la penicilina, descubierta por el británico Alexander Fleming en 1928. "Lo raro es que no tenga ningún monumento en los prostíbulos", bromea el catedrático de Historia de la Farmacia. 

Hubo que esperar más de una década hasta que se encontró una forma de producirla en masa y algo más para que se abaratara. Coincidió con la II Guerra Mundial. "Cuando pregunto a mis alumnos para qué sirve la ciencia, la mayoría me contesta que para curar a las personas; la verdadera respuesta es que a lo largo de la historia ha servido para la guerra", señala Puerto.

Desde entonces, la penicilina sigue siendo el tratamiento de elección para la sífilis, como reconoce el portavoz de la SEIMC. "Se aplica en inyecciones semanales y la dosis y la duración dependen del estadio de la enfermedad; es una terapia cuya eficacia está muy establecida", concluye Vázquez.

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