P. G. Santos
Publicada
Las claves

La patata es un alimento que ocupa un lugar habitual en las cocinas españolas y en las de medio mundo. Su versatilidad permite hervirla, asarla, freírla o incorporarla a numerosos platos, pero conservarla correctamente resulta tan importante como elegir cómo cocinarla.

La doctora en Farmacia y nutricionista Marian García, conocida popularmente como Boticaria García, ha puesto el foco precisamente en este detalle cotidiano. A través de sus redes sociales, advierte de un error frecuente: guardar las patatas dentro del frigorífico.

Aunque pueda parecer una solución lógica para prolongar su conservación, el frío intenso no es el mejor aliado de este tubérculo. Según explica la divulgadora, las patatas necesitan condiciones concretas para mantenerse adecuadamente antes de llegar al plato familiar.

Su recomendación es sencilla: mantenerlas fuera de la nevera y buscar un espacio fresco y estable, seco, oscuro y ventilado. La propia García recurre al humor para describirlo: las patatas quieren vivir "como un vampiro", lejos del calor.

Cuál es el motivo

El motivo está relacionado con el almidón. Cuando las patatas permanecen a temperaturas demasiado bajas, parte de este compuesto puede transformarse en azúcares. El cambio adquiere especial relevancia cuando posteriormente se someten a temperaturas elevadas durante la cocción.

Al freír, asar o tostar una patata con mayor cantidad de azúcares disponibles, puede favorecerse la formación de acrilamida, un compuesto que conviene reducir en la alimentación. Por eso, la especialista aconseja evitar condiciones de almacenamiento que puedan favorecer ese proceso.

La acrilamida se genera principalmente durante determinadas cocciones a altas temperaturas y está relacionada con procesos potencialmente perjudiciales para la salud. García recalca, sin embargo, que una patata refrigerada no representa una emergencia, simplemente es preferible reducir factores evitables.

El almacenamiento tampoco debería hacerse junto a una ventana soleada, una fuente de calor o el horno. La luz favorece la producción de glicoalcaloides y estimula la formación de clorofila, haciendo que la superficie del tubérculo adquiera tonos verdes.

Ese cambio de color no debe interpretarse únicamente como una cuestión estética. La exposición a la luz puede incrementar compuestos naturales de defensa de la patata, por lo que conservarla protegida y alejada de la iluminación directa resulta recomendable.

También importa el recipiente. Boticaria García desaconseja introducir las patatas en bolsas cerradas de plástico, porque además necesitan ventilación. Un ambiente sin circulación de aire puede favorecer la humedad y acelerar su deterioro, algo especialmente relevante cuando permanecen almacenadas.

La solución, por tanto, no requiere aparatos especiales ni trucos complicados ni costosos. Basta con buscar un lugar que reúna oscuridad, sequedad, frescor y ventilación, evitando simultáneamente el frigorífico, el sol directo y las fuentes de calor.

La recomendación cobra especial importancia cuando las temperaturas aún son altas y el calor puede llevar a buscar el frigorífico como refugio para numerosos alimentos. Sin embargo, en el caso de las patatas, trasladarlas al frío puede alterar las condiciones que favorecen una conservación más adecuada.

La patata sigue siendo un alimento versátil y nutritivo, pero su conservación también forma parte de una alimentación segura. Como resume Boticaria García con su habitual tono divulgativo, las patatas son "vampiras": mejor oscuridad, aire y frescor que nevera.