El desayuno saludable no tiene por qué empezar con una tostada. Sandra Moñino, dietista y nutricionista, defiende una alternativa más rica en proteínas y saciante: huevos revueltos, tortilla francesa o incluso fiambre magro, acompañados de alimentos frescos y enteros.
La recomendación rompe con una costumbre profundamente arraigada en España, donde el pan suele ocupar un lugar protagonista en la primera comida. Sin embargo, la experta considera que priorizar proteínas puede resultar más interesante que recurrir diariamente a tostadas.
Moñino ha explicado esta preferencia en el podcast Con jengibre y limón, donde también abordó los criterios para escoger un pan saludable. Su mensaje es bastante claro: si hay que elegir, prefiere una tortilla francesa, unos huevos revueltos o huevos a la plancha.
La nutricionista, graduada en la Universidad de Alicante y especializada en nutrición integrativa, sostiene que el problema no es únicamente comer pan, sino qué pan se consume y con qué frecuencia. Por eso recomienda limitar las variedades blancas y refinadas.
Vegetales, proteínas y grasas
Su propuesta encaja con las recomendaciones de Monique Tello, médica de Harvard, que apuesta por desayunos centrados en alimentos de bajo índice glucémico y por reducir azúcares simples y grasas de mala calidad en la primera comida del día.
En ese desayuno, explica Tello, deberían aparecer vegetales, preferentemente frutas enteras, además de cereales integrales o granos poco procesados. También tienen cabida proteínas saludables, como huevos, y grasas de buena calidad, como el aceite de oliva virgen extra.
Moñino pone el foco precisamente en la proteína. Frente a unas simples tostadas, considera que unos huevos pueden ofrecer una opción más completa y saciante. Para ella, además, esta elección resulta especialmente práctica cuando se desayuna fuera de casa.
La experta también habla del pan que escogería si se quiere mantener este alimento en la dieta. Su primera opción es el trigo sarraceno germinado y elaborado con masa madre, por su contenido en proteínas, carbohidratos complejos y fibra.
Después sitúa los panes de trigo sarraceno y quinoa, seguidos por los elaborados con harina de avena. También contempla espelta integral y centeno integral, mientras que deja para el final los panes de maíz, arroz integral y trigo integral.
Para identificar un pan realmente integral, Moñino recomienda preguntar al panadero qué porcentaje de harina integral contiene. Su referencia es clara: lo ideal sería 100% integral y, si no, alcanzara al menos setenta u ochenta por ciento.
La nutricionista cuestiona algunos productos que se venden como alternativas aparentemente saludables.
En su opinión, además, las fermentaciones demasiado cortas y determinados ingredientes pueden empeorar la calidad nutricional de algunos panes industriales, especialmente cuando se consumen de forma habitual.
En el caso de los desayunos sin gluten, Moñino tampoco apuesta necesariamente por sustituir una tostada por otra industrial. Como persona celíaca, asegura que a menudo prefiere una tortilla o huevos revueltos antes de recurrir al pan sin gluten.
Así, su desayuno perfecto no consiste en eliminar todos los carbohidratos, sino en cambiar prioridades. Proteínas, alimentos vegetales, grasas saludables y cereales integrales pueden formar una primera comida más completa, mientras las tostadas dejan de ser imprescindibles cada mañana.
