Las varices, venas dilatadas y torcidas que suelen aparecer principalmente en las piernas, no solo representan un problema estético para muchas personas, sino que también pueden causar molestias y ser indicativo de problemas circulatorios subyacentes. Afortunadamente, ciertas vitaminas y nutrientes en la dieta pueden ayudar a mejorar la circulación sanguínea y prevenir la formación de varices.

Vitamina C

La vitamina C es esencial para la salud de los vasos sanguíneos. Este potente antioxidante ayuda en la producción de colágeno y elastina, proteínas clave para mantener las venas fuertes y flexibles, reduciendo así el riesgo de varices. Un estudio publicado en Phlebology sugiere que la vitamina C, junto con los flavonoides, puede mejorar la salud venosa y reducir los síntomas de las varices. Alimentos ricos en vitamina C incluyen cítricos como naranjas y limones, fresas, kiwi, pimientos rojos y verdes, y brócoli.

Además, los flavonoides presentes en el chocolate negro, las bayas y el té verde, tienen efectos antioxidantes y antiinflamatorios que benefician la salud vascular, mejorando así la circulación y fortaleciendo las paredes de los vasos sanguíneos.

También otra investigación publicada en The American Journal of Clinical Nutrition encontró que el consumo de vitamina C está asociado con una mejor función endotelial y una reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares. Esto sugiere que la vitamina C puede jugar un papel importante en la mejora de la circulación sanguínea y la prevención de condiciones como las varices.

Vitamina E

La vitamina E es otro antioxidante que juega un papel crucial en la prevención de la oxidación del colesterol LDL (colesterol 'malo'), lo que puede contribuir a la salud arterial y venosa. Su propiedad de afinar la sangre puede mejorar la circulación y prevenir coágulos que podrían llevar a complicaciones venosas.

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Las semillas de girasol, el tomate, las almendras, las nueces, almendras, avellanas y verduras de hoja verde son excelentes fuentes de vitamina E. También es conocida por su efecto anticoagulante, ayuda a prevenir la formación de coágulos que pueden obstruir los vasos sanguíneos y complicar las varices.

Vitamina B

El complejo de vitamina B, especialmente la vitamina B3 (niacina), ha mostrado ser eficaz en la mejora de la circulación sanguínea. Este nutriente es fundamental para fortalecer los vasos sanguíneos y aumentar el flujo sanguíneo, además de reducir la inflamación. De hecho, la niacina aumenta los niveles del colesterol HDL (colesterol 'bueno') y ayuda a relajar y expandir las venas y arterias, mejorando así la circulación.

Alimentos como el pollo, el atún, los aguacates, las legumbres como las lentejas y la remolacha son excelentes fuentes de niacina y su consumo regular puede contribuir significativamente a prevenir la formación de varices, haciendo que la sangre circule más eficientemente hacia el corazón.

Vitamina K

La vitamina K es crucial para la coagulación de la sangre, pero también juega un papel importante en el mantenimiento de la elasticidad de las venas. Su deficiencia puede resultar en hemorragias y problemas circulatorios. Pero sus propiedades van más allá, en un estudio en el Journal of Vascular Research encontró que la vitamina K puede ayudar a prevenir la calcificación de las arterias y venas.

Para consumir la necesaria, los alimentos ricos en vitamina K incluyen vegetales de hoja verde como espinacas, col rizada, lechuga y brócoli, así como aceite de soja y de oliva.

Magnesio

Más allá de las vitaminas, el magnesio juega un rol vital en la prevención de las varices al relajar los vasos sanguíneos y también ayuda a relajar los músculos, mejorando así la circulación sanguínea. Un déficit de magnesio puede conducir a un endurecimiento de las arterias, lo que puede empeorar los problemas circulatorios. Para añadirlo a la dieta diaria, los alimentos ricos en magnesio incluyen espinacas, almendras, aguacates, plátanos y chocolate negro.

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"Los síntomas iniciales de la deficiencia de magnesio suelen incluir fatiga, pérdida de apetito, espasmos musculares, náuseas, rigidez y debilidad, los cuales pueden ser difíciles de diagnosticar ya que son comunes a varias condiciones de salud", advierte María Ángeles Escribano, nutricionista-dietista en un hospital de Valencia.

Una situación que si no se revierte a través de la alimentación (o los suplementos si así lo dictamina un médico) puede llevar a problemas más graves como ritmos cardíacos anormales, entumecimiento y hormigueo, cambios en la personalidad y convulsiones.

Omega-3

Los ácidos grasos omega-3, encontrados en el salmón, la caballa, las sardinas y las semillas de chía, las nueces y el aceite de oliva, son conocidos por sus propiedades antiinflamatorias. Estos nutrientes esenciales ayudan a mejorar la circulación sanguínea y a reducir el riesgo de varices, manteniendo las venas y arterias libres de inflamación.

Este ácido graso esencial también tiene unas propiedades que han sido analizadas por distintas investigaciones como la publicada en Atherosclerosis, que mostró que el omega-3 puede ayudar a reducir la agregación plaquetaria, mejorando así la circulación.

Selenio y zinc

El selenio, un mineral traza, es decir, que se necesita en unidades muy pequeñas, también puede ayudar a proteger los vasos sanguíneos de los daños oxidativos y mejorar la salud del corazón y la circulación. Las nueces de Brasil, los mariscos, y los huevos son buenas fuentes de selenio.

En cuanto al zinc, este nutriente es esencial para mantener la salud de las venas y puede ayudar a reparar los tejidos dañados. Este se encuentra en las carnes rojas, las semillas de calabaza, y los guisantes son ricos en zinc.

"Que no se nos olvide que la ingestión adecuada de agua es fundamental para mantener una buena circulación sanguínea, ya que esta ayuda a mantener la sangre fluida y facilita su circulación a través de los vasos sanguíneos, reduciendo la presión sobre las venas y minimizando el riesgo de varices", apunta Escribano.