Recuerdo cuando era niño y mi abuela hacía los domingos una rica paella para toda la familia. Con el tiempo, la mujer, siguiendo las oportunas recomendaciones médicas, fue añadiendo menos sal, hasta que, al final, no le añadía ni una pizca. Aunque seguía estando buena, el sabor perdía intensidad, algo que todos los comensales intentábamos solventar echándole un poquito del blanco mineral. Seguro que esto, de una u otra forma, lo han vivido muchos de los lectores. Y es que, la expresión "el médico me ha quitado la sal", ha sido, y sigue siendo muy, pero que muy frecuente.

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Lo cierto es que la sal es vista, por lo general, como un enemigo de la buena salud. O más bien, su exceso, ya que, el sodio que contiene juega un importante papel en nuestro organismo. Es muy conocida la indicación de la OMS, que aconseja reducir la ingesta de sodio a no más de 2 gramos al día, el equivalente a 5 gramos de sal. Incluso un estudio de Harvard, del que ya hablamos en su momento, señaló que la sal es uno de los principales factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Dejar la sal, sin duda, es una buena opción. Los beneficios que genera al organismo son muchos y visibles casi desde el primer momento. Sin embargo, es cierto que también es muy difícil lograr una dieta sin nada de sodio. Podemos evitar el sodio añadido, pero lo cierto es que hay muchos alimentos, algunos de ellos muy sanos, que lo contienen de forma natural. Este es el caso, por ejemplo, de la acelga, el apio o la espinaca, con entre 550 y 150 miligramos por cada 100 gramos de producto.

Presión arterial controlada

Se estima que la prevalencia de hipertensión en la población general ha aumentado enormemente, que se sitúa en torno al 30% de la población mundial. Como es bien sabido, y confirman muchos estudios, una ingesta alta de sodio aumenta los niveles de presión arterial y tiene un efecto adverso en las arterias, el corazón y los vasos sanguíneos a largo plazo.

Previene enfermedades cardíacas

Dado que la dieta baja en sal mantiene la presión arterial bajo control, las posibilidades de sufrir un ataque cardíaco, un derrame cerebral y enfermedades cardíacas disminuyen significativamente. Según un estudio publicado en el British Medical Journal (BMJ), las personas con prehipertensión que tenían una dieta baja en sodio como parte de la intervención durante el experimento, tenían un 25% menos de riesgo de resultados cardiovasculares en los 10 años después del experimento. Además, también se demostró una mejor recuperación tras un infarto o una intervención quirúrgica del corazón.

Adiós a la hinchazón

La sal es enemiga del sistema digestivo. Esto se debe a que una ingesta elevada de sal conduce a la retención de agua en las células. La consecuencia de ello es la hinchazón, algo que, además se refleja en el exterior, en especial en la zona facial. Por tanto, dejar de comer sal ayudará a evitar estos efectos que, además de poco saludables, no son demasiado estéticos.

Reduce el riesgo de cáncer

Existen estudios que sugieren, cada vez de forma más sólida, que una dieta rica en sal aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de estómago. La razón se atribuye principalmente al daño que la sal puede causar en el revestimiento interno de nuestro estómago. Por tanto, quitarnos la sal puede ser una buena medida de prevención de esta enfermedad.

Mejora la salud ósea

El calcio es un elemento fundamental en nuestro aparato esquelético, algo que todos sabemos porque los hemos escuchado hasta la saciedad. Sin embargo, cada vez que orinamos, perdemos una parte de este macronutriente. Perder más o menos calcio depende de la cantidad de sodio en nuestro cuerpo. Si se rebaja o elimina la sal en la dieta, la cantidad de calcio que se pierde al orinar será menor. En consecuencia, disminuirán las posibilidades de desarrollar enfermedades óseas como la osteoporosis.

Riñones sanos

La ingesta alta de sal obliga a los riñones a realizar un esfuerzo extra para poder eliminar la sal del cuerpo. Por tanto, evitar la sal será un alivio para este importante órgano, ya que podrá realizar sus funciones con mayor facilidad. Además, relacionado con la pérdida de calcio al miccionar, aumenta el riesgo de cálculos y otras enfermedades renales. Un riesgo que se puede evitar con un menor consumo de sal.

Más sangre en el cerebro

La ingesta alta de sal se ha relacionado con una función cerebral deficiente, donde las arterias que llevan sangre al cerebro se bloquean o contraen, lo que provoca una disminución del suministro de sangre. Además, también puede aumentar el estrés oxidativo y la presión arterial en el cerebro, lo que puede afectar significativamente a su salud del cerebro. Esto no solo puede afectar la función cerebral, sino que también puede ponerlo en riesgo de sufrir anomalías cognitivas.

Un mundo de sabores

Demasiada sal en los alimentos hace que tengamos problemas para distinguir y disfrutar de una amplia gama de sabores. Sustituir la sal con otras especias o condimentos puede no solo ser mucho más sano, sino que también ayudará a conocer toda una variedad de sabores agradables que, quizás, desconocíamos.

Muchas especias son una excelente alternativas a la sal, y más saludables. Pxhere

Algunos riesgos

A pesar de que, por lo general, los beneficios son muchos. Reducir el consumo de sal puede suponer, en ocasiones, algunos problemas. El motivo es que el cuerpo necesita sodio. Y aunque, como hemos señalado, este se encuentra de forma natural en algunos alimentos, no tomar el suficiente puede generar algún que otro problema.

El sodio es un electrolito que cumple importantes funciones, como facilitar los impulsos nerviosos y regular las funciones corporales como la frecuencia cardíaca, la digestión, la respiración, la actividad cerebral y la presión arterial. El sodio ayuda a mantener el equilibrio de líquidos dentro y alrededor de las células y ayuda a regular la función nerviosa y muscular.

La deficiencia de sodio genera un trastorno conocido como hiponatremia, con síntomas que van desde calambres musculares, náuseas, vómitos y mareos hasta shock, coma y, en casos extremos, la muerte.

Existen algunos tipos de personas más propensas a esta situación. Uno de ellos, los deportistas, que por su propia naturaleza pueden perder cantidades ingentes de sodio por el sudor o por beber mucha agua, lo que diluye la concentración de sodio en su cuerpo.

También existen otras condiciones que pueden causar hiponatremia ya sea agotando el nivel de líquido o causando la retención excesiva de líquidos. Esto es especialmente cierto entre los adultos mayores con algunas condiciones médicas, tales como enfermedad renal crónica, cirrosis, insuficiencia cardíaca congestiva, tratamiento con diuréticos, hipotiroidismo, cáncer de pulmón y tumores secundarios de las glándulas suprarrenales, entre otras.