Una de las dietas que se utilizan para perder peso y grasa, es la dieta hipocalórica o bajas en calorías. Son dietas en la que se trata de comer, fundamentalmente, alimentos variados y bajos en calorías y cocinarlos con técnicas de cocinado sencillas que no aporten más grasa de la necesaria. Sin embargo, como la mayoría de dietas, las bajas en calorías también fallan. Y los motivos son más sencillos de entender de lo que pensamos. La clave: las dietas no nos gustan. 

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Uno de los primeros obstáculos se presenta ya en la propia palabra "dieta". Y así lo explica a EL ESPAÑOL Alfonso Méndez, psicólogo y Director de la Unidad de Obesidad y Sobrepeso de Instituto Centta. "La palabra dieta está asociada a conceptos como el de temporalidad (una dieta tiene que durar un determinado periodo), restricción -en una dieta no se puede comer de todo y siempre hay alimentos que deben ser sacrificados- o sufrimiento, porque en las dietas se termina sufriendo. Con estos antecedentes, es muy difícil que se tenga éxito en nuestro cometido. Cuanto mayor distancia exista entre nuestra forma de comer y la que nos dice nuestra dieta, mayor probabilidad de fracaso".  

Por ello es importante que, para cumplir una dieta, en este caso una dieta baja en calorías, "los objetivos tienen que ser alcanzables porque si no corremos el riesgo de dejarnos invadir por la frustración. Se llega más lejos cuando damos pasos cortos y seguros sobre terreno fiable, que no grandes zancadas sobre terreno inestable", añade el experto. "No se trata de cambiar radicalmente todos los lunes nuestra forma de comer, sino de analizar qué cosas podemos ir cambiando poco a poco, e ir introduciendo lentamente esos cambios". 

Lo que hay en la dieta no nos gusta

El éxito y el fracaso de las dietas hipocalóricas se encuentran en la misma palabra. "Según han mostrado diferentes estudios científicos, el fracaso de las dietas está fundamentalmente, en la falta de adherencia. Porque su éxito es precisamente la adherencia", afirma la dietista-nutricionista Paloma Quitana, CEO de Nutrición con Q®.

Uno de los motivos principales de la falta de adherencia, es decir, de que las dietas bajas en calorías no se mantengan en el tiempo, es porque la persona pone el foco únicamente en las calorías de los alimentos y no en los alimentos que le gustan. "Lo importante de las dietas es que nos gusten, que nos gusten los alimentos que haya en ellas y que se amolde a nuestro estilo de vida, que nos sintamos a gusto con la dieta que se está llevando", asegura la experta. En ocasiones, no se trata sólo de alimentos en sí, sino de cambiar también ciertos hábitos como el sueño, el alcohol, el ejercicio… Y no centrarnos sólo en que la dieta sea baja en calorías.

Otro de los motivos, mejor dicho otros de los dos motivos principales de esa falta de adherencia se explican a nivel fisiológico. Según Quintana, en primer lugar, no es sostenible a nivel fisiológico pasar hambre y muchas veces en este tipo de dietas hipocalóricas mal planificadas, se pasa hambre. Y fisiológicamente, el cuerpo tiene armas y herramientas para que no pasemos hambre. Y en segundo lugar, por una cuestión de termogénesis adaptativa, "cuando sometemos a nuestro organismo a una baja ingesta mucho tiempo, se adapta y nuestro gasto basal y total se reduce", explica la nutricionista. Mantener durante mucho tiempo esa dieta baja en calorías hará que nos movamos menos, que estemos más sedentarios o que incluso, podamos dormir peor.   

Calidad nutricional y saciedad 

Es clave por tanto, planificar bien el menú o la dieta en base a estos factores: a las necesidades y gustos de cada persona; a que no se pase hambre y a que esa persona no se sienta baja de energía. "Hay que realizar estrategias para paliar los motivos del fracaso de las dietas hipocalóricas sostenidas como hacer descansos", aconseja Quintana.  

Por ejemplo, un día cada 15 esa persona puede hacer comidas más cargadas de energía, con más calorías, y no tienen porqué ser alimentos insanos. Un arroz o paella, por ejemplo. Que una vez cada 15 días se tome un buen plato de paella y si le apetece un helado de postre, se lo tome. Que haya un día de cierto descanso. O que incluso haya varios días o una temporada en la que la dieta no sea tan baja en calorías. 

Es fundamental fijarnos en la calidad nutricional de los alimentos y no sólo en las calorías, pero también en la saciedad que nos produzcan esos alimentos. "Es importante planificar estas dietas para que sean saciantes y ayudar así a que las personas no se queden con hambre", concluye.