Dos moléculas de las denominadas como purinas tienen un efecto protector contra la enfermedad de Parkinson, y una de ellas forma parte de la dieta habitual de la mayoría de adultos del planeta. Nos referimos a la cafeína que, junto con el urato, un componente del ácido úrico, se han visto vinculados a un descenso de la incidencia de este mal neurodegenerativo en poblaciones en los que sus niveles son altos, según datos del Estudio de Biomarcadores de Harvard recogidos en el Journal of Parkinson's Disease (JPD).

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"Tanto la cafeína como el urato poseen propiedades neuroprotectoras a partir del antagonista de receptores de adenosina por un lado, y por la acción antioxidante por el otro", explica el investigador principal Rachit Bakshi, de la Escuela Médica de Harvard y el Departamento de Neurología del Hospital General de Massachusetts. "Ambos suponen un factor de protección en modelos de párkinson en animales, lo que apunta a su potencial para ralentizar el desarrollo de la enfermedad". 

Los investigadores se centraron por tanto en si estos factores de reducción del riesgo se asocian con el párkinson en participantes del Estudio de Biomarcadores de Harvard, una encuesta poblacional de gran tamaño y a largo plazo dirigida a acelerar el descubrimiento y la validación del diagnóstico molecular y los marcadores de progresión relacionados con este mal en su estado temprano. 

Para ello, seleccionaron a 369 individuos con párkinson idiopático y otros 197 sanos para servir de grupo de control. Se midieron sus niveles de urato a partir de plasma sanguíneo que se había recogido en la visita inicial de cada participante a Harvard. A través de un cuestionario semi-cuantitativo, se controló también la cantidad de cafeína ingerida habitualmente en un rango de nueve categorías. qie abarcaba de 'cero' a 'seis o más' tazas diarias de café (incluido descafeinado) y , o de latas de refrescos con cafeína.

El consumo de cafeína se reveló inferior en los pacientes con párkinson idiopático en comparación con los participantes sanos. Las posibilidades de padecer la enfermedad, además, se reducían de forma significativa entre los mayores consumidores de cafeína, hasta un 70%. Los bajos niveles de urato, por otra parte, se relacionaban "fuertemente" con un aumento de riesgo tanto en hombres como en mujeres, un dato importante ya que estudios anteriores habían estratificado este factor por sexos.

"La ventaja de este nuevo estudio tiene que ver con nuestro enfoque robusto, incluyendo una amplia cohorte de pacientes que viven con el párkinson que seguimos de cerca, así como el completo abanico de medidas a partir de los resultados", explica un coeditor, el profesor Bas Bloem. "Es importante como base para desarrollar futuros enfoques terapéuticos basados en la reducción del avance de esta enfermedad, por otra parte, implacable".

Sin embargo, como señalan, un reciente estudio clínico para probar un tratamiento que eleva los niveles de urato no se ha demostrado efectivo en pacientes transcurridos meses e incluso años. Tampoco se han realizado ensayos sobre el consumo de cafeína, pero los estudios observacionales apuntan a que el café tomado diariamente tiene efectos protectores sobre la salud en general, al igual que el , lo que no se puede decir del ácido úrico. Por tanto, los autores solo pueden recomendar por el momento que no dejemos de tomar estas bebidas si forman parte de nuestra dieta.

El párkinson, una afectación progresiva que afecta al movimiento, al control de los músculos y al equilibrio, es la segunda enfermedad neurodegenerativa más común ligada a la edad, afectando al 3% de quienes cumplen los 65 y al 5% de los que superan los 85. "Identificar los factores que apuntan a una reducción del riesgo de sufrir la Enfermedad de Párkinson, como puede ser el consumo de cafeína, ofrece oportunidades únicas para entender la enfermedad. Y si el vínculo fuera causal, para frenarla", concluye Bakshi.