Berlín

Ruari Fairbairns, un ex broker del sector energético, es el fundador de la iniciativa One Year No Beer o Un año sin cerveza, con la que se suma a la comunidad de aquellos que pretenden transformar la vida de los demás ayudándoles a dejar de beber alcohol.

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La cerveza es, para muchos, una habitual compañera de mesa a la hora de la tapa, las comidas, el tardeo, la hora del aperitivo, las cenas y las salidas nocturnas. Suena quijotesco romper con este tipo de relaciones con la cerveza u otras bebidas alcohólicas, pero eso es justamente la misión que se ha puesto el británico Ruari Fairbairns. Él es el fundador de OYNB, siglas inglesas de One Year No Bear . 

OYNB es un programa que anima y ayuda a sus usuarios a dejar, aunque sea temporalmente, las bebidas alcohólicas. El principal reclamo que Fairbairns hace para ofrecer su programa es el de las mejoras en la salud que experimentan quienes aparcan los placeres etílicos. Fairbairns habla por experiencia propia. "Yo hice carrera en Londres como broker en el mercado del petróleo, un trabajo que es sinónimo de participar en eventos donde se bebe. Beber es parte esencial del trabajo. Yo tuve mucho éxito como broker", cuenta Fairbairns a EL ESPAÑOL. 

Ruari Fairbairns, fundador de la iniciativa.

Con ese trabajo, este escocés que está a punto de cumplir los cuarenta años, llegó a ver la bebida como un problema. Pero alejarse de ella también era algo problemático. "En 2013, después de haber empezado a hacer meditación y a darme cuenta de lo importante que se había vuelto la bebida en mi vida, le comenté a mi jefe que iba a romper con el alcohol. Él me advirtió: 'vas a cometer un suicidio comercial si no bebes'", rememora Fairbairns. Al final, pasó de su jefe. "Le llevé la contraria. En seguida, mi vida empezó a mejorar, me sentía más en forma, estaba más sano, era más rápido, más feliz, mejor padre, mejor marido", asegura.

Pasó dos años sin probar ni una gota de alcohol. En ese tiempo conoció a Andy Ramage, otro broker quien también estaba probando vivir una temporada sin probar ni gota de alcohol. Ambos coincidían en lo sensacional que resultaba esa nueva vida alejada de las bebidas alcohólicas. Fue entonces cuando pensaron en crear OYNB.

"En 2016 lanzamos el programa para dejar de beber, primero fue gratis, para así tener mucho impacto", dice Fairbairns. "Pero claro, lo gratis nunca es gratis, nos costó mucho dinero, aunque vimos que servía. En poco tiempo teníamos a unas 20.000 personas de todo el mundo inscritas. Había gente siguiéndonos de todas partes: de China, la India, Brasil, Portugal...", añade.

Hoy la comunidad a la que llega OYNB la componen unas 60.000 personas, según datos internos de la compañía que han terminado creando Fairbairns y Ramage. Toda esa gente ha aceptado uno de los "retos" que plantean Fairbairns y compañía. A saber, estar 28, 90 ó 365 días sin beber. Esos son los tres "programas" que ofrecen en OYNB. En ellos, los miembros que deciden pagar por formar parte de esa comunidad reciben, principalmente a través de newsletters y vídeos diarios, mensajes de apoyo para enfrentarse al estar alejado del alcohol.

Fairbairns y Ramage han creado, con esa comunidad de 60.000 personas, "un organismo vivo de gente que te ayuda". "Cuando escribes en nuestro foro tus problemas ante, por ejemplo, la aparición de un repentino e irrefrenable deseo de beber alcohol, recibes unos, pongamos, 140 comentarios de gente que te anima a seguir sin beber, que te da consejos y demás", explica Fairbairns. Tenemos un sistema de likes que permite a quienes los recibe segregar dopamina, por lo que ante un deseo así de volver a beber, te acabas sintiendo bien sin necesidad de beber. Eso es el poder de tener a una tribu", añade, aludiendo a la hormona que libera el hipotálamo y cuyos efectos están asociados a la sensación del placer, entre otras cosas.

Beneficios para la salud de sólo un mes sin beber alcohol

OYNB apenas lleva tres años funcionando, pero sus responsables ya mantienen algunos contactos con la comunidad científica. A Fairbairns le interesa que los científicos cuantifiquen los beneficios de aparcar las botellas de alcohol, aunque sólo sea temporalmente. 

A él ya le sirven de ejemplo sobre la conveniencia de los fines que persigue estudios como el que realizara en 2015 el profesor Kevin Moore, del University College de Londres. Moore prohibió a los 102 participantes del estudio beber alcohol durante un mes. Detectó en ellos, transcurrido ese tiempo, "mejoras sustanciales en varios parámetros del hígado, la presión sanguínea, el colesterol y el sueño", según decía Moore en unas declaraciones recogidas por el diario británico The Daily Telegraph. "Si uno se tomara un medicamento que redujera la presión sanguínea y mejorara los niveles de colesterol y de resistencia a la insulina, ese medicamento sería un superventas que valdría millones", manifestaba Moore. Para Fairbairns, ese medicamento está al alcance de muchos. No tiene forma de cápsula ni de comprimido ni está contenido en un sobrecito con polvos. Consiste en dejar de beber.

"Si no bebes mucho, pruébalo. ¿Por qué no? Va a ser fácil, y puede cambiar tu vida", plantea Fairbairns. Entre los testimonios que él cita de los miembros de su comunidad figura el de una mujer que bebía un único vaso de vino al día. "Ella sufría ansiedad, estaba viendo médicos y tomaba mediación, pero empezó nuestro desafío sin alcohol y todo eso desapareció", cuenta. Hay historias de sus usuarios que van mucho más allá. "Tenemos la historia de un hombre que, con su mujer, querían tener hijos y no lo lograban. Tuvieron cinco abortos no deseados. Parecía que ella nunca podría tener hijos de forma natural. Pero un día empezaron nuestro challenge, hicieron 100 días de programa sin alcohol y ella se quedó embarazada", narra.

Más allá de Alcohólicos Anónimos

Con todo, en OYNB reconocen que su programa no está diseñado para "cambiar la relación con el alcohol" de quienes son adictos a esa sustancia. "Si eres un bebedor de verdad, nuestro programa no es para ti. Este tipo de personas necesitan más apoyo del que nosotros podemos dar. Hay serios bebedores que presentan otros problemas ante los cuales nosotros no podemos ayudar", asume Fairbairns. 

Sin embargo, OYNB ya forma parte del conjunto de iniciativas que en todo el mundo vienen a completar la comunidad de ayuda internacional que es Alcohólicos Anónimos. Entre ellos se llaman "competidores entre comillas", porque, según Fairbairns, realmente no hay competencia. "Nosotros mencionamos en nuestro programa las actividad de This Naked Mind, una iniciativa de la autora estadounidense Annie Grace que también ayuda a dejar el alcohol, o Hello Sunday Morning", abunda Fairbairns, aludiendo un programa australiano de idénticos fines. 

"En realidad, todos queremos hacer lo mismo: educar a la sociedad. Queremos ayudar a 2.700 millones de personas a hacerles saber que no necesitan beber y que el alcohol es básicamente un veneno", explica Fairbairns. Ese veneno, a su entender, está impreso en nuestra cultura y en los usos y costumbres de la sociedad, lo que favorece la existencia de condicionamientos en los comportamientos que llevan al consumo de alcohol. 

"Hay mucha presión cultural en asociar el alcohol con otros productos. Por ejemplo, comer carne roja acompañándola de un vaso de vino. Uno puede creer que necesita ambas cosas o simplemente apetece vino al comer carne roja. Pero no, cuando se es niño no apetece comer carne roja y beber vino. Ese deseo es algo cultural, es algo aprendido, y se puede desaprender", expone Fairbairns. Por otro lado, hay una presión social que anima a beber y con la que se supone ayudan a lidiar en OYNB. 

Ir al pub pero a consumir bebidas no alcohólicas

"Hay estudios que muestran que hasta un 96% de la gente dice que ha bebido alguna vez una bebida alcohólica sin quererlo realmente. El 84% dice que ha sufrido bullying por parte de sus amigos al ver que no quería beber", según Fairbairns. Para estos casos también, la comunidad virtual que están construyendo en OYNB puede ser una respuesta. Juega el papel de esos otros amigos que no beben y con los que se está en contacto a través del teléfono para apoyar en situaciones que comprometen el desafío de dejar el alcohol

No obstante, Fairbairns y compañía no invitan a estar todo el día pendiente de esa pequeña pantalla o, en casa, delante del ordenador. "Nosotros recomendamos seguir yendo a los bares. Para mantener así activa la vida social. Recomendamos ir al pub, pero bebiendo bebidas no alcohólicas. Así se da cuenta uno de que no le hacía falta el alcohol para estar allí. Esto no va de beber, sino de tomar el control de los hábitos de uno", señala Fairbairns, antes de ponerse como ejemplo. "Yo hice dos años sin alcohol. Ahora bebo cuando quiero, lo que quiero, pero, en general, elijo no beber", asegura. 

Él es consciente de que, en una reunión familiar, cuando "la abuela hace su mejor receta y hay vino o cerveza por todas partes", lo normal es ceder a la presión social de ese momento. Pero beber en esa comida no es lo mismo que hacerlo durante prácticamente todo el día, tal y como parecen invitar las tradiciones gastronómicas de muchos países occidentales."En Europa creemos que tenemos una carta de libertad para beber un vaso o dos vasos de vino al día porque es bueno. Pero cualquiera que deje de beber va a ver su vida cambiar radicalmente. Es un hecho", concluye Fairbairns.