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Nadie se atreve a discutir hoy en día que fumar es malo para la salud. Sin embargo, el alcohol cuenta con una escasa percepción de riesgo en la sociedad a pesar de que está relacionado con más de 200 enfermedades, accidentes de tráfico y todo tipo de lesiones. De hecho, es la sustancia de abuso más consumida en España.

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Los últimos estudios indican cómo su consumo global ha aumentado de 5,9 litros de alcohol puro al año por adulto en 1990 a 6,5 litros en 2017, y se prevé que llegue a alcanzar los 7,6 litros en 2030. Es decir, ha pasado de una cerveza de 330 ml por adulto y día a una de 410 ml.

Es más, las estimaciones indican que dentro de 10 años la mitad de los adultos beberá alcohol, y casi una cuarta parte (23 %) beberá en exceso al menos una vez al mes. De ahí que los expertos pidan medidas políticas eficaces, que incluyan más impuestos, restricción de la disponibilidad y accesibilidad y prohibición de la publicidad.

¿Y cómo influye el entorno urbano en esta realidad? Para Xisca Sureda, profesora de la Universidad de Alcalá, las ciudades españolas tienen un problema con el alcohol que pasa desapercibido en muchos casos.

"Nuestras ciudades facilitan totalmente el consumo y ayudan a normalizarlo. Algunas áreas de las ciudades están totalmente expuestas a elementos urbanos relacionados con el alcohol. Podemos encontrarlo en cualquier momento y en cualquier lugar", afirma a Sinc.

Además, la industria del alcohol ejerce una fuerte presión y evade la legislación con otras estrategias para promocionar sus productos en la vía pública, entre ellas el patrocinio de eventos cómo conciertos, festivales musicales o eventos deportivos dirigidos a la población más joven.

"También habría que preguntarse cómo influye la industria de la hostelería, la industria del turismo y los intereses económicos y políticos en cómo se constituyen o cambian las ciudades en relación con el alcohol", añade la experta.

"La publicidad de bebidas alcohólicas es omnipresente hoy en día", subraya Manuel Franco, que trabaja con Sureda en esta línea de investigación.

Los investigadores han comenzado a estudiar la relación entre la turistificación y la forma en que esta puede condicionar la morfología de la ciudad en relación al alcohol. Publicado este año en la revista Adicciones, analiza en los barrios de Barcelona la presencia de alcohol en los espacios públicos.

Ciudades que se adaptan al alcohol

El equipo, con la ayuda de la Agencia de Salud Pública de la ciudad, identificó 306 establecimientos que ofrecían bebidas alcohólicas: 204 de venta y consumo y 102 de venta sin consumo, básicamente supermercados y comercio alimentario; y observó que los barrios más turísticos tienen una mayor disponibilidad y promoción de alcohol.

"Barcelona es una ciudad donde el turismo ha crecido mucho en los últimos años. Y existe el fenómeno del turismo de borrachera, jóvenes que visitan nuestras ciudades durante un fin de semana para emborracharse a precios mucho más bajos que los que tienen en sus países", expone Sureda.

De hecho, según los expertos las ciudades han cambiado para estar listas para este tipo de turismo porque forma parte de nuestra economía. Mejorar su regulación en los espacios públicos podría contribuir a cambiar su imagen social y disminuir su uso.

"La turistificación, la gentrificación y la segregación en las ciudades influyen también en el entorno del alcohol. Es importante entender la sociología urbana ya que aporta un valioso conocimiento nuevo sobre cómo se desarrollan las desigualdades en las urbes y cómo finalmente podremos intervenir", afirma Franco.

Otra de sus investigaciones, publicada en 2017, incluye el desarrollo de un instrumento para caracterizar el entorno urbano del alcohol en términos de disponibilidad, promoción y signos de consumo de alcohol.

"Este instrumento nos ha permitido cuantificar la disponibilidad, promoción y signos de consumo de alcohol en vía pública a los que estamos expuestos en nuestras ciudades. Todo ello nos puede ayudar en el diseño y la evaluación de las políticas para reducir los daños causados por esta sustancia", añade Sureda.

"Esa mayor disponibilidad, promoción y visibilidad del consumo de alcohol en una ciudad influyen en las normas sociales locales relacionadas, lo que convierte su consumo en una práctica más aceptable, especialmente entre las poblaciones más jóvenes", alerta.

Soluciones para un problema silenciado

El exceso de alcohol mata a más de tres millones de personas cada año en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Su consumo está totalmente normalizado y no se ve como un problema de salud.

Sin embargo, se ha demostrado que incluso aquellas cantidades que podrían tener un efecto positivo para el sistema cardiovascular podrían aumentar el riesgo de algunos tipos de cáncer.

"Estamos tan acostumbrados a estar expuestos al alcohol, a tener un bar en cada esquina o a ver anuncios sobre su consumo, que no lo percibimos cómo un problema, simplemente está incorporado cómo un elemento urbano más", indica Sureda.

Los expertos están de acuerdo en que no se hace nada más por razones económicas. "Somos un país productor de alcohol, y el sector hotelero y turístico es también un motor económico de nuestro país. Si se aplican políticas sólidas que regulen la exposición en las ciudades –incluida la prohibición de cualquier tipo de promoción o regular su disponibilidad–, dichos sectores estarían en contra", señala la investigadora.

Los expertos concluyen que, para solucionar este complejo problema, sería necesario revisar y fortalecer las políticas que regulan la disponibilidad, accesibilidad y promoción de alcohol en las ciudades; y que haya más investigación sobre cómo la exposición en nuestras ciudades se relaciona con el consumo y el impacto en la salud.

Y lo más importante, concluyen rotundamente tanto Sureda como Franco, para minimizar los graves efectos de este fenómeno, "no se debería tolerar ningún tipo de relación entre los gobiernos y la industria del alcohol".