Como se ve en numerosas películas de ciencia ficción, el ser humano está deseando ir más allá en la carrera espacial y traspasar las fronteras del Sistema Solar. Pero hasta que los hombres puedan poner un pie en planteas como Alpha Centauri tendrán que pasar muchos años y, sobre todo, muchas pruebas. Al igual que la perra Laika, que hace 60 años subía al Sputnik 2 a morir fuera de la Tierra en aras del avance de la ciencia, un animal será probablemente el primer ser vivo que se envíe al espacio interestelar. 

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En la conferencia anual del Programa de Conceptos Avanzados Innovadores de la NASA (NIAC), celebrada recientemente en Denver, el director del Programa Starlight de la Universidad de California en Santa Barbara (UCSB), Philip Lubin, desveló quiénes eran los candidatos ideales para ese primer viaje. 

El tardígrado ha resultado ganador en esta extraña quiniela, acompañado eso sí por los gusanos C. elegan como finalistas. Hay muchas características de este animal que explica por qué sería un astronauta ideal: el también llamado oso de agua es el único animal capaz de sobrevivir tras años sin agua, congelado o en el espacio exterior. 

Ni siquiera el agua hervida puede acabar con su vida, ni las presiones extremas ni el frío máximo. Además, son pequeñísimos -miden  entre 0,05 y 1,5 milímetros- y ya han estado en el espacio, aunque nunca han traspasado la hipotética nube de Oort, que marca los límites del Sistema Solar. 

El Programa Starlight propone utilizar fotones para empujar pequeños objetos hacia las estrellas vecinas a una velocidad cercana a la de la luz y esto implica el peligro de que lo que se mande se someta a altas temperaturas o bajas y la posibilidad. "Más allá de ser microscópicos y encajar en nuestro primer viaje interestelar, pueden congelarse y llegar a un estado de anhidrobiosis, lo que significa que pueden ser deshidratados y puestos en un estado de animación suspendida", escriben los responsables.