Un vídeo grabado durante el terremoto del 19 de septiembre en 2017 se ha hecho viral en las últimas horas. Se puede ver un fragmento de calle agrietada elevándose y contrayéndose con movimientos que recuerdan al pecho de una criatura que estuviese respirando agitadamente. Incluso cuando cesa el temblor, el fenómeno continúa produciéndose, obligando a los mexicanos que escapan a pasar cuidadosamente por encima o a rodearlo con estupor. 

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La grabación ha inspirado toda clase de interpretaciones new age sobre la angustia de una madre Tierra herida. Pero ciñéndonos a lo estrictamente físico, el fenómeno está relacionado con el suelo arcilloso e infiltrado de agua sobre el que se asienta Ciudad de México, erigida sobre las ruinas desecadas de los lagos sobre los que se extendía la capital lacustre azteca de Tenochtitlán.

Este terreno provoca que la ciudad se hunda gradualmente, y también que los terremotos se amplifiquen cuando las ondas sísmicas pasan del lecho rocoso del Valle de México al suelo blando de la cuenca húmeda. Pero provocan un efecto adicional: la licuefacción sísmica, en la que la tierra pierde su consistencia sólida por efecto de las ondas del terremoto para pasar a comportarse como un líquido.

"La licuefacción es lo que explica que algunos edificios se hayan caído completamente de lado cuando no hay daños aparentes en su estructura" - explicaba Mariano García Fernández, científico investigador del CSIC a EL ESPAÑOL. Como las olas en un líquido que tarda en recuperar la calma sobre su superficie, lo que estamos observando en el vídeo son los coletazos de las ondas a través del terreno licuado. La situación de "cubeta" del suelo, además, provoca que "la oscilación dure mucho tiempo", indica el geólogo.

Los efectos de licuefacción han podido observarse en otros terremotos, pero no se limitan en absoluto a eventos catastróficos. Pueden producirse cuando se urbaniza sin la cimentación pertinente sobre suelo arenoso inadecuado, y verse desencadenada por un microsismo. En ese caso, la explicación es mucho menos espiritual de lo que a algunos les gustaría.