La gamba Bathystylodactylus cf. bathyalis

La gamba Bathystylodactylus cf. bathyalis NOAA Office of Ocean Exploration and Research

Ecología Biodiversidad

La gamba que vivía a casi 5.000 metros de profundidad

Científicos estadounidenses graban por primera vez a una especie de este crustáceo a esta distancia del nivel del mar.

Las profundidades marinas no solo ocultan especies sorprendentes, a veces también sorprende la presencia en su lecho de ciertos animales que ya se conocían. Explorar el fondo del óceano supone un auténtico reto para los investigadores y aún quedan muchas incógnitas sobre los hábitats y comportamientos de las especies que allí habitan. Además, la mayoría de la información que se obtiene procede de especímenes muertos capturados por redes de arrastre.

Sin embargo, un grupo de investigadores estadounidenses ha logrado captar por primera vez en vídeo una gamba viva en el suelo marino a 4.826 metros de profundidad en el Monumento Nacional Marino Fosa de las Marianas, una zona del archipiélago de las Marianas en el Pacífico occidental, perteneciente a EE UU.

El vídeo de alta calidad, grabado durante la expedición Exploración de las Marianas que organiza la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés), muestra a una especie, perteneciente a la familia Stylodactylidae, que se había hallado anteriormente en el Mar de Coral.

La nueva observación, que se publica en la revista ZooKeys, ha permitido obtener por primera vez las imágenes de una gamba béntica habitante del fondo marino gracias al vehículo operado por control remoto Deep Discoverer. Los científicos incluso creen que han podido reconocer la especie, Bathystylodactylus bathyalis. Se trata del registro más profundo de este grupo de gambas.

Una observación vía telepresencia

El vehículo pasó unas cinco horas navegando en las profundidades entre nubes de partículas de barro sedimentadas. Así, desde la superficie, los científicos pudieron observar vía telepresencia la fauna marina a 4.800 metros de profundidad. Cuando el Deep Discoverer alcanzó los 4.826 m, en la pantalla apareció una diminuta gamba de 1,2 cm de largo.

En cuanto se percataron del animal, los investigadores movieron el robot para grabar más de cerca al crustáceo. Al principio este se mantuvo inmóvil resistiendo a la corriente marina durante unos minutos, y después elevó sus patas y empezó a usar las frontales para filtrar las partículas.

Según los científicos, este comportamiento de alimentación pasivo es conocido en cangrejos y hasta ahora no se había detectado en ninguno de los grupos de los carídeos, la infraorden de crustáceos a la que pertenece la especie observada.

El buque de NOAA Okeanos Explorer, equipado con el Deep Discoverer, volverá a surcar los mares en 2017 para seguir explorando los fondos marinos de áreas protegidas en el Pacífico central y occidental.