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Las claves

Marruecos continúa con su lucha contra la sequía y el control del agua y pone en marcha una potente reestructuración de su Plan Nacional del Agua para poner orden. El desbordamiento de presas y los daños severos en el noreste del país han obligado al Estado a cambiar de rumbo.

La nueva estrategia busca realizar una transición de una gestión de emergencia a una política de adaptación climática activa, capaz de soportar la creciente alternancia de fenómenos meteorológicos extremos.

Para responder a los daños inmediatos y blindar la infraestructura hidráulica, nuestro país vecino ha aprobado una inversión de urgencia de 3.000 millones de dírhams (que vienen a ser unos 330 millones).

Este fondo histórico se destinará prioritariamente a la reparación de los embalses dañados por las riadas, la limpieza de los sistemas de drenaje y la modernización de las canalizaciones en las zonas urbanas y agrícolas más vulnerables. El objetivo es convertir las presas en barreras de contención inteligentes frente a futuras avenidas de agua.

El nuevo plan de Marruecos

Más allá de las reparaciones urgentes, el núcleo del plan se centra en romper la dependencia histórica de las lluvias a través de la ciencia y la tecnología. Marruecos está acelerando la construcción de megaplantas desalinizadoras impulsadas por energías renovables en su litoral y la instalación de las llamadas "autopistas del agua".

Estas últimas son clave, puesto que funcionan como interconexiones masivas de cuencas para trasvasar los excedentes hídricos del norte hacia las regiones asfixiadas por la aridez en el sur del país, que está fuertemente azotado por la sequía y la falta de agua.

La ambición de este nuevo despliegue técnico queda respaldada por sus objetivos a medio plazo y el apoyo financiero internacional, como el reciente fondo de 348 millones de euros otorgado por la Unión Europea.

Con este impulso, el plan prevé una transformación radical del modelo de suministro: el Gobierno se ha fijado la meta de que el 60% del agua potable del país provenga de la desalinización para el año 2030, y también se quiere modernizar más del 55% de sus terrenos agrícolas con sistemas de riego inteligente de alta eficiencia.

Este giro estratégico, sin duda, posiciona a Marruecos como un laboratorio de resiliencia climática en el norte de África y un referente de adaptación para toda la cuenca mediterránea. El éxito de esta transformación redefinirá la seguridad hídrica y alimentaria del país y servirá para frenar la crisis climática, que no da tregua.