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Las claves

Ver a un gato redondo, tranquilo y dormilón puede parecer normal, incluso adorable. El problema es que esa imagen cotidiana esconde una alerta veterinaria cada vez más repetida: muchos gatos pesan más de lo recomendable.

PDSA recoge que los veterinarios estiman que el 43% de los gatos tiene sobrepeso u obesidad, una cifra muy cercana a la mitad.

Cornell University va incluso más lejos desde la práctica clínica. Carolyn McDaniel, veterinaria de la universidad, resume que probablemente el 50% de los gatos vistos hoy en clínicas veterinarias tienen sobrepeso, si no obesidad.

La parte delicada no es solo que haya muchos gatos con exceso de peso, sino que muchos dueños no lo reconocen. Un resumen del informe PAW señala que el 53% no sabe el peso actual de su gato.

Ese mismo informe añade otro dato clave: el 64% de propietarios no conoce el peso ideal de su gato y el 84% no sabe su puntuación de condición corporal, conocida como BCS.

El BCS es una herramienta veterinaria para valorar la grasa corporal del animal. No se basa solo en mirar la báscula, sino en observar y tocar costillas, cintura, abdomen, columna y depósitos de grasa.

El matiz importa porque un gato puede pesar poco en kilos absolutos y aun así tener sobrepeso para su tamaño. También puede ser grande sin estar obeso si conserva cintura, músculo y proporción corporal.

La percepción visual falla mucho. Un estudio publicado en Frontiers in Veterinary Science encontró que los dueños clasificaban con sobrepeso u obesidad al 25,7% de los gatos, mientras la evaluación veterinaria elevaba la cifra al 36,8%.

Esa diferencia apunta a una posible “normalización visual”. Si cada vez se ven más gatos redondos en casas, vídeos y redes sociales, un cuerpo demasiado ancho puede empezar a parecer simpático, normal o incluso saludable.

El pelo también engaña. En gatos de pelo largo, la grasa abdominal o la pérdida de cintura pueden quedar ocultas. Por eso los veterinarios recomiendan no limitarse a mirar, sino palpar suavemente las costillas.

Un gato con peso saludable debería permitir notar las costillas con facilidad, sin una capa gruesa de grasa. Desde arriba tendría que verse cierta cintura y, de lado, un abdomen sin caída pesada.

La bolsa primordial complica aún más la percepción. Ese pliegue natural bajo el abdomen no significa automáticamente sobrepeso. El problema aparece cuando se acompaña de grasa generalizada, pérdida de cintura y costillas difíciles de palpar.

La obesidad felina tampoco es estética. PDSA recuerda que aumenta el riesgo de problemas graves, incluidos diabetes y enfermedades urinarias. También puede reducir movilidad, dificultar el acicalamiento y empeorar la calidad de vida.

Los datos clásicos de Cornell ya apuntaban en esa dirección. Los gatos con sobrepeso tenían más riesgo de diabetes mellitus, cojera y enfermedades cutáneas no alérgicas que los gatos mantenidos en un peso óptimo.

La explicación tiene sentido. Un gato con exceso de grasa se mueve menos, salta peor y juega menos. Al moverse menos, gasta menos energía; al gastar menos, gana más peso y entra en un círculo difícil.

El estilo de vida interior también influye. Muchos gatos viven en pisos, comen pienso disponible todo el día y tienen pocos estímulos para cazar, trepar o jugar, una combinación perfecta para ganar peso poco a poco.

Las guías AAHA/AAFP recomiendan registrar peso, condición corporal y condición muscular en todas las etapas de la vida. Incluso sugieren fotografías desde arriba y de lado para reconocer cambios sutiles con el tiempo.

El mensaje práctico no es poner al gato a dieta por cuenta propia. Adelgazar demasiado rápido puede ser peligroso en felinos, así que lo recomendable es consultar al veterinario y ajustar raciones, alimento y actividad gradualmente.

La clave está en cambiar la mirada. Un gato con sobrepeso no es simplemente grande o tranquilo: puede tener más riesgo de diabetes, dolor articular, problemas urinarios, peor movilidad y menos bienestar diario. Por eso los veterinarios insisten tanto en la condición corporal.