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Las claves

Marruecos sabe que la próxima batalla agrícola no se librará solo en los embalses, sino en cada parcela. Tras años de sequía, acuíferos bajo presión y calor extremo, el riego moderno se ha convertido en una pieza central.

El dato que sostiene el Banco Mundial explica que el programa nacional marroquí busca modernizar el riego en aproximadamente esa superficie, incluidas 220.000 hectáreas de grandes perímetros irrigados.

Algunas informaciones sectoriales elevan la cifra a 555.000 hectáreas, pero la idea de fondo es la misma: sustituir sistemas tradicionales por tecnologías más eficientes, como el riego localizado, el goteo o la aspersión modernizada.

La clave está en que Marruecos no puede seguir gestionando el campo como si la lluvia fuera estable. La agricultura sigue muy expuesta a la escasez, mientras el país acelera desaladoras, trasvases, nuevas presas y restricciones a cultivos sedientos.

El programa no nace de la nada. El Banco Mundial apoya el Programa Nacional de Ahorro de Agua en Riego, conocido como PNEEI, desde 2008, con proyectos destinados a modernizar grandes zonas agrícolas y mejorar el servicio de agua.

Fertirrigación y sensores

El cambio técnico parece sencillo, pero implica una transformación enorme. Pasar del riego por gravedad al goteo significa controlar mejor cuándo, cuánto y dónde recibe agua la planta, llevando el recurso cerca de la raíz.

Esa modernización también permite fertirrigación, sensores, turnos programados, bombeo más ajustado y mejor gestión de cultivos de valor. No se trata solo de ahorrar agua, sino de cambiar la forma de producir en un clima más irregular.

El Banco Mundial lo plantea como respuesta directa a la escasez. Su análisis sobre riego resiliente en Marruecos señala que el programa busca mejorar la eficiencia del agua, apoyar tecnologías como el goteo y medir efectos sobre productividad.

La apuesta ya ha crecido más allá de la primera cifra. A finales de 2023, Marruecos había equipado 824.000 hectáreas con riego localizado, alrededor del 50% de la superficie regada, según medios agrícolas especializados.

El objetivo oficial es llegar al millón de hectáreas en 2030. Ese salto explica el titular: las 550.000 hectáreas funcionan como base de una política que quiere convertir el riego eficiente en norma, no excepción.

El contexto es urgente. Reuters recogió que Marruecos declaró en enero de 2026 el final de una sequía de siete años, después de un invierno lluvioso, pero con cosechas, ganado y reservas muy castigados.

El alivio de las lluvias no elimina el problema estructural. Marruecos afronta un ciclo del agua más irregular: años secos, lluvias concentradas, embalses que se recuperan de golpe y acuíferos que no se rellenan al mismo ritmo.

Por eso el riego moderno encaja con otras piezas de la estrategia nacional. El país quiere que el 60% de su agua potable proceda de desalación en 2030 y producir 1.700 millones de metros cúbicos anuales.

La desalación, sin embargo, no puede resolverlo todo. Reuters ha señalado que el agua desalada no se usará para cultivos como el trigo por su coste, aunque puede liberar recursos de embalses para zonas interiores.

Ahí entra el riego eficiente como pieza intermedia. Si el país reduce pérdidas en parcela y mejora la productividad del agua, puede sostener parte de su agricultura sin depender solo de más presas o desaladoras.

El problema es que el goteo tampoco es una solución mágica. La literatura científica advierte del efecto rebote: si el agua ahorrada permite ampliar superficie o plantar cultivos más sedientos, el consumo total puede no bajar.

Ese matiz es fundamental. Modernizar una parcela puede ahorrar agua allí, pero para ahorrar en una cuenca hace falta controlar extracciones, definir límites, vigilar acuíferos y evitar que la eficiencia se traduzca en expansión agrícola.

Marruecos ya conoce esa tensión. La modernización ha mejorado rendimientos y valor de algunas cosechas, pero también convive con cultivos de exportación, invernaderos y zonas donde los acuíferos acumulan años de sobreexplotación.

Por eso la estrategia necesita dos patas: tecnología y gobernanza. El goteo ayuda, pero no sustituye a planificación de cultivos, medición de consumos, regulación de pozos, reutilización de aguas residuales y protección subterránea.

La parte social también importa. Muchos pequeños agricultores no pueden asumir solos filtros, tuberías, programadores o bombeo. La Agencia de Desarrollo Agrícola contempla ayudas para riego localizado, con subvenciones que pueden alcanzar el 100% en proyectos colectivos.