Publicada
Las claves

El Gobierno de Marruecos ha invertido un total de 14,7 millones de euros en reforzar su programa de modificación artificial del tiempo, un proyecto denominado Al Ghait. Esta inyección económica busca multiplicar las intervenciones aéreas y terrestres para exprimir al máximo el potencial de las masas nubosas que cruzan el país.

Los resultados técnicos avalan el despliegue de esta tecnología. Según los informes de la Dirección de Meteorología Nacional de Marruecos, las operaciones de estimulación química han logrado incrementar las precipitaciones entre un 14% y un 17% en las regiones agrícolas más afectadas.

El éxito del procedimiento radica en la inyección de partículas de yoduro de plata y cloruro de sodio en nubes preexistentes, forzándolas a descargar un volumen de agua y nieve muy superior al que liberarían de forma natural.

A pesar de los datos positivos, la comunidad científica internacional insiste en que la siembra de nubes no es una solución milagrosa contra el cambio climático. Los expertos recuerdan que esta técnica no genera humedad de la nada, sino que depende estrictamente de la presencia de nubes con condiciones óptimas de viento y temperatura.

Giro importante en Marruecos

Debido a este proceso, el Estado marroquí compagina esta estrategia aérea con proyectos de infraestructura terrestre, tales como megaplantas de desalinización y autopistas fluviales para conectar cuencas.

La intensificación del programa también ha encendido, por otro lado, un debate geopolítico en la región del Mediterráneo occidental que no ha dejado indiferente a nadie.

Diversos colectivos agrarios y científicos en el sur de España miran con recelo estas prácticas, ante el temor de que la alteración artificial de las borrascas en el norte de África pueda restar humedad y lluvias a la península ibérica.

Aunque la Organización Meteorológica Mundial asegura que los efectos son puramente locales, la gestión del cielo se perfila como un nuevo reto diplomático bilateral que puede llevar a determinadas controversias en el futuro.

Con todo, y en corto, la apuesta de Marruecos por la tecnología climática marca un punto de inflexión en la gestión de recursos de la región, transformando la atmósfera en un campo de batalla activo contra la aridez.

El éxito a largo plazo de este proyecto dependerá de la capacidad del país para equilibrar la innovación científica con la sostenibilidad ambiental y la diplomacia transfronteriza. Marruecos, si lo consigue, puede posicionarse como un referente de adaptación para otras naciones, marcando un antes y un después en el control del clima.