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Las claves

Abrir la nevera por la noche y buscar algo para picar es una escena muy habitual.

Sin embargo, has cenado hace apenas un par de horas y no tienes el estómago vacío.

Aun así, sientes la necesidad de coger unas galletas, un trozo de chocolate o cualquier tentempié que te ayude a calmar ese impulso.

Muchos creen que se trata de falta de voluntad o simplemente gula, sin embargo, los psicólogos tienen claro que en la mayoría de los casos, detrás de ese picoteo nocturno se esconde la ansiedad.

Según aclaran los expertos de Mundo Psicólogos, la noche es uno de los momentos más delicados del día a nivel emocional.

Cuando terminan las obligaciones, el ruido y las distracciones, es normal que aparezcan las preocupaciones, el estrés acumulado o las emociones que hemos ido dejando para más tarde durante el día.

Y es justo en ese momento cuando la comida se convierte en una forma rápida de sentirnos mejor y encontrar algo de alivio.

El problema es que esa satisfacción suele durar muy poco y, lo que parece una solución momentánea puede acabar convirtiéndose en un hábito difícil de romper.

Tal y como detallan los especialistas, coger este hábito como rutina puede provocar consecuencias como aumento de peso, peor descanso o una sensación constante de cansancio al despertar.

Sin embargo, "para poder cambiar este hábito, es necesario entender por qué acudes a estas comidas para picar durante la noche", aclaran los expertos.

En algunos casos, la causa puede estar en una alimentación demasiado restrictiva durante el día. En otros, la comida actúa como refugio frente a emociones como la tristeza, la frustración o el estrés.

También resulta útil detectar los momentos en los que aparece esa necesidad de comer. "Una manera de identificarlo es intentando saber si esta hambre es real o es debido a una emoción", explican desde Mundo Psicólogos.

Una pauta sencilla consiste en beber un vaso de agua y esperar unos minutos. Si la sensación continúa, probablemente exista hambre física; si desaparece, puede tratarse de hambre emocional.

"La ansiedad y el estrés son las razones más comunes por las que las personas tienden a comer por la noche", aclaran.

Técnicas de relajación, paseos, lectura o unos minutos de meditación antes de acostarse pueden ayudar a reducir ese impulso.

Sin embargo, si esos atracones se convierten en algo frecuente o generan malestar, acudir a un profesional de la salud mental puede ser la mejor decisión.