P. G. Santos
Publicada
Las claves

En un mundo cada vez más envejecido, el aprendizaje juega un papel clave. Y es que, al contrario de lo que se pueda pensar, tener más años nunca debería ser sinónimo de una falta de conocimiento.

Así lo defiende el psiquiatra Javier Quintero, quien entiende que ser más mayores no implica renunciar al aprendizaje, sino adaptar el esfuerzo cognitivo a cada etapa de la vida.

El experto compara la evolución mental con el desarrollo físico y recuerda que, igual que el cuerpo alcanza su máximo rendimiento entre los 20 y 30 años, el cerebro vive su etapa más intensa de aprendizaje durante la juventud temprana.

En ese periodo, aproximadamente entre los 13 y los 25 años, la capacidad de adquirir conocimientos es extraordinaria, con una velocidad que el propio especialista califica de descomunal, aunque muchos no sean conscientes de esa ventaja en su momento.

No ejercitar la mente

Sin embargo, el psiquiatra advierte de que esa curva de aprendizaje se va aplanando con el paso del tiempo, lo que no significa que el cerebro deje de aprender, sino que exige más esfuerzo, constancia y estrategias adaptadas nuevas.

"A partir de los 50 años con no olvidar lo que sabemos está bien", sostiene Quintero en una entrevista concedida a Tiene Sentido Pódcast. Aun así, insiste en que no podemos dejar de aprender porque supone un riesgo para el funcionamiento cerebral y su capacidad de seguir generando conexiones.

El especialista subraya que el problema no es la edad en sí, sino la decisión individual de dejar de ejercitar la mente, del mismo modo que ocurre con el cuerpo cuando se abandona la actividad física progresivamente.

Quintero ilustra esta idea con una comparación clara: a los 25 años cuidarse físicamente resulta sencillo, mientras que a los 50 exige un esfuerzo considerable, una diferencia que también se traslada al ámbito del aprendizaje cognitivo de forma directa.

En edades más avanzadas, explica, aprender ya no es tan inmediato como en la juventud, por lo que se requieren técnicas adicionales como la repetición, la elaboración de esquemas o el repaso continuado para consolidar la información de manera adecuada.

A pesar de estas dificultades, el psiquiatra insiste en que el cerebro mantiene su capacidad de adaptación durante toda la vida, siempre que se le estimule adecuadamente, evitando caer en la inactividad intelectual que acelera el deterioro progresivo.

El concepto clave, señala, es la plasticidad cerebral, esa capacidad del cerebro para crear nuevas conexiones neuronales, que depende directamente del aprendizaje continuo y que comienza a disminuir cuando dejamos de enfrentarnos a nuevos retos intelectuales de forma constante.

Cuando se abandona el aprendizaje, advierte Quintero, el cerebro deja de generar nuevas conexiones y pierde esa "magia" que define su funcionamiento, lo que abre la puerta a un declive cognitivo más acusado con el paso del tiempo natural.

El especialista insiste en que la edad no debe ser una excusa para dejar de aprender, sino un motivo para cambiar la forma en la que se adquieren conocimientos y reforzar los hábitos intelectuales diarios de manera constante.