Hay una edad en la que se acumulan la presión laboral, los cuidados familiares y el balance entre lo imaginado y lo conseguido. Según se desprende de algunas encuestas, el bienestar suele tocar fondo al final de los 40.
El patrón se conoce como curva en U. La satisfacción vital desciende desde la juventud, alcanza un mínimo en la mediana edad y vuelve a crecer. La subida puede prolongarse más allá de los 70, aunque suele ser gradual.
La relación aparece en numerosos trabajos de psicología, economía y ciencias del comportamiento, pero no debe tomarse como una regla universal. El país, la generación estudiada y el método utilizado pueden alterar la forma de la curva.
Estas investigaciones tampoco miden el humor de una tarde concreta. Analizan la valoración general que cada persona hace de su vida, normalmente mediante encuestas realizadas a grandes grupos de población.
Uno de los trabajos que popularizó esta idea fue publicado en 2008 por David Blanchflower y Andrew Oswald en Social Science & Medicine. Los investigadores analizaron alrededor de 500.000 adultos de Estados Unidos y Europa occidental.
https://www.elespanol.com/ciencia/20260617/erica-komisar-psicologa-vida-objetivo-ganar-dinero-trabajar-tiempo-hijos/1003744286443_0.htmlTras tener en cuenta las diferencias entre generaciones, encontraron un patrón semejante en hombres y mujeres. Al comparar personas con ingresos, educación y situaciones familiares similares, el mínimo aparecía entre la mitad y el final de los 40.
Los autores concluyeron que la felicidad “alcanza su mínimo en la mediana edad”. El resultado también apareció en otros países, aunque su intensidad y el momento exacto del cambio variaban entre las muestras.
El psicólogo Arthur Stone y su equipo estudiaron después a 340.847 estadounidenses de entre 18 y 85 años. La satisfacción general, la felicidad y el disfrute mejoraban tras los 50, pero cada emoción seguía su propio recorrido.
El estrés y la ira disminuían antes, la preocupación permanecía elevada hasta la mediana edad y la tristeza apenas cambiaba. Sentirse satisfecho con la vida, feliz durante el día o libre de estrés no son medidas intercambiables.
Las encuestas describen mejor la forma de la curva que sus causas. Entre las hipótesis aparecen la presión económica, las responsabilidades familiares y la distancia entre aspiraciones y logros, sin que ninguna explique por sí sola el patrón.
También se ha planteado que muchas personas ajustan sus expectativas, regulan mejor sus emociones y prestan más atención a los vínculos significativos al envejecer. Los datos encajan con estas ideas, aunque aún no permiten confirmar que sean la causa.
El psicólogo Alexander Weiss y otros investigadores buscaron el mismo patrón en 508 chimpancés y orangutanes, evaluados por cuidadores que conocían su conducta, sus relaciones sociales y su estado cotidiano.
El análisis conjunto mostró una curva en U, aunque por separado solo una de las tres muestras alcanzó significación estadística. El resultado sugiere un posible componente biológico compartido, pero no demuestra la existencia de un reloj interno de la felicidad.
Los factores personales importan
En su síntesis final, el sociólogo David Bartram consideró que la curva no aparecía de forma clara en 14 de los 30 países analizados: en nueve encontró resultados contrarios y, en cinco, variables. Otros investigadores discutieron después esa interpretación.
Parte del debate está en los ajustes estadísticos. Comparar personas con condiciones semejantes ayuda a aislar la edad, pero puede apartar la viudedad, la jubilación, la enfermedad o la pérdida de ingresos.
Esas circunstancias forman parte de la vida real y pesan especialmente durante la vejez. Cuando se incorporan al análisis, el bienestar puede dejar de subir o incluso descender, sobre todo donde las redes de apoyo y protección social son más débiles.
El patrón también ha cambiado con el tiempo. Un artículo de David Blanchflower y Alex Bryson, publicado en 2025, analizó 21 países europeos desde 1973 y concluyó que la curva tradicional había desaparecido en los datos recientes.
En 13 de los 21 países, la satisfacción vital aumentaba con la edad desde etapas más tempranas. En seis países del sur europeo, entre ellos España y Portugal, descendía a lo largo de la vida adulta.
Los autores observaron que la satisfacción de los jóvenes del sur europeo mejoraba desde alrededor de 2015 y señalaron que la caída del desempleo juvenil pudo contribuir a ese cambio, aunque no lo explicaría por sí sola.
Por supuesto, al cumplir 70 años no se activa automáticamente un interruptor emocional. La recuperación descrita por los estudios clásicos es un promedio de grandes poblaciones; la salud, el trabajo, los vínculos y los recursos modifican el recorrido de cada persona.
Ese margen individual también obliga a no normalizar cualquier malestar como una simple fase de la edad. La tristeza persistente, la pérdida de interés o una ansiedad que dificulta la vida diaria justifican consultar a un profesional.
