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Las claves

Moverse más no solo cambia el cuerpo. También puede decir mucho sobre cómo envejece el cerebro. Esa es una de las pistas que dejan los superancianos, mayores de 80 años con una memoria comparable a personas décadas más jóvenes.

La idea procede del trabajo de Bryan Strange, director del Laboratorio de Neurociencia Clínica del Centro de Tecnología Biomédica de la Universidad Politécnica de Madrid. Sus investigaciones se centran en memoria, envejecimiento cerebral y resistencia cognitiva en edades avanzadas.

El dato que sostiene el titular viene de un estudio publicado en The Lancet Healthy Longevity. Los investigadores analizaron a 64 superancianos y 55 adultos mayores típicos dentro del Proyecto Vallecas, centrado en envejecimiento y alzhéimer.

El matiz es importante. Strange no habla de personas de 60 años en ese estudio, sino de mayores de 80 con memoria extraordinaria. Aun así, la conclusión encaja con una línea científica más amplia sobre actividad física y cognición.

La frase de Strange resume esa conexión entre cuerpo y cerebro: estar físicamente activo tiene beneficios “directos e indirectos” que pueden contribuir a mejorar las capacidades cognitivas en la vejez. La idea no es solo hacer deporte.

Más materia gris en regiones vinculadas a la memoria

Lo llamativo es que los superancianos no declaraban hacer más ejercicio que otros mayores. Sin embargo, se movían mejor y obtenían mejores resultados en pruebas de marcha, agilidad, equilibrio y movimiento fino de los dedos.

Esa diferencia abre una pregunta muy interesante. Puede que no hagan más deporte formal, pero sí actividades exigentes en su vida diaria. El propio Strange menciona ejemplos cotidianos como la jardinería o subir escaleras.

La investigación también encontró diferencias cerebrales. Las resonancias mostraron más materia gris en regiones vinculadas a la memoria y también en zonas relacionadas con el movimiento. Además, su materia gris se atrofiaba más despacio durante el seguimiento.

Eso convierte la movilidad en algo más que una cuestión muscular. Caminar rápido, levantarse con agilidad o coordinar los dedos puede reflejar un cerebro que conserva mejor redes motoras, circulación y capacidad para organizar respuestas complejas.

El estudio también identificó dos factores que ayudaban a distinguir a los superancianos: mayor velocidad de movimiento y mejor salud mental. Los participantes con memoria excepcional mostraban niveles más bajos de ansiedad y depresión.

Aunque este trabajo exige cierta prudencia. No está demostrado que moverse más convierta a una persona en superanciana. También podría ocurrir lo contrario: que un cerebro más sano permita conservar mejor la velocidad y la actividad física.

La razón es que el estudio es observacional, así que muestra asociaciones, no una causalidad cerrada. Aun así, ayuda a explicar por qué la medicina mira cada vez más la marcha como señal global.

La relación entre actividad física y cognición también aparece en revisiones más amplias. Una revisión publicada en JAMA Network Open asoció la actividad física con menor riesgo de deterioro cognitivo, aunque el efecto fue moderado.

El vínculo se entiende mejor si se mira la fisiología. Moverse ayuda al flujo sanguíneo, a la presión arterial, al control de glucosa y al sedentarismo. No es solo músculo: también son vasos, metabolismo y cerebro.

La pérdida de memoria no siempre empieza como un olvido evidente; a veces puede verse antes en lentitud o menor agilidad.