Muchos dueños creen que un gato puede pasar toda su vida dentro de casa sin necesidad de grandes estímulos. Sin embargo, los especialistas en comportamiento felino recuerdan que estos animales necesitan explorar, investigar y mantenerse mentalmente activos cada día.
El veterinario y etólogo Jaume Fatjó explica que gran parte del bienestar de un gato depende de las oportunidades que encuentre en su entorno. Aunque viva en un piso y nunca salga al exterior, sigue conservando los mismos instintos naturales.
Según el experto, los felinos dedican buena parte de su tiempo a actividades relacionadas con la exploración, la búsqueda de información mediante el olfato, la caza y el juego. Cuando estas necesidades no están cubiertas, pueden aparecer conductas problemáticas dentro del hogar.
Uno de los ejemplos más habituales tiene relación con el uso del arenero. Los gatos suelen elegir de forma espontánea los lugares que consideran adecuados para hacer sus necesidades, especialmente aquellos que les recuerdan a la tierra natural que encontrarían en exteriores.
Cuando la arena cambia, no les resulta agradable o la bandeja no está suficientemente limpia, muchos animales buscan alternativas. Sofás, camas o alfombras suelen convertirse en sustitutos porque ofrecen una textura cómoda y porosa que consideran aceptable.
Ambientes enriquecidos
Fatjó señala que numerosos gatos urbanos pasan toda su vida en espacios interiores. Esto no supone necesariamente un problema, pero obliga a las familias a enriquecer el ambiente para compensar la falta de experiencias que encontrarían fuera de casa.
Para lograrlo, recomienda crear zonas que fomenten la curiosidad y permitan al animal investigar. También es importante ofrecer actividades que impliquen movimiento, ya que los gatos suelen mostrar mucho más interés por objetos que se desplazan que por juguetes inmóviles.
Algunas conductas que los propietarios consideran molestas también tienen explicación. Las emboscadas a los tobillos o pantorrillas reproducen una secuencia de caza típica. El gato se esconde, espera, persigue, atrapa y finalmente se retira tras completar el juego.
El especialista advierte de que muchas veces las personas fomentan accidentalmente este comportamiento. Jugar con las manos o los pies enseña al animal que esas partes del cuerpo forman parte de la diversión, aumentando la intensidad de futuros ataques.
Otro elemento controvertido son los punteros láser. El problema, explica Fatjó, es que la secuencia de caza nunca termina con una captura real. Esa imposibilidad de atrapar el objetivo puede generar frustración en algunos animales especialmente motivados.
Aunque más del 80% de los gatos muestran interés por explorar cuando tienen ocasión, el experto recuerda que salir al exterior también implica riesgos. Por ello, insiste en que la clave está en convertir el hogar en un territorio rico, estimulante y lleno de oportunidades.
