Llegar a los 80 años con una memoria parecida a la de alguien décadas más joven no es lo habitual. Ese fenómeno, conocido como superenvejecimiento, acaba de dejar una pista inesperada: los superancianos también se mueven más rápido.
La conclusión procede de un estudio publicado en The Lancet Healthy Longevity y liderado por Marta Garo-Pascual, investigadora del Centro Alzheimer Fundación Reina Sofía y la Universidad Politécnica de Madrid, dentro del Proyecto Vallecas.
Los investigadores identificaron a 64 superancianos y los compararon con 55 adultos mayores típicos. Todos tenían al menos 79,5 años y fueron evaluados con pruebas de memoria.
Los superancianos rendían en memoria episódica como personas unos 30 años más jóvenes, siempre ajustando por nivel educativo. Es decir, no solo envejecían bien: mantenían una función muy poco frecuente en edades avanzadas.
La frase de Garo-Pascual resume el interés del hallazgo: estudiar el vínculo entre superenvejecimiento y velocidad de movimiento puede aportar “pistas importantes” sobre los mecanismos que preservan la memoria hasta edades muy avanzadas.
89 variables demográficas, clínicas y de estilo de vida
El matiz es importante. La idea de que una mejor salud cerebral puede explicar que los superancianos se muevan más aparece como hipótesis, no como causa demostrada. También podría ocurrir lo contrario: moverse mejor podría proteger el cerebro.
Lo llamativo es que los superancianos no declaraban hacer más ejercicio que el resto. Aun así, obtenían mejores resultados en movilidad, agilidad y equilibrio, incluido el test de levantarse y caminar y el golpeteo rápido con los dedos.
Eso convierte el estudio en algo más interesante que un simple consejo de actividad física. No dice solo que quienes se mueven más recuerdan mejor, sino que la memoria excepcional aparece asociada a un cuerpo más ágil.
El análisis con aprendizaje automático incluyó 89 variables demográficas, clínicas y de estilo de vida. Las dos señales que más ayudaban a distinguir a los superancianos fueron mayor velocidad de movimiento y mejor salud mental.
La explicación cerebral también pesa. Las resonancias mostraron más materia gris en regiones clave para la memoria, como el lóbulo temporal medial, pero también en el tálamo motor, una zona relacionada con el movimiento.
Además, el seguimiento longitudinal reveló que su materia gris se atrofiaba más despacio que la de otros mayores. Ese dato apunta a una resistencia biológica al envejecimiento cerebral, no solo a compensar pérdidas con esfuerzo.
El hallazgo encaja con una idea cada vez más repetida en neurociencia: cerebro y movimiento no envejecen por separado. Caminar, coordinar, mantener equilibrio y recordar dependen de redes nerviosas, circulación, metabolismo y salud muscular.
Por eso los cambios físicos importan tanto. Una persona mayor que se mueve más despacio no solo puede tener menos fuerza en las piernas; también puede mostrar menor reserva funcional o peor conexión entre cerebro y cuerpo.
El estudio no encontró diferencias claras en biomarcadores sanguíneos de demencia ni en el principal factor genético de riesgo de alzhéimer. Eso refuerza la hipótesis de una resistencia especial al deterioro relacionado con la edad.
Un trabajo posterior de Garo-Pascual y colaboradores añadió otra pieza: los superancianos también parecen resistir mejor los cambios típicos de la edad en la materia blanca, el sistema que comunica distintas regiones cerebrales.
