Morella, la localidad castellonense, es uno de los principales referentes del turismo cultural y patrimonial en España. Declarada Conjunto Histórico-Artístico, el enclave destaca a nivel internacional por el excepcional estado de conservación de su núcleo urbano medieval.
Este reconocimiento no solo protege su arquitectura tradicional, sino que impulsa la economía local atrayendo anualmente a miles de visitantes interesados en la historia y el legado monumental de la comarca de Els Ports.
El principal baluarte de la villa, como no podía ser de otro modo, es su imponente recinto amurallado, una fortificación que rodea totalmente el casco antiguo.
Con un perímetro de casi dos kilómetros de longitud, muros de hasta quince metros de altura y dos metros de grosor, esta estructura defensiva representa una obra cumbre de la arquitectura militar medieval de la Comunidad Valenciana.
La silueta urbana coronada por el emblemático castillo a más de mil metros de altitud, conforman una de las postales más reconocibles del patrimonio peninsular, ubicando a Morella además como una de las localidades medievales más destacadas.
Su gran muralla, la clave de todo
La muralla destaca por su imponente complejidad arquitectónica, articulada a través de dieciséis torres defensivas y siete portones de acceso. Estas entradas históricas, entre las que destacan el Portal de Sant Miquel y el de Sant Mateu, funcionaban originalmente como los únicos puntos de control e ingreso a la ciudad fortificada.
Hoy en día, estos elementos singulares se han integrado en el paisaje diario de los ciudadanos y sirven como puertas de entrada para la misma ciudad para uso cotidiano, aunque siguen siendo el pasaje para adentrarse en uno de los puntos más interesantes para el turismo arqueológico del país.
Pero, a pesar de la gran espectacularidad de Morella, la conservación de este legado, como no, exige un esfuerzo continuo en inversiones y proyectos de restauración por parte de las administraciones.
Las intervenciones arqueológicas periódicas en los lienzos y en las torres no solo garantizan la seguridad estructural del monumento, sino que permiten abrir nuevos espacios museísticos al público y así ir ampliando su oferta.
Con este tipo de intervenciones se garantiza la protección absoluta del patrimonio histórico del municipio, garantizando así que su atracción turística y cultural siga funcionando sin parar, pero lo malo es que exige de unos cuidados extremos y constantes para que hasta el más mínimo detalle de la muralla y todo su legado estén en el mejor estado posible.
