Se han convertido en un complemento casi invisible del día a día. En la oficina, frente al ordenador, en el móvil antes de dormir.
Las gafas con filtro de luz azul se venden como el nuevo imprescindible del bienestar digital.
Prometen menos fatiga visual, mejor descanso e incluso protección ocular a largo plazo, pero, son muchos los que se preguntan qué hay de cierto en todo esto.
El oftalmólogo Javier Hurtado explica a EL ESPAÑOL que "la luz azul produce fototoxicidad en estudios animales o en cultivos celulares, pero la retina tiene mecanismos suficientes para defenderse de ese daño", por lo que la realidad es que no son un complemento necesario.
El especialista detalla que "la falta de evidencia científica de las gafas se puede basar en que el ojo ya tiene sus propios filtros" para evitar ese daño, desmontando el mito extendido de los últimos años.
Sin embargo, es innegable que la luz azul está presente en todas las pantallas de los dispositivos con los que convivimos en el día a día. Una exposición que a muchos, al final, les acaba pasando factura.
Ojos rojos, dolores de cabeza o imposibilidad para descansar son algunas de las quejas que se escuchan de quienes utilizan esto a diario.
Y es que es cierto que, "la luz azul está implicada en el sueño y el ritmo circadiano a través de la regulación de la secreción de melatonina”, explica el experto, por eso se ha popularizado la teoría de que bloquearla puede ayudar a descansar mejor o proteger los ojos del uso continuado de dispositivos.
Sin embargo, la ciencia no respalda estas promesas. En la práctica, los estudios no han encontrado beneficios claros para personas sanas. "Las gafas con filtros para la luz azul no han demostrado beneficiar a la salud: no mejoran los síntomas de fatiga ocular al usar dispositivos digitales, no mejoran la calidad del sueño y no ofrecen más protección para la retina", señala Hurtado.
La lista de supuestos beneficios es larga en la publicidad, pero mucho más corta en la evidencia científica.
Tampoco hay pruebas de mejoras en la visión, la sensibilidad a la luz o la salud ocular general. Para el especialista, el problema no es solo la falta de eficacia, sino la expectativa que se crea alrededor del producto.
Es por ello, que Hurtado asegura que no se las recomendaría a ningún paciente, ni conoce a "ningún oftalmólogo que haga estas recomendaciones".
"Si se quiere gastar el dinero en eso, que se lo gaste. Es libre. Pero no le puedo decir que hay un respaldo científico detrás. Si está más cómodo con la gafa con filtro o con una luz roja en su casa, no se lo voy a impedir porque lo más que le puede pasar es que se gaste el dinero, que le afecte al estado de ánimo, que sea una incomodidad o que tenga dolor de cabeza", aclara respecto a los pacientes.
Y es que en un mercado donde lo 'healthy' se mezcla con lo estético, el experto concluye recordando que antes de seguir tendencias, conviene preguntarse si detrás hay ciencia… o solo una buena campaña de marketing.
