El pelaje de algunos gatos esconde mucha más información de la que parece a simple vista. Los felinos tricolores, conocidos también como calicó o carey, destacan por una combinación cromática muy llamativa que está estrechamente relacionada con su genética.
Según explica el veterinario Carlos Gutiérrez, detrás de los colores negro, naranja y blanco existe una particularidad genética que condiciona tanto el sexo de estos animales como algunas características que suelen asociarse a su comportamiento habitual.
Aunque muchas personas emplean los términos calicó, carey y tricolor como sinónimos, en realidad presentan diferencias visibles. Los gatos carey muestran los colores mezclados por todo el cuerpo, mientras que los calicó exhiben manchas claramente separadas y definidas.
La explicación se encuentra en los cromosomas sexuales. Los genes responsables de los colores negro y naranja están situados en el cromosoma X. Por su parte, el color blanco depende de otros genes distintos que actúan de manera independiente.
Esta circunstancia hace que las hembras tengan muchas más posibilidades de desarrollar un pelaje tricolor. Al contar con dos cromosomas X, pueden expresar simultáneamente los tonos negro y naranja, algo que resulta mucho más complicado en los machos.
Singularidad genética
Los gatos machos poseen un cromosoma X y otro Y, por lo que normalmente solo manifiestan uno de esos colores. Por este motivo, la presencia conjunta del negro y el naranja en un mismo ejemplar masculino constituye una rareza genética.
De acuerdo con Carlos Gutiérrez, únicamente alrededor del 3% de los gatos tricolores son machos. Cuando esto ocurre, suelen presentar síndrome de Klinefelter, una alteración genética caracterizada por la presencia de dos cromosomas X y uno Y.
Además de la singularidad de su pelaje, estos animales comparten otra característica importante. Los machos tricolores afectados por este síndrome son estériles, una consecuencia habitual de esta condición genética que los diferencia del resto de felinos.
El veterinario recuerda una experiencia ocurrida en su consulta que refleja perfectamente esta excepción. Al observar un gato tricolor acompañado de su propietaria, asumió que era una hembra, aunque posteriormente comprobó que se trataba de un macho.
Tras revisar el caso, se confirmó que el animal padecía síndrome de Klinefelter. Este tipo de situaciones son tan poco frecuentes que incluso profesionales acostumbrados a trabajar diariamente con gatos pueden sorprenderse cuando aparecen ejemplares masculinos tricolores.
Más allá de la genética, estos felinos también tienen fama de poseer un carácter complicado. Muchos veterinarios afirman que suelen mostrarse más independientes, desconfiados o difíciles de manejar durante las revisiones clínicas y otros procedimientos habituales.
Sin embargo, Carlos Gutiérrez subraya que cada gato es diferente. Aunque la genética puede influir en determinados rasgos, existen numerosos gatos tricolores tranquilos y cariñosos, demostrando que el comportamiento nunca depende exclusivamente del color del pelaje.
