Marruecos arranca otro drástico plan de choque para frenar el colapso de sus reservas hídricas tras encadenar más de seis años consecutivos de sequía extrema. En el marco de esta nueva estrategia nacional, el Ministerio del Interior ha impuesto restricciones severas al consumo no esencial en todo el país.
La medida más destacada prohíbe de forma estricta el llenado de piscinas públicas y privadas a más de una vez por año, obligando a los propietarios e instalaciones a adoptar una gestión circular del recurso para garantizar la continuidad de sus servicios.
Bajo la nueva normativa, cualquier labor de mantenimiento, limpieza o compensación de la evaporación en los estanques deberá realizarse obligatoriamente mediante sistemas internos de reciclaje y filtración de agua.
Esta restricción anula la posibilidad de vaciar y rellenar las instalaciones recreativas con agua de la red pública de manera discrecional. Además, las directrices estatales contemplan el cierre forzoso durante varios días a la semana de negocios de alto consumo, como los lavaderos de automóviles y los tradicionales baños públicos hammam.
Limitación al agua en Marruecos
El decreto gubernamental también prohíbe por completo el uso de agua potable para el riego de campos de golf, jardines públicos y por supuesto zonas verdes urbanas, forzando a los municipios a reutilizar exclusivamente aguas residuales debidamente tratadas.
De manera paralela, el país ha autorizado a los gobernadores locales a aplicar reducciones de presión en la red de suministro y cortes sectoriales programados en aquellas ciudades y comunidades donde los niveles de los embalses rocen mínimos históricos alarmantes.
Con todo, nuestro país vecino está revirtiendo la vulnerabilidad estructural ejecutando de manera simultánea una inversión multimillonaria en infraestructuras hidráulicas de emergencia, un verdadero punto clave en toda esta operativa.
La estrategia a largo plazo se sostiene sobre tres pilares fundamentales: la construcción de autopistas de agua para trasvasar caudales entre cuencas, la implementación de inteligencia artificial para maximizar el rendimiento del riego agrícola y un ambicioso plan de desalinización.
Este último, como hemos comentado en alguna ocasión, es desde luego su proyecto más ambicioso, puesto que el país africano aspira a que el 60% de su suministro de agua potable provenga directamente del océano para el año 2030.
Es desde luego una operativa compleja y costosa, pero si sale bien puede marcar el final de uno de los mayores problemas del país, poniendo así fin a un largo periodo de crisis extrema en lo que atañe al agua.
