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Las claves

Con la llegada del buen tiempo, suelen confluir varios factores que afectan especialmente a los propietarios de animales: paseos más largos, más escapadas al campo y ventanas abiertas.

Sin embargo, los veterinarios suelen realizar un recordatorio habitual también en esta época veraniega: tanto pulgas como garrapatas agradecen el buen tiempo tanto, o más, que los humanos. Y no es una simple impresión, sino que es biología.

La Ctenocephalides felis, la pulga más habitual en perros y gatos, potencia su supervivencia y reproducción en ambientes templados o cálidos. Dependen significativamente de la temperatura y humedad para depositar sus huevos y desarrollar sus larvas. Y el verano es la mejor época para acelerar más si cabe este ciclo de infestación.

De hecho, el Companion Animal Parasite Council nos recuerda que una hembra de pulga puede depositar hasta 40-50 huevos al día, y que su puesta empieza apenas 20-24 horas después de la primera ingesta de sangre.

Épocas de mayor riesgo

Asimismo, la evidencia más reciente también lo confirma; un estudio publicado durante el pasado año 2025 en Parasites & Vectors, realizado en Portugal con 1.052 perros y 1.039 gatos, detectó pulgas en un tercio de estos animales.

Para los perros en especial, el riesgo fue mayor en primavera, verano y otoño en comparación al invierno. Y su riesgo fue superior si cabe cuando no se usaban insecticidas, multiplicando por cinco el riesgo en perros y por cuatro el riesgo en gatos.

Por su parte, otro trabajo publicado en 2023 en Medical and Veterinary Entomology también observó que la infestación por pulgas varía con factores estacionales y del animal.

En perros y gatos, el riesgo fue especialmente alto en menores de un año. Asimismo, en España, una encuesta realizada en Andalucía occidental durante el pasado año 2024 sugirió que el problema asociado a las pulgas sigue siendo especialmente relevante en entornos mediterráneos.

De hecho, sabiendo esto, el mensaje es claro: si detectamos una pulga sobre nuestro animal de compañía, probablemente ya estamos llegando tarde.

Es más, el problema real no está sobre nuestro perro o gato, sino más bien sobre nuestro entorno, dado que alrededor del 95% de la población de pulgas en realidad se encuentra en forma de huevos, larvas y pupas en alfombras, camas, rendijas del suelo, sofás o demás textiles de nuestro hogar. Tratar al animal siempre será insuficiente.

Las pulgas no son solo una molestia estética, sino que producen una gran variedad de síntomas, como picor, dermatitis alérgica asociada a la picadura, pérdida de pelo, lesiones de rascado y, en infestaciones intensas, incluso anemia, especialmente en animales jóvenes o debilitados.

Además, pueden actuar como vectores de microorganismos patógenos, como es el caso de la transmisión de la Dipylidum caninum, conocida como la tenia del perro y el gato. Respecto a la forma de actuar, lo primero que debemos recordar es la necesidad de prevención.

No debemos esperar a ver pulgas, sino que se debe actuar desde antes de la potencial infestación, teniendo en cuenta la especie, edad, peso, enfermedades previas, convivencia con otros animales, viajes y exposición al exterior de nuestro animal de compañía.

De ahí la importancia de usar pipetas, comprimidos, collares y productos ambientales si está indicado en el caso de nuestra mascota. Por otro lado, si tenemos varios animales de compañía, se debe actuar de forma preventiva en todos al mismo tiempo, dado que la reinfestación y "contagio" es muy rápida y el ciclo debe detenerse de forma simultánea.

Además, se debe actuar también sobre el ambiente, aspirando nuestro hogar con frecuencia, lavando camas y mantas a temperatura adecuada y limpiando zonas de descanso, especialmente alfombras, sofás y rincones.

Para finalizar, conviene recordar que las pulgas no son un problema exclusivamente veraniego, sino más bien asociado a las temperaturas más cálidas: los inviernos suaves, la calefacción doméstica y los cambios de temperatura también favorecen el riesgo de infestación el resto de meses del año. Por tanto, debemos recordar que el buen tiempo no es el que produce las pulgas, pero sí facilita significativamente su trabajo.