La relación entre el sol y la salud sigue generando debate en redes sociales, donde proliferan mensajes que defienden exposiciones prolongadas sin protección. Sin embargo, los especialistas insisten en que disfrutar del exterior no implica ignorar los riesgos asociados a la radiación ultravioleta.
El dermatólogo Álex Docampo explica que el sol aporta beneficios importantes para el organismo, especialmente por su papel en la síntesis de vitamina D. Esta sustancia resulta esencial para numerosas funciones corporales y puede obtenerse mediante la exposición solar, la alimentación o suplementos.
No obstante, el experto advierte de que la forma de exponerse es tan importante como la propia exposición. Según señala, el estilo de vida actual favorece largos periodos en interiores seguidos de jornadas intensas bajo el sol durante vacaciones o fines de semana.
Ese patrón, lejos de ser beneficioso, incrementa el riesgo de quemaduras solares. Estas lesiones están relacionadas con la radiación ultravioleta B, responsable tanto de la producción de vitamina D como de daños celulares que, acumulados durante años, pueden favorecer la aparición de cáncer cutáneo.
Docampo destaca que las quemaduras intensas, especialmente durante la infancia, se asocian a un mayor riesgo de melanoma. Por ello, recomienda una exposición progresiva y adaptada a las características individuales de cada persona, especialmente al fototipo de piel.
Tomar el sol con cabeza
Las personas con piel clara necesitan menos tiempo de exposición para producir vitamina D y, al mismo tiempo, presentan una mayor susceptibilidad a sufrir quemaduras. También influyen otros factores como antecedentes personales de cáncer de piel o determinadas enfermedades fotosensibles.
Para gestionar estos riesgos, el dermatólogo aconseja consultar el índice ultravioleta disponible en numerosas aplicaciones móviles. Cuando el valor es inferior a tres, generalmente no resulta necesario utilizar protección solar, salvo en situaciones médicas concretas o de especial sensibilidad.
Cuando la radiación aumenta, la prioridad debe ser reducir la exposición mediante barreras físicas. Sombreros, gorras, ropa adecuada y la búsqueda de sombra constituyen las primeras medidas recomendadas para disminuir el impacto directo de los rayos solares sobre la piel.
El especialista recuerda además que la radiación ultravioleta A también contribuye al daño cutáneo. Aunque durante años se vinculó principalmente al envejecimiento prematuro, actualmente se sabe que también participa indirectamente en procesos relacionados con el desarrollo de determinados cánceres.
Respecto a los fotoprotectores, señala que no impiden necesariamente mantener niveles adecuados de vitamina D. Diversos estudios en condiciones reales muestran que las personas que usan protector continúan sintetizando esta vitamina gracias a pequeñas áreas corporales expuestas.
Por ello, propone una estrategia práctica para el día a día: priorizar especialmente la protección facial. La cara acumula gran parte de la exposición solar a lo largo de la vida y alberga zonas delicadas donde las intervenciones quirúrgicas pueden resultar complejas: "Ponte protector solar en la cara, no quieres tener un carcinoma basocelular cerca del párpado".
