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Las claves

Maderuelo, un espectacular Conjunto Histórico-Artístico, se erige, además de como una imponente gran fortaleza, como la puerta de entrada al Parque Natural de las Hoces del Río Riaza, un cañón calcáreo que alberga una de las mayores reservas ecológicas de la península ibérica.

La perfecta comunión entre el patrimonio edificado por el hombre y un entorno natural prácticamente virgen convierte a esta comarca en un destino prioritario para el turismo de naturaleza y la divulgación histórica durante los meses de primavera.

Desde una perspectiva más bien científica, el verdadero tesoro de las Hoces del Río Riaza radica en su condición de santuario faunístico ornitológico, un hito consolidado gracias al impulso pionero del naturalista Félix Rodríguez de la Fuente en los años 70 con la creación del Refugio de Rapaces de Montejo.

Las colosales paredes verticales y repisas de los acantilados calizos ofrecen las condiciones geomorfológicas perfectas para el aislamiento y la nidificación de las aves. El ecosistema funciona como un laboratorio de campo excepcional donde biólogos y ambientólogos de toda Europa estudian las dinámicas de población y el comportamiento de las grandes aves.

Un laboratorio natural

Como no podía ser otra manera, el protagonista indiscutible de estas investigaciones es el buitre leonado, especie que cuenta en este espacio protegido con una de las colonias de reproducción más densas e importantes de Europa, superando las 600 parejas censadas.

Debido a la vitalidad de este gran santuario para el futuro de la especie, científicos y otros profesionales del sector realizan de manera constante un seguimiento, con parámetros críticos para la supervivencia de la especie como las tasas de éxito reproductor, la variabilidad genética y el impacto de los factores climáticos en las crías.

Pero lo que de verdad ha ayudado a la protección de la especie es, sin duda, el marcaje de ejemplares con emisores GPS, que ha permitido monitorizar sus extensas rutas de forrajeo, aportando datos valiosos sobre cómo estas aves necrófagas aprovechan las corrientes térmicas para desplazarse cientos de kilómetros en busca de comida.

La relevancia científica del parque se extiende a su papel crucial como indicador de la salud ambiental de la región, porque la presencia de estas aves garantiza la eliminación biológica y segura de cadáveres en el campo, previniendo de esta manera la propagación de enfermedades.

Maderuelo, a fin de cuentas, protege a los buitres pero estos también se encargan de mantener a la comunidad más o menos protegida de ese tipo de infecciones que podrían acabar llegando a otras especies e incluso a los humanos.