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Las claves

Hay lugares que no necesitan exagerar su historia para llamar la atención. Puebla de Sanabria, en Zamora, reúne una villa medieval amurallada, un castillo del siglo XV, el mayor lago glaciar peninsular y uno de los grandes territorios del lobo.

La localidad se levanta en el noroeste de Castilla y León, cerca de Portugal, en una comarca donde el paisaje cambia rápido: piedra, agua, bosques, montañas suaves y pueblos con arquitectura tradicional muy reconocible por toda la zona.

El gran símbolo es el Castillo de los Condes de Benavente. La fortaleza fue construida en el último cuarto del siglo XV como castillo-palacio por Rodrigo Alonso Pimentel, cuarto conde de Benavente, según Turismo de Castilla y León.

Su presencia domina la parte alta del casco histórico. Desde fuera impone por torres, muros de granito y la torre del homenaje, conocida como “el Macho”; desde dentro explica la importancia de este enclave fronterizo.

El casco antiguo conserva calles empedradas, casas blasonadas, balconadas de madera y un perfil urbano que explica su declaración como Conjunto Histórico. No es solo bonito: guarda una lectura marcada por defensa, comercio y frontera.

El otro gran imán está a pocos kilómetros. El Parque Natural del Lago de Sanabria y Sierras Segundera y de Porto protege el mayor lago glaciar peninsular, además de valles, circos glaciares y más de veinte lagunas.

Sanabria no ofrece solo agua y senderos, sino un paisaje modelado por lenguas de hielo que excavaron la cubeta del lago durante el Pleistoceno Superior.

El dato no es menor: la Fundación Biodiversidad describe sus más de 65.000 hectáreas como el área con mayor densidad de lobo ibérico de la Península y la Unión Europea, una rareza ecológica decisiva para el turismo.

Ese vínculo se refuerza con el Centro del Lobo Ibérico de Castilla y León, situado en Robledo de Sanabria. El recurso ocupa 21 hectáreas y funciona como espacio educativo ligado a la conservación de la especie.

La escapada combina tres capas distintas: la Puebla medieval del castillo y las murallas, el paisaje glaciar del lago y la naturaleza salvaje de la Culebra. Pocos destinos interiores reúnen tantos argumentos tan cerca entre sí.

También ayuda su escala. Puebla de Sanabria se recorre sin prisa, subiendo hacia el castillo, atravesando calles empedradas y buscando miradores hacia el Tera. Después, el viaje se abre hacia lago, bosques y montaña cercana.

La mejor lectura del destino está en ese contraste. Por la mañana se camina entre piedra medieval; por la tarde, se llega al lago glaciar; y al día siguiente, aparece el territorio del lobo ibérico.