El envejecimiento no empieza solo con una arruga o con el cansancio después de un mal día. A menudo se nota en algo mucho más cotidiano: levantarse de una silla, caminar con seguridad, subir escaleras o moverse sin depender de otra persona.
Esa es la advertencia de Michael J. LaMonte, profesor investigador de Epidemiología y Salud Ambiental en la Universidad de Buffalo. Su nuevo estudio, publicado en JAMA Network Open, analiza el peso de la fuerza muscular en mujeres de entre 63 y 99 años.
El mensaje no va dirigido solo a personas mayores ni a quienes ya tienen problemas de movilidad. La pérdida de fuerza puede empezar mucho antes de que aparezca una limitación seria, primero como torpeza, después como menor velocidad y finalmente como dependencia.
LaMonte lo resume con una frase muy directa: “Cuando ya no podemos levantarnos de la silla y movernos, estamos en problemas”. El investigador recuerda que el músculo permite desplazar el cuerpo, sobre todo cuando hay que moverse contra la gravedad.
El estudio incluyó a 5.472 mujeres ambulantes, con una edad media de 78,7 años, y un seguimiento medio de 8,4 años. Durante ese periodo se registraron 1.964 muertes, lo que permitió analizar la relación entre fuerza y mortalidad.
La mortalidad fue un 12% menor
Los investigadores utilizaron dos pruebas sencillas: la fuerza de agarre con la mano dominante y el tiempo necesario para levantarse cinco veces de una silla sin ayuda de los brazos. No son gestos espectaculares, pero resumen funciones básicas.
Los resultados fueron claros. Las mujeres con mayor fuerza de agarre y las que completaban más rápido la prueba de levantarse de la silla presentaron menor riesgo de muerte, incluso tras ajustar por actividad física, sedentarismo, velocidad al caminar e inflamación.
La Universidad de Buffalo tradujo esos datos en cifras fáciles de entender: por cada 7 kilos adicionales de fuerza de agarre, la mortalidad fue un 12% menor de media. En la prueba de la silla, una mejora de seis segundos se asoció con una mortalidad un 4% menor.
La parte más interesante es que la asociación se mantenía incluso en mujeres que no cumplían las recomendaciones habituales de actividad física. Para LaMonte, ese punto refuerza la necesidad de incluir la fuerza muscular en los mensajes de salud pública.
La explicación es sencilla: sin fuerza suficiente para iniciar el movimiento, también resulta más difícil hacer ejercicio aeróbico. Caminar, una de las actividades más comunes en adultos mayores, exige antes poder levantarse, mantener el equilibrio y mover el cuerpo con seguridad.
Por eso la silla se convierte casi en un marcador de independencia. Levantarse sin apoyos varias veces seguidas exige piernas, coordinación, equilibrio, potencia y control corporal. No parece una prueba médica sofisticada, pero dice mucho sobre cómo envejece el cuerpo.
El estudio no afirma que la fuerza sea lo único que importa para vivir más. La longevidad depende de enfermedades previas, alimentación, sueño, salud cardiovascular, apoyo social y otros factores. Pero sí subraya que la fuerza funciona como indicador de resiliencia física.
Las recomendaciones oficiales van en la misma dirección. Los CDC aconsejan a los adultos realizar al menos dos días semanales de actividades de fortalecimiento muscular, además de 150 minutos de actividad física moderada o una combinación equivalente.
