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Las claves

Imagina que el verdadero culpable de que duermas mal no fuera el estrés sino la luz que te rodea cada noche.

Un elemento que suele pasar desapercibido para todos, pero que está "presente el 93% del tiempo" en nuestro día a día.

Está en el salón, en la cocina, en el móvil que se consulta antes de dormir y hasta en los pequeños despertares nocturnos.

Y aunque parece inofensiva, ya son muchos los expertos que aseguran que su impacto sobre el cuerpo humano es más profundo de lo que se percibe a simple vista.

El experto en salud lumínica Endika Montiel explica a EL ESPAÑOL que este exceso de luz en horarios nocturnos afecta directamente al equilibrio interno del organismo.

"Lo conocemos como una disrupción circadiana. La luz en la oscuridad es como ver el sol; activa el sistema nervioso y hace que el cortisol se eleve, junto con las catecolaminas y la adrenalina", aclara el especialista.

Este estado de activación, que en condiciones normales pertenece al día, se traslada a la noche sin que la persona lo perciba.

El resultado es un organismo que permanece en alerta cuando debería estar entrando en descanso profundo.

Con el tiempo, esta dinámica puede influir en la calidad del sueño, e incluso producir efectos como la sensación de fatiga al despertar.

Y es que tal y como añade Montiel, el problema es que esto no solo afecta al descanso inmediato, sino también a los procesos de recuperación del cuerpo.

"Uno de los efectos más relevantes de este proceso es su impacto en la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño, y es que esta solo aumenta en ausencia de luz. Sin embargo, si hay luz, la glándula pineal interpreta que es de día", aclara.

La melatonina actúa como una señal natural que indica al cuerpo que es momento de dormir.

Cuando la luz artificial interfiere, esta señal se debilita y el reloj biológico pierde precisión, lo que puede traducirse en despertares nocturnos o sueño poco reparador.

Para reducir este impacto, los especialistas recomiendan cambios sencillos en el entorno doméstico.

Según Montiel, el dormitorio es el primer espacio en el que se debe actuar, ya que funciona como el principal regulador del descanso.

"Empezaría por poner luz roja en el dormitorio. Tiene que ser un sitio donde vayas a descansar, no a activarte. Después, poco a poco, puedes crear ambientes de luz en otras zonas como el pasillo, el despacho, etc", detalla.

Sin embargo, hace hincapié en "el baño", asegurando que "es muy importante porque te levantas a las tres de la mañana, enciendes la luz y el impacto interno puede ser enorme. De repente le has dicho a tu cuerpo que ya es hora de despertar porque ha salido el sol".

Y es que, tal y como concluye Montiel, "en un mundo sobreestresado", e iluminado las 24 horas, "aprender a gestionar la luz" nocturna puede ser tan importante para dormir bien como cuidar la alimentación o reducir el estrés.