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Las claves

Cariño no es solo un pueblo marinero de las Rías Altas. Bajo sus acantilados, playas y carreteras costeras aparece una rareza geológica que convierte este rincón de A Coruña en una ventana directa al interior de la Tierra.

La clave está en el Complejo de Cabo Ortegal, un enclave ampliamente estudiado por la ciencia desde mediados del siglo XX. El geoparque lo presenta como un territorio donde la geología permite hacer casi un viaje al subsuelo profundo del planeta.

En Cabo Ortegal afloran rocas que normalmente permanecerían ocultas a decenas de kilómetros de profundidad, en zonas asociadas al manto superior y a la base de la corteza terrestre.

La UNESCO subraya esa singularidad al describir formaciones de alta presión como eclogitas, granulitas y gneises, además de afloramientos excepcionales de la discontinuidad de Mohorovičić, el límite geológico entre la corteza y el manto.

Ese dato explica por qué se habla de una de las ventanas geológicas más raras de Europa. No se trata de una playa bonita con piedras curiosas, sino de una costa donde la superficie muestra materiales formados en condiciones extremas.

Profundidades hace casi 400 millones de años

La historia que cuentan esas rocas es casi continental. Según la UNESCO, emergieron desde grandes profundidades hace casi 400 millones de años, dentro de los procesos tectónicos que acabaron relacionados con la formación del supercontinente Pangea.

El resultado es un paisaje difícil de encontrar: una villa junto al mar rodeada por acantilados, islotes, playas y rocas que no deberían estar tan a la vista. En pocos kilómetros, Cariño mezcla puerto, Atlántico y geología profunda.

El reconocimiento internacional llegó en 2023, cuando Cabo Ortegal fue incorporado a la red de Geoparques Mundiales de la UNESCO. El espacio abarca unos 799 kilómetros cuadrados entre superficie terrestre y frente marítimo litoral.

El geoparque comprende siete municipios coruñeses: Cariño, Cedeira, Cerdido, Moeche, San Sadurniño, Ortigueira y Valdoviño. Esa dimensión permite leer Cabo Ortegal como un territorio amplio, no como un único mirador aislado frente al mar.

La percha científica se refuerza con los macizos de rocas ultramáficas. El IGME destaca áreas como O Limo, Herbeira y Ouzal, formadas por peridotitas y piroxenitas con distintos grados de serpentinización y bandeado magmático excepcional.

Cariño, además, no vive de espaldas a ese paisaje. En su núcleo urbano están las playas de A Concha y A Basteira, un arenal en forma de arco de kilómetro y medio, dividido en dos partes por un espigón.

Esa mezcla es lo que hace tan potente la escapada. Se puede empezar en el paseo marítimo, seguir por el puerto y terminar en Cabo Ortegal, donde los acantilados convierten la geología en una experiencia visible.