P. G. Santos
Publicada
Las claves

La dificultad para concentrarse se ha convertido en una de las quejas más frecuentes de nuestro tiempo. Entre notificaciones constantes, jornadas fragmentadas y una sobreexposición permanente a estímulos digitales, mantener el foco durante varios minutos seguidos parece una tarea cada vez más complicada.

Ante este escenario, el psicólogo Tomás Navarro propone una solución sorprendentemente sencilla. Lejos de recurrir a complejas técnicas de productividad o a largas sesiones de entrenamiento mental, defiende un ejercicio cotidiano capaz de activar la atención de manera prácticamente inmediata.

La clave consiste en romper deliberadamente la rutina. Navarro recomienda realizar una actividad habitual utilizando una dinámica diferente a la acostumbrada. Un ejemplo sencillo es cepillarse los dientes con la mano no dominante, una acción aparentemente insignificante que obliga al cerebro a salir del piloto automático.

Cuando una tarea cotidiana deja de ejecutarse de forma mecánica, la mente debe implicarse activamente en cada movimiento. Es necesario coordinar, corregir errores, supervisar gestos y prestar atención a detalles que normalmente pasan desapercibidos durante la realización de actividades repetitivas.

No actuar por inercia

Según explica el psicólogo, este cambio de patrón genera una respuesta inmediata en la capacidad atencional. La persona deja de actuar por inercia y se ve obligada a concentrarse en lo que está haciendo, aumentando de manera notable su nivel de presencia mental.

El especialista asegura además que la práctica tiene un efecto especialmente intenso sobre la estimulación cerebral. Diferentes áreas del cerebro participan simultáneamente para adaptarse a la nueva situación, generando una activación neuronal muy superior a la que producen las conductas automatizadas.

Esta respuesta está relacionada con un fenómeno ampliamente estudiado por la neurociencia: la plasticidad cerebral. El cerebro mantiene la capacidad de reorganizar conexiones neuronales y adaptarse a nuevos desafíos, especialmente cuando se enfrenta a experiencias distintas de las habituales.

Lo relevante, según Navarro, es que el beneficio no se limita al momento concreto del ejercicio. La activación previa de los mecanismos atencionales puede facilitar posteriormente tareas que exigen concentración sostenida, como estudiar, redactar documentos complejos o resolver problemas profesionales.

La propuesta adquiere especial interés en una época marcada por la fragmentación constante de la atención. Diversos expertos alertan de que la exposición continua a estímulos rápidos dificulta mantener el foco durante periodos prolongados y favorece una sensación persistente de dispersión.

Frente a esa realidad, el psicólogo insiste en una idea fundamental: la atención no aparece de manera espontánea. Del mismo modo que se fortalecen los músculos mediante el ejercicio físico, la capacidad de concentración también puede entrenarse mediante prácticas específicas y repetidas.

La virtud de este método radica precisamente en su accesibilidad. No requiere dispositivos, aplicaciones ni conocimientos especializados. Basta con modificar temporalmente la forma de realizar una acción rutinaria para obligar al cerebro a trabajar desde una perspectiva completamente distinta.

En un contexto donde abundan las soluciones complejas para problemas cotidianos, la propuesta de Navarro recuerda una verdad elemental: pequeñas alteraciones en los hábitos diarios pueden convertirse en herramientas eficaces para recuperar una capacidad cada vez más valiosa.