J. Rodríguez
Publicada
Las claves

Conversar con un gato mientras se le acaricia o se comparte tiempo con él es una escena habitual en muchos hogares. Lejos de ser una simple costumbre afectuosa, la psicología señala que este comportamiento puede aportar beneficios emocionales relevantes.

El psicólogo especializado en inteligencia emocional Marc Rodríguez explica a ¡Hola! que hablar con perros y gatos favorece la regulación emocional. Poner en palabras pensamientos, preocupaciones o planes cotidianos ayuda a ordenar la mente y genera una sensación de mayor calma.

Según el experto, este hábito también fortalece el vínculo con los animales. Al dirigirse a ellos con un tono cariñoso, las personas experimentan una conexión emocional más intensa que contribuye al bienestar y a la sensación de compañía.

Uno de los mecanismos implicados es el aumento de la oxitocina, una hormona relacionada con el afecto y los vínculos sociales. Las caricias, la mirada compartida y la comunicación amable favorecen estados emocionales asociados a la tranquilidad y la seguridad.

Además, hablar con una mascota puede servir para estructurar el día a día. Expresiones como anunciar la hora de la comida o del juego ayudan a organizar rutinas, algo que también aporta estabilidad emocional a muchas personas.

Cuidado con humanizarlos

Sin embargo, los especialistas advierten de que existe una diferencia importante entre mostrar afecto y humanizar en exceso a los animales. Atribuirles pensamientos, motivaciones o comportamientos propios de los seres humanos puede generar problemas en la relación.

Rodríguez señala que la situación se vuelve preocupante cuando una mascota sustituye por completo las relaciones sociales o cuando se proyectan sobre ella conflictos personales. En esos casos conviene revisar el equilibrio emocional y ampliar los vínculos humanos.

Los animales tampoco interpretan el lenguaje de la misma forma que las personas. Aunque pueden aprender determinadas palabras, responden principalmente al tono de voz, al ritmo del habla y a las señales corporales que acompañan cada mensaje.

Por ello, los expertos recomiendan mantener dos formas de comunicación diferenciadas. Por un lado, una interacción afectuosa basada en palabras suaves y momentos de cariño. Por otro, órdenes sencillas, coherentes y repetidas siempre de la misma manera.

También resulta fundamental respetar la naturaleza de cada especie. Ignorar sus necesidades, sobreprotegerlos o utilizar la comida para compensar emociones humanas puede perjudicar tanto su salud física como su bienestar psicológico.

Los psicólogos concluyen que hablar con un gato o un perro suele ser una práctica saludable. Siempre que exista coherencia, límites claros y una vida social equilibrada, esta costumbre puede reducir el estrés, reforzar el vínculo afectivo y mejorar la convivencia.